Por primera vez en décadas, el papa León XIV cargará la cruz durante las 14 estaciones del Viacrucis del Coliseo de Roma, en una Semana Santa marcada por el retorno a la tradición. Este Viernes Santo por la noche, el pontífice marcará un hito al someterse a tal esfuerzo físico durante toda la ceremonia.
En pontificados anteriores, como el de Juan Pablo II, el papa llevaba la cruz únicamente en la primera y en la última estación, aunque acompañaba todo el recorrido. El propio papa argumentó esta decisión al decir que representa una señal importante, dado que es él quien debe cargar con todas las cruces de la humanidad para demostrar que Jesús sigue sufriendo.
El año pasado, al igual que en 2024, las meditaciones fueron escritas por el papa Francisco, quien regresó a la Casa Santa Marta tras una larga hospitalización en el Policlínico Gemelli de Roma. Debido a sus problemas de movilidad y salud en los últimos años, Bergoglio solía presidir el rito desde una tarima frente al Coliseo pero durante los últimos dos años de su pontificado debió ausentarse para cuidar su salud de cara a la Vigilia Pascual. En esos casos, la cruz era portada por fieles o por el cardenal vicario.
La celebración será de acceso libre para que miles de fieles puedan reunirse en las inmediaciones del monumento y presenciar uno de los momentos más esperados de la Semana Santa católica. El recorrido, que recuerda el camino de Jesús hacia el Gólgota, comenzará dentro del Coliseo y concluirá en la Colina del Palatino.
En los alrededores del monumento se instalarán pantallas para que un mayor número de personas pueda seguir las celebraciones. La tradición entre los asistentes es llegar con anticipación y encender antorchas y velas en el momento en que el papa inicia el rito.
En su primera misa crismal del Jueves Santo como papa, León XIV afirmó que “la cruz es parte de la misión”, presentándola como un antídoto frente a la “ocupación imperialista del mundo” y las lógicas de dominio.
Afirmó también que la misión cristiana "no es aventura de ninguno", sino un "caminar juntos en la Iglesia", incluso atravesando la incomprensión y el rechazo, lo que definió como la dimensión "más dramática" del camino. Más adelante, insistió ante los religiosos en que no hay buenas nuevas para los pobres si se acude con "signos de poder", y advirtió que no hay auténtica liberación sin librarse de la posesión.
El sábado seguirá con la Vigilia Pascual en la basílica de San Pedro, y las ceremonias culminarán el domingo de Resurrección con la Misa de Pascua, seguida por la tradicional bendición «Urbi et Orbi» ante una multitud en la plaza de San Pedro.



