Científicos de Caltech y la Universidad de Arizona, Estados Unidos, usaron una innovadora técnica de "tomografía de mareas" para mapear el interior marciano. Hallaron que el manto austral no solo está hasta 750°F más caliente, sino que podría seguir parcialmente derretido, un descubrimiento que reescribe lo que sabemos sobre su volcanismo, su magnetismo y su potencial habitabilidad.
Marte no es solo un planeta dividido por fuera, también lo está por dentro. Y la diferencia es extrema. Un equipo liderado por Alexander Berne, anteriormente del Caltech y ahora en la Universidad de Arizona, descubrió que en las profundidades del hemisferio sur de Marte la temperatura es entre 200 y 400 grados Celsius —390 a 750 grados Fahrenheit— más cálida que en el hemisferio norte. Tan caliente, que parte de su manto aún podría estar fundido.
"Los científicos suelen asumir que el interior de los cuerpos planetarios es generalmente simétrico esféricamente, pero esto no es necesariamente cierto", declaró Berne, autor principal del estudio publicado en la revista especializada Nature.
La famosa dicotomía marciana es conocida desde hace décadas: el norte son llanuras bajas y lisas, que podrían haber albergado un antiguo océano, mientras que el sur son tierras altas, escarpadas y craterizadas, con una corteza en promedio 25 kilómetros más gruesa. Hasta ahora, se pensaba que esa diferencia era solo superficial. Esta investigación demuestra que llega hasta el manto.
Running up that hill!
Today, NASA’s Curiosity rover reached the pinnacle — so far — of its 14-year mission on Mars, when it marked an elevation gain of 1 kilometer in its ongoing journey from Gale Crater up the slope of Mount Sharp. 1/2 pic.twitter.com/wZHUrz2PZR— NASA Mars (@NASAMars) August 27, 2026
Cómo pesaron el interior de Marte
Para llegar a esta conclusión, Berne y su equipo no necesitaron una nueva misión. Revisaron datos de archivo de tres orbitadores de la Nasa: Mars Global Surveyor, Mars Odyssey y Mars Reconnaissance Orbiter.
Analizaron cambios minúsculos en la velocidad orbital de las naves, imperceptibles para el ojo humano pero que delatan variaciones en el campo gravitatorio del planeta. Aplicaron una técnica creada por el propio Berne llamada "tomografía de mareas", que considera también cómo el Sol estira gravitacionalmente a Marte a lo largo de su órbita elíptica.
Si el interior de Marte fuera perfectamente simétrico, como asumen la mayoría de los modelos, esos cambios gravitatorios deberían ser uniformes. No lo fueron. La única forma de explicar la anomalía es con un hemisferio sur mucho más caliente y menos denso.
El hallazgo encaja con dos misterios que dejó la misión InSight de la Nasa, finalizada en 2022. Su sismómetro había detectado que las ondas sísmicas se disipan más rápido en el sur, algo que ahora se explica por la mayor temperatura. Y también ayuda a entender las extrañas anomalías magnéticas en las rocas del sur.
Marte hoy no tiene un campo magnético global, pero hace más de 4.000 millones de años sí lo tenía. Si el material caliente que asciende desde ese manto sobrecalentado recalentó la corteza por encima de la "temperatura de Curie" —el punto en el que los minerales pierden su magnetismo—, eso pudo haber generado los remanentes magnéticos que hoy desconciertan a los geólogos.
¿Un impacto colosal o una tapa gigante?
El origen de esta división sigue abierto y es central para entender la historia del agua en Marte. "La dicotomía que observamos entre el norte y el sur es importante para comprenderla, ya que proporciona información sobre los procesos que pueden haber influido en la hidrología de Marte, incluida la formación de cuencas que podrían haber contenido agua", explicó Amirhossein Bagheri, del Caltech y segundo autor del trabajo.
Hay dos hipótesis principales. La más aceptada es que hace más de 4.000 millones de años, un impacto gigante excavó todo el hemisferio norte, creando una cuenca del tamaño de un continente. Ese cataclismo habría permitido que el manto del norte liberara su calor al espacio mucho más rápido, enfriándose, mientras el sur permanecía aislado y caliente.
La segunda hipótesis invierte la lógica: la gruesa corteza del sur actuó como una tapa, como una manta térmica que impidió que el calor escapara. El magma que intentaba ascender habría quedado atrapado bajo esa corteza, formando intrusiones que futuras misiones podrían detectar con gravímetros de mayor resolución.
Más allá de Marte, la técnica abre una nueva puerta para explorar otros mundos. "A medida que obtenemos más datos sobre la gravedad, podemos determinar las complejidades tridimensionales de la estructura interna de un planeta", concluyó Berne. "Estas inferencias, a su vez, nos proporcionan un modelo para diseñar futuras misiones y la exploración científica de estos mundos".
La misma tomografía de mareas podría aplicarse desde Mercurio hasta las grandes lunas de Júpiter.



