El Mundial de fútbol es mucho más que una cita con el deporte o un espectáculo que se vive con pasión un mes cada cuatro años. Es un gran escenario en donde asoman lo mejor y lo peor de las diferentes culturas, o del cruce de culturas. Esta edición 2026, por la cantidad de jugadores no nacidos en los países que representan o fruto de la movilidad humana, podría presentarse como el Mundial de las migraciones. Claro que también asoman, como reacción a esa diversidad, la xenofobia y el racismo. Se suma a ese contraste la política de Estados Unidos, país anfitrión, que niega el ingreso y deporta a personas según su país de origen. Eso sufrió desde un árbitro somalí designado por la FIFA (Omar Abdulkadir Artan) a familiares de jugadores que no pudieron cruzar la frontera del país de la libertad.
“Mientras este torneo 2026 exhibe la diversidad de un fútbol cada vez más global, las políticas migratorias restrictivas continúan afectando a millones de personas en todo el mundo”, definió el Grupo de Estudios sobre Migraciones Internacionales (Migres) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
Mariana García, politóloga, investigadora y referente de Migres, desarrolló ese contraste:
“La migración es un impulso humano, tan presente en nosotros como el impulso gregario. Las ideas de asentarse en un espacio geográfico y armar una vida social, y la de moverse nos constituye como especie. La movilidad humana es un derecho inalienable de la persona, regulado por estados modernos y el sistema internacional. En el contexto actual, es un asunto internacional y es visto como un problema a combatir por el poder. El migrante aparece como una amenaza a la seguridad”.
“El fútbol es un deporte hermoso y un gran negocio. El Mundial también es un hecho político con mucho peso económico y social. Pero el fútbol exhibe la existencia de la migración y del colonialismo, principalmente europeo con sus tremendas consecuencias económicas y sociales sobre lo que en algún momento se denominó tercer mundo”, afirmó a Rosario3 la docente y magíster en Política para las Migraciones Internacionales.
Para García, en medio de los goles y los festejos atados a la pelota, surge una “paradoja”. “Mientras la presencia migrante en los equipos se celebra por la diversión, el negocio, el éxito deportivo, estamos asistiendo a un mundo cada vez más cerrado, re-nacionalizado, como dice Saskia Sassen (socióloga y escritora neerlandesa). Un mundo que condena al genocidio a quienes deciden tener una mejor vida, huir de persecuciones, guerras y desastres. La libre circulación de personas prometida por la globalización y el liberalismo nunca existió y hoy se dice desembozadamente. Se exhibe el racismo, el odio y la discriminación como méritos”, argumentó.
“Selección africana” y “recambio poblacional”: ejemplos recientes
El asesor presidencial y líder de uno de los grupos libertarios que conforman el gobierno, Santiago Caputo, escribió en la red social X apenas Brasil quedó eliminado por Noruega: “Qué piedra se volvió ser negro. Es culpa de Hollywood. Las advertencias fueron debidamente presentadas”. La negritud como algo negativo, como un castigo. Vinicius y Neymar eliminados por Erling Haaland y los vikingos rubios no porque unos erraron un penal y los otros acertaron en la definición, sino como un destino por el color de piel.
Que piedra se volvió ser negro. Es culpa de Hollywood. Las advertencias fueron debidamente presentadas.— Santi C. (@slcaputo) July 5, 2026
Algo similar plantearon el canal de streaming Carajo y el Gordo Dan, otros referentes de la batalla cultural de la extrema derecha en el poder, después de la eliminación de Alemania. Culparon por la caída deportiva al "recambio poblacional" que "arruinó a su Selección Nacional". Publicaron el mensaje junto a una imagen en donde los jugadores antes eran "blancos y campeones" y, ahora, con mayor mixtura, eliminados de forma rápida.
No son solo comentarios sueltos o chistes de mal gusto. La pirámide del odio se construye desde abajo: empieza con los estereotipos o construcciones negativas, sigue con actos de prejuicio, discursos de odio y puede derivar en delitos graves. Además, en estos casos, se trata de voceros ligados al gobierno argentino. Sin embargo, no llegan a sostener una teoría (la superioridad de una raza) de forma convincente. Son los mismos que apuntan contra los jugadores de Francia pero por el efecto contrario. Ese combinado europeo se convirtió en una potencia futbolística con migrantes o hijos de africanos y árabes. La máxima estrella, Kylian Mbappé, nació en París. Su padre es un camerunés de origen nigeriano y su madre, francesa de ascendencia argelina, igual que, por ejemplo, Zinedine Zidane, otro ídolo y futuro técnico nacional.
En ese caso, la descalificación viene por otro lado. La vicegobernadora de Mendoza, Hebe Casado, felicitó este fin de semana a Paraguay por su partido ante Francia y después agregó: "El equipo africano flojo de modales. No lo aguanto a Mbappé". La funcionaria del gobierno radical de Alfredo Cornejo militó en el PRO y luego saltó a La Libertad Avanza (LLA).
Muy bien Paraguay. El equipo africano flojo de modales. No lo aguanto a Mbappe.— Hebe Casado (@hebesil) July 4, 2026
Se trata del mismo concepto que instaló décadas atrás el líder del xenófobo Frente Nacional francés, Jean Marie Le Pen, cuando empezó a denostar a su selección como “artificial”, “africana” y a reivindicar a las anteriores con “franceses de pura cepa”. En las elecciones de 2024, Mbappé fue uno de los deportistas que se manifestó en contra de la extrema derecha en su país. Fútbol y política se volvieron inseparables.
¿En qué selección deberían estar los jugadores con apellidos como Messi, Fernández o Álvarez?, ¿en Italia y España?, ¿cuánto tiempo debería pasar según esos criterios para poder adoptar una nacionalidad: dos años de residencia legal o deberían ser diez o tres generaciones?
“El tema es que la migración es un hecho político y social total, como dice Abdelmalek Sayad (sociólogo argelino). A todos, desde nuestros ancestros hasta las futuras generaciones, nos atraviesa con una riqueza cultural, política y humana”, aseguró Mariana García.
Sobre ese vínculo entre mundiales y migración, y como puede influir en la política, agregó: “Podríamos tomar ejemplos como los exiliados argentinos durante la dictadura que debatieron en 1978 y que finalmente sirvió, junto a las luchas de las Madres de plaza de Mayo, para mostrar los horrores del genocidio. También jugadores holandeses que denunciaron eso. El Mundial podría ser una vidriera para exhibir valores y mostrar injusticias”.
Uno de cada cuatro
En esta Copa del Mundo, 289 de los 1.248 jugadores inscriptos nacieron en un país distinto al que representan. Es un 23 por ciento, casi uno de cada cuatro. Si bien no es un fenómeno nuevo, sí se potenció en los últimos años. En Rusia 2018 hubo apenas un 11 por ciento de futbolistas extranjeros. En ocho años, la cifra más que se duplicó, según los datos que fueron difundidos por El Gráfico y TyC Sports.
A las corrientes migratorias que se profundizaron en las últimas décadas, se suma la profesionalización de las áreas de scouting que se dedican a buscar descendientes de migrantes. También que, al haber más selecciones clasificadas a esta edición, surgieron casos como el de Curazao, debutante, con 25 de sus 26 convocados nacidos fuera de su isla. Algo similar ocurrió con Cabo Verde (14 de 26), que fue rival de Argentina y que tiene una vinculación “antiquísima y solidaria” con este país, como publicó Rosario3 en la previa al duelo.
En Argentina, está el caso de Nicolás Paz: nació en Santa Cruz de Tenerife, España, y se crió en ese país. Incluso habla con tonada española, pero eligió la celeste y blanca por sus raíces familiares: su padre es el exfutbolista argentino Pablo Paz.
“Sus historias muestran cómo las migraciones forman parte de nuestras sociedades. Sin embargo, la movilidad humana sigue siendo objeto de persecuciones, controles, exclusiones y discursos estigmatizantes”, señalaron desde el grupo de estudio Migres en un posteo en redes.
“El escenario de quienes miran sin ser vistos”
Robenson “Robby” Glesile es un migrante haitiano que vive en Rosario desde 2012 y fue testigo de cómo su selección volvió a un Mundial después de 52 años (había disputado Alemania 1974). Contó a Rosario3 que la participación en la fiesta del fútbol fue “especial”.
“Me dio alegría ver a mi pueblo feliz a pesar de las dificultades cotidianas. Este es mi cuarta copa en Argentina, pude responder esta vez con una sonrisa que Haití participó. La selección nos dio felicidad y orgullo; los jugadores (16 de los 26 convocados no nacieron en Haití) pusieron al país en el mapa de manera positiva”, afirmó el autor del libro Papiyon Nwa (Mariposa negra).
“La diáspora haitiana alrededor del mundo, sobre todo los que están en Estados Unidos, dijeron presente. Me sorprendió mucho ver la cantidad de haitianos que respondieron en los tres partidos”, agregó. El profesor de francés, escritor y activista antirracista consideró que “pese a la situación de violencia que sufre gran parte de la población, la fiesta fue increíble”.
“Las redes sociales se llenaron de videos de la gente en la calle bailando y gritando los dos goles que marcamos contra Marruecos. En medio de los festejos en Haití y en la diáspora, la gente dejó mensajes para los dirigentes del país: «No podemos seguir viviendo así». Los jugadores se sumaron también al lema: «Debloke peyi a» (libera o desbloquea el país)”, agregó.
Robby Glesile aclaró que, más allá de la alegría y el orgullo, esta competencia "no debe tapar la situación de los migrantes haitianos en Estados Unidos”.
“Haití –continuó– está en la lista roja de los países que no están habilitados para solicitar visa para Estados Unidos. Mientras gritamos los goles, allá cierran las fronteras con mano dura y hay personas que viven con el miedo de ser deportadas en cualquier momento. Este mundial también es el escenario de quienes miran sin ser vistos”.
El minuto de silencio
Ese contraste, de quienes son admitidos a un país solo para participar del show del fútbol pero expulsados si quieren quedarse a trabajar y a vivir, tuvo su pico de hipocresía el pasado miércoles 24 de junio. Ese día, Estados Unidos deportó a un grupo de venezolanos.
El vuelo operado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) trasladó a 146 hombres, mujeres y niños desde Miami hasta el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, en el estado de La Guaira, y luego a un hotel.
Una hora después del arribo, se produjeron dos fuertes terremotos con epicentro en esa localidad. La mayoría de los deportados fueron incluidos entre las víctimas o desaparecidos de la tragedia. Un recuento inicial informal, basado en testimonios de sobrevivientes, indicó que solo se salvaron doce personas de los 146 expulsados por Donald Trump, informó la BBC.
Al otro día, antes de los partidos del Mundial, la ceremonia del minuto de silencio por las víctimas del terremoto se realizó en los estadios norteamericanos por respeto y solidaridad.



