El homicidio de un adolescente de 13 años, perpetrado por un compañero de su misma escuela en la localidad de San Cristóbal, provincia de Santa Fe, dio un giro inesperado en las últimas horas. Lo que parecía ser un hecho aislado de violencia escolar pasó a ser el epicentro de una pesquisa sobre una subcultura digital global conocida como True Crime Community (TCC). El director provincial de Investigación Criminal, Rolando Galfrascoli, confirmó la aprehensión de un segundo adolescente y el análisis de vínculos con foros internacionales donde se venera la violencia extrema. Al mismo tiempo, especialistas advierten sobre el rol clave del acompañamiento familiar para prevenir que estas plataformas capten a los jóvenes.
“Estamos en un momento clave en donde obviamente se produce la manifestación de un viraje, de un cambio radical desde una investigación tradicional de un hecho gravísimo”, explicó Galfrascoli en diálogo con el programa De 12 a 14 de El Tres. En este sentido, el funcionario detalló el cambio de paradigma que debió asumir el Estado: “De una investigación clásica de un homicidio por más connotación grave que haya tenido, ahora a una investigación mucho más compleja que desborda las fronteras geográficas de San Cristóbal, de la provincia de Santa Fe y obviamente tiene alcances en todo el territorio de la República Argentina y también a nivel internacional”.
La revelación de que el adolescente que disparó la escopeta de su abuelo mantenía contacto con estas comunidades activó las alarmas del gobierno provincial y nacional. Según un documento elaborado por la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (Sait) de la Procuración General de la Nación, en el país ya se han relevado siete episodios de violencia escolar extrema asociados a estas tribus digitales. “Esa es la situación en la que estamos, una de esas organizaciones criminales detectadas y mencionadas en el informe de Procuración podría tener que ver o podría haber alguna adscripción por parte de algunas personas que han participado en el hecho criminal”, señaló Galfrascoli.
El búnker digital y la estética de la masacre
El ecosistema principal donde germinan estas ideas es Discord, una plataforma nacida originalmente para el ámbito gamer, pero que hoy alberga servidores privados de difícil moderación. En estos espacios, que muchas veces se presentan como foros sobre terror o casos policiales para mayores de edad (como el servidor detectado llamado "The Crypt"), los usuarios consumen crímenes reales, comparten material audiovisual de tragedias históricas como la masacre de Columbine y utilizan un lenguaje codificado que deshumaniza a las víctimas.
En esta subcultura digital, lo que empieza como curiosidad deriva en una espiral de fanatismo donde los perpetradores de matanzas son idolatrados. “Claramente lo que ocurre en esos entornos virtuales tiene que ver con la instigación, no sé si tanto la preparación, pero sí claramente la instigación y la arenga, la reverencia a las personas que cometen esos delitos”, analizó el director de Investigación Criminal. Además, aclaró que quienes participan en estas redes “están buscando trascender y generar un pánico colectivo”, lo que en términos técnicos se acerca a la definición de terrorismo.
Ante la versión esgrimida por la defensa de que el atacante habría sufrido un brote psicótico, Galfrascoli fue cauto y remarcó que se trata de “una herramienta defensiva que utilizan” los abogados como respuesta rápida. “Serán los forenses que trabajen en materia de persecución penal (...) los que determinen si esto es así o no”, sentenció.
Amenazas colaterales
El temor generado por el caso de San Cristóbal tuvo un efecto contagio, derivando en amenazas falsas en localidades cercanas como Rafaela y Sunchales. Sobre estas cuestiones colaterales, Galfrascoli advirtió que hay personas que aprovechan el miedo colectivo para "satisfacer el morbo" o hacer bromas macabras. Sin embargo, todas las advertencias se investigan con seriedad. En Sunchales, por ejemplo, una requisa a partir de un perfil falso en redes culminó con el secuestro de un arma de fuego cargada, propiedad del adulto a cargo del menor que emitió la amenaza.
Frente a este escenario complejo, la prevención primaria recae en el seno familiar. Soledad Martínez, especialista en ciberdelito de la Defensoría del Pueblo, remarcó la importancia de que las familias se involucren en la vida virtual de los adolescentes. Plataformas como Discord u OmeTV permiten el contacto internacional y la creación de comunidades temáticas que van desde tutoriales de tejido hasta la glorificación de delitos.
“Cualquier plataforma digital puede ser puerta de ingreso a situaciones de violencia digital”, aseguró la especialista, desmitificando la idea de que existan redes inherentemente seguras. El desafío no radica en la prohibición, que muchas veces es vulnerada falseando la edad de ingreso, sino en la alfabetización digital. “El problema somos los adultos que desconocemos el espacio digital”, afirmó.
La recomendación central es hablar de manera genuina con los niños y adolescentes para entender qué consumen y por qué se sienten atraídos por ciertas estéticas oscuras, prestando especial atención a cambios bruscos de hábitos o al uso de simbología violenta.



