La ONU confirmó lo que muchos temían: se está a punto de superar el límite de 1,5 grados de calentamiento global, el umbral que 196 países se comprometieron a no cruzar en el Acuerdo de París de 2015.

La advertencia surge del nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, titulado "Limiting Overshoot: Navigating exceeding of 1,5 °C and pathways toward return". El documento concluye que, si el planeta mantiene el ritmo actual de emisiones, se superará ese límite en cuestión de años. No es una proyección lejana, es inminente.

"El calor abrasador de este verano, los incendios forestales devastadores y las inundaciones mortales son una advertencia de lo que nos espera. Debemos lograr que el sobrecalentamiento global por encima de 1,5 grados sea lo más pequeño y breve posible. Eso exige un exceso de ambición", declaró el secretario general de la ONU, António Guterres.

En 2015, el mundo acordó mantener el aumento de la temperatura promedio por debajo de los 2 grados respecto a los niveles preindustriales, y hacer todo lo posible para no superar los 1,5. Ese medio grado de diferencia marca el límite entre un clima difícil y uno peligroso, con impactos más rápidos, más intensos y más duraderos.

     

El informe del PNUMA no se limita a predecir el escenario catastrófico. Su objetivo principal es trazar el camino para volver atrás. La idea central es que, aunque el rebasamiento sea inevitable, podemos y debemos trabajar para que sea lo más corto y bajo posible, y luego regresar por debajo de los 1,5 grados.

Para lograrlo, la ONU plantea dos exigencias simultáneas. La primera es una reducción inmediata y sostenida de las emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente dióxido de carbono y metano, generados por el transporte, la industria manufacturera y la agricultura. Ya no alcanza con llegar a la neutralidad de carbono. El informe afirma que el mundo deberá avanzar hacia emisiones netas negativas, es decir, que la actividad humana elimine de la atmósfera más carbono del que emite. Para eso será crucial acelerar la tecnología de captura y almacenamiento de carbono, que aún está en una etapa temprana de desarrollo pero que se vuelve indispensable.

     

La segunda exigencia es la adaptación. Aunque todos los países comenzarán hoy mismo a reducir drásticamente sus emisiones, los efectos del cambio climático ya están aquí y, en muchos casos, son irreversibles. El aumento en la intensidad de los incendios, el empeoramiento de los desastres naturales y el riesgo que enfrentan las comunidades costeras no son una amenaza futura, son la realidad actual. Por eso, el informe subraya la necesidad de acciones de adaptación para proteger a las personas y economías más vulnerables.

"No habrá buenos resultados si nos mantenemos por encima de 1,5 °C. En todo el mundo, las olas de calor extremas ya demuestran que los impactos climáticos se producirán más rápido, con mayor intensidad y durante más tiempo, costando más vidas y causando trastornos más profundos", advirtió Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA.

El mensaje final, pese a la dureza del diagnóstico, mantiene una ventana de esperanza. Cruzar el límite no significa rendirse. "Ahora es el momento de redoblar los esfuerzos en la acción climática. Podemos –y debemos– encaminarnos por la senda correcta. Reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, fortaleciendo la resiliencia y la adaptación, y garantizando que el aumento de 1,5 °C sea lo más pequeño y breve posible", concluyó Andersen.