Desde el espacio, la Tierra de noche es una esfera oscura salpicada de puntos dorados y azulados que dibujan países y continentes. Esa postal no existía para nuestros antepasados. Las luces artificiales nocturnas son el reflejo del avance de la civilización: nuevos asentamientos, redes eléctricas y acceso a comodidades modernas. Pero ese mismo brillo constante se convirtió en un problema. Afecta la calidad del sueño, altera los biorritmos de plantas y animales y borra las estrellas del cielo.

Un nuevo estudio internacional, basado en imágenes satelitales procesadas con la herramienta Black Marble de la Nasa, reveló que el planeta se iluminó 16% entre 2014 y 2022. El trabajo, publicado el miércoles en la revista especializada Nature, es el primero en mostrar las tendencias de luz artificial con un nivel de detalle temporal que permite distinguir eventos puntuales y diferencias regionales.

“Hemos descubierto que la Tierra no se está iluminando gradualmente, sino que parpadea”, explicó Zhe Zhu, autor principal y profesor asociado de teledetección en la Universidad de Connecticut. El aumento de brillo se concentra sobre todo en países en desarrollo como India, China y algunas zonas de África. En paralelo, las áreas donde el brillo disminuye crecen cada año. Parte de esa caída responde a eventos súbitos como guerras y desastres naturales. Otra parte ocurre en Europa, donde se aplicaron políticas de control de contaminación lumínica y ahorro energético. En Estados Unidos, el brillo sigue aumentando en la mayoría de las regiones.

     

Los datos muestran cambios casi en tiempo real. En Ucrania, la luz artificial nocturna cayó de forma drástica tras la invasión rusa que comenzó en febrero de 2022. En Palestina se registran fluctuaciones constantes, con subas y bajas cada vez que se recrudece el conflicto. Los grandes huracanes que azotaron Puerto Rico también aparecen en el registro: dejan sin electricidad a la población durante largos períodos. Incluso los confinamientos por la pandemia de COVID-19 quedaron marcados en el brillo nocturno del planeta.

Francia es uno de los casos más notorios de oscurecimiento planificado. El país redujo su luz artificial en 33% gracias a nuevas políticas. Para los investigadores, eso demuestra que la tendencia no es irreversible y que las decisiones públicas tienen impacto directo en el brillo que se ve desde el espacio.

Para elaborar el mapa, el equipo usó datos del Visible Infrared Imaging Radiometer Suite, VIIRS, a bordo de los satélites Suomi NPP y NOAA-20. Los algoritmos de Black Marble filtran ruido como reflejos de la luz de la luna, auroras boreales, sombras de nubes y vegetación, e incluso diferencias por el ángulo de visión del satélite. Eso permite aislar la luz emitida por actividad humana.

Sin embargo, el estudio tiene una salvedad importante. Los sensores de VIIRS no son sensibles a la luz con tinte azul que emiten la mayoría de las luces LED actuales, que dominan la iluminación urbana. Un estudio de 2023 basado en más de 50 000 reportes de observadores concluyó que el brillo percibido del cielo nocturno en zonas habitadas creció casi 10% anual durante la última década. Ese aumento está borrando las estrellas y obliga a astrónomos profesionales y aficionados a buscar cielos en lugares cada vez más remotos.

“Cuando una ciudad cambia una calle de sodio de alta presión a LED blancos, una persona diría que se volvió más brillante, pero el satélite diría que se volvió más oscura”, explicó Christopher Kyba, coautor del trabajo y profesor de teledetección de luz nocturna en la Universidad Ruhr de Bochum, Alemania. Kyba lideró el estudio de observadores de 2023. Por eso, los aumentos de brillo reportados en el nuevo artículo pueden estar subestimados.

     

El resplandor incesante impide que la oscuridad total se instale incluso en la noche más profunda. Eso tiene efectos documentados en la salud humana, vegetal y animal, porque altera el sueño y los ciclos naturales de crecimiento. La visión humana nocturna es más sensible a la luz azul y tiene poca sensibilidad a la luz infrarroja cercana, justo al revés que VIIRS.

Zhu aclaró que más brillo no siempre es una mala noticia. En muchas regiones subdesarrolladas de África y Asia, las luces significan mayor prosperidad económica. “Desde el punto de vista económico, el auge de la actividad eléctrica puede ser algo positivo”, afirmó. “Significa mayor actividad y que la gente tenga acceso a la electricidad donde antes no la tenía”.