Todavía faltaban casi 20 horas para que comenzara la despedida del Indio Solari y ya había personas haciendo fila.

Sentadas contra una columna, sobre una de las colectoras de la avenida Bartolomé Mitre, tres mujeres esperaban frente al microestadio Gatica de Avellaneda. Habían llegado temprano para asegurarse un lugar cuando se abrieran las puertas. Una de ellas escucha al Indio desde los 14 años. Hoy tiene 40.

Hay que esperar, no queda otra. Vale la pena”, resumió.

Los que empezaron la fila para despedir al Indio (El Tres).
Los que empezaron la fila para despedir al Indio (El Tres).

La escena sintetizaba lo que ocurría este sábado en Villa Domínico: la despedida todavía no había empezado, pero la vigilia ya estaba en marcha.

A pocos metros de ellas, cientos de operarios trabajaban contrarreloj en el armado del operativo que este domingo recibirá a miles de personas. Caños, vallados y fenólicos se acumulaban sobre la colectora que corre frente al Centro de Alto Rendimiento de Villa Domínico, donde se encuentra el microestadio Gatica.

El amplio operativo en inmediaciones al microestadio (El Tres).
El amplio operativo en inmediaciones al microestadio (El Tres).

Desde temprano, las avenidas que rodean el predio estaban atravesadas por un importante despliegue de seguridad. Decenas de policías recorrían la zona mientras un grupo de agentes uniformados comenzaba a moverse por el perímetro.

En simultáneo, trabajadores descargaban estructuras metálicas y delimitaban los accesos. Todo ocurría bajo la supervisión de un coordinador que, plano en mano, iba indicando dónde debía ubicarse cada tramo del recorrido para ordenar el ingreso de los fanáticos.

El acceso principal también era objeto de los últimos retoques. Algunos operarios limpiaban la entrada con hidrolavadoras cuando alguien se acercó y apoyó un cartel con la imagen que Skay Beilinson utilizó para despedir al Indio en redes sociales.

La foto que colgaron en la reja de ingreso (Rosario3).
La foto que colgaron en la reja de ingreso (Rosario3).

"Nadie es capaz de matarte en mi alma", se leía escrito en fibrón sobre una fotografía de ambos músicos. La frase quedó apoyada junto al ingreso mientras alrededor continuaban los preparativos.

Dentro del predio, el movimiento era constante. Vehículos policiales ocupaban distintos sectores y el operativo avanzaba para delimitar las zonas habilitadas.

Una de las personas afectadas a la organización explicó a este medio que la despedida se realizará exclusivamente dentro del microestadio y que el resto del predio permanecerá cerrado.

Operarios trabajando en montar la estructura. (El Tres)
Operarios trabajando en montar la estructura. (El Tres)

La principal incógnita parecía repetirse entre vecinos y seguidores: cómo absorber la llegada de miles de personas en un espacio relativamente reducido.

"Yo había escuchado que iba a ser por acá, pero pensé que en Racing", comentó una mujer que paseaba a su perro por el parque Los Derechos del Trabajador, lindero al predio.

"Esto es bastante chico. No sé cómo van a hacer. Seguramente esta noche se llene de gente que venga a dormir acá", agregó mientras observaba el movimiento.

La misma sensación podía percibirse entre los fanáticos que ya comenzaban a acercarse. Uno de los primeros en llegar llevaba un ramo de flores. "Vinimos a traerlas porque es un dolor muy profundo que sentimos los que lo seguimos de toda la vida", explicó.

Cuando intentó describir lo que significaba la muerte del músico, la emoción lo obligó a detenerse. "Para mí es más grave que la muerte de mi viejo. Es mucho más que mi viejo. Es como si se hubiera muerto mi vieja", alcanzó a decir antes de quebrarse.

Con el correr de las horas fueron apareciendo más seguidores.

Un hombre llegó acompañado por su hija de dos años, que llevaba puesta una remera con el histórico logo de Patricio Rey. "Ella no llegó a verlo, pero mis otros hijos sí. Lo seguimos de toda la vida con mi grupo de amigos. Es el último adiós. El Indio para nosotros es todo", contó.

A pocos metros, una mujer envuelta en una bandera que había llevado a antiguos recitales apenas podía hablar. Vive a cuatro cuadras del lugar elegido para la despedida. "No lo puedo creer todavía. Estoy muy afectada", dijo.

La espera también reunía distintas formas de vivir el duelo.

Sentado en una parada de colectivo, un hombre con una remera del Indio contó que había estado la noche anterior en Plaza de Mayo. "Ayer fui, pero me volví. Era como la previa de un recital y para mí tenía que ser otra cosa. Yo necesitaba llorarlo", explicó.

A medida que avanzaba la tarde, la zona empezaba a llenarse de fanáticos que se distribuían entre los que se abrazaban y saltaban y los que se alejaban un poco buscando un momento más para procesar lo ocurrido. El común denominador de todos es que sus historias estaban atravesadas por la música del Indio.

"Mi vida es el Indio", resumió José, un hombre de 47 años que llegó acompañado por familiares y amigos. "Casamientos, muertes, nacimientos. Todo estuvo atravesado por su música. Todavía no caigo. No le puedo decir más que gracias."

En la esquina de Pizza Redonditos, una pizzería temática dedicada a la banda, los parlantes reproducían clásicos de Los Redondos a todo volumen. Los clientes cantaban, levantaban los brazos y compartían recuerdos mientras la despedida comenzaba a tomar forma a pocos metros.

"El Indio es la amistad, la hermandad", definió José.

Entre vallados, flores y lágrimas, la vigilia comenzó mucho antes de que se abrieran las puertas del microestadio.