Investigadores de la Universidad de Florida, Estados Unidos, recostruyeron la evolución de la anomalía gravitatoria de la Antártida durante los últimos 70 millones de años, ofreciendo una nueva perspectiva sobre la dinámica geológica.

Una enigmática y extensa depresión en el campo gravitatorio de la Tierra, situada bajo la Antártida y conocida formalmente como la Baja Geoide Antártica, está brindando a los científicos una oportunidad única para desentrañar la evolución del interior profundo de nuestro planeta. Este "agujero de gravedad", lejos de ser un vacío físico, es una huella persistente de poderosas y lentas corrientes de roca que se agitan a miles de kilómetros de profundidad.

Un nuevo estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Florida y publicado el 19 de diciembre de 2025 en la revista espacializada Scientific Reports, recostruyó la evolución de esta anomalía durante los últimos 70 millones de años. Sus hallazgos revelan que no se trata de un fenómeno transitorio, sino de un registro dinámico de procesos que están remodelando la Tierra durante decenas de millones de años.

El Dr. Alessandro Forte, profesor de geofísica en la Universidad de Florida y coautor del estudio, explicó a Space.com que esta anomalía es "una ventana a los movimientos profundos de la Tierra a lo largo de decenas de millones de años". Subrayó cómo estos procesos subterráneos pueden redefinir el campo gravitatorio del planeta de maneras medibles hoy.

     

Aunque el término "agujero de gravedad" pueda sonar alarmante, su efecto en la superficie es imperceptible; una persona de 90 kilogramos pesaría apenas entre 5 y 6 gramos menos en esa región. Sin embargo, para la ciencia, su importancia es inmensa. "Lo que la gente llama un 'agujero de gravedad' no es literalmente un agujero en el suelo, ni un lugar donde la gravedad desaparece. Es una depresión muy amplia y suave en el campo gravitatorio de la Tierra", aclaró Forte.

Las variaciones en la gravedad terrestre son resultado de la heterogeneidad del interior del planeta. La roca más caliente y flotante del manto asciende, mientras que las placas más frías y densas del antiguo lecho marino se hunden, redistribuyendo la masa y modificando sutilmente el campo gravitatorio. En áreas donde la atracción gravitatoria es menor, como en la Antártida, la superficie del océano, definida por la gravedad (el geoide), se acerca más al centro del planeta.

Utilizando imágenes sísmicas del manto actual y modelos físicos retrospectivos en superordenadores, los investigadores simularon el flujo de las rocas a lo largo de millones de años. Forte se mostró sorprendido por la coherencia de la historia a largo plazo: "La depresión gravitatoria no es una característica aleatoria y pasajera. Persiste durante gran parte de los últimos 70 millones de años, pero su fuerza y geometría evolucionan de forma coherente con las importantes reorganizaciones del flujo de rocas en las profundidades de la Antártida".

Esta persistencia es crucial, ya que la baja gravedad antártica parece haberse intensificado aproximadamente al mismo tiempo que el continente se cubrió de hielo de forma permanente hace unos 34 millones de años. Esta coincidencia sugiere una posible influencia de los cambios en el campo gravitatorio en la línea base del nivel del mar regional, lo que podría haber afectado las condiciones de la capa de hielo.

Hoy, en la Baja Geoide Antártica, la superficie del mar, definida por la gravedad, se encuentra unos 120 metros por debajo del promedio global. A pesar de que la glaciación antártica fue impulsada por múltiples factores, como la disminución del dióxido de carbono y cambios en las corrientes oceánicas, el estudio destacó un proceso interno de la Tierra que ocurrió en el momento y lugar adecuados para influir potencialmente en la forma de la superficie del mar.

"Nuestro estudio demuestra cómo la dinámica profunda de la Tierra puede remodelar el campo gravitatorio a lo largo del tiempo geológico", afirmó Forte. Además de las implicaciones terrestres, el estudio aporta una perspectiva valiosa para la ciencia planetaria, ya que anomalías gravitacionales similares en otros mundos, como Marte y Venus, ofrecen indicios sobre su dinámica interior y actividad geológica pasada.

El equipo de Forte, en colaboración con sismólogos de la Universidad de Texas en Austin, dedicó una década a este trabajo, que, según el geofísico, solo marca el comienzo de futuras investigaciones para comprender mejor la compleja interacción entre el interior de la Tierra y los fenómenos de la superficie.