La secretaria de Asuntos Penales de Santa Fe, Lucía Masneri, detalló los avances de la construcción de El Infierno, la cárcel de máxima seguridad destinada a alojar a los líderes de las bandas narcocriminales que operan en Rosario y la región. La funcionaria provincial precisó que el objetivo central es aislar a estos reclusos para la tranquilidad de los rosarinos, y estimó que la inauguración será en mayo de 2027.

El complejo carcelario, que ocupará 25 hectáreas —el equivalente a cinco cuadras por cinco cuadras— es considerado la obra más emblemática del gobierno provincial. "Se está haciendo una ciudad", graficó Masneri en diálogo con Radiópolis (Radio 2). Aunque la situación climática generada por el fenómeno de El Niño demoró los trabajos, las tareas bajo techo continúan a buen ritmo y la licitación de tecnología ya está adjudicada, por lo que intentarán adelantar la apertura un mes o un mes y medio. El penal tendrá capacidad para 1152 internos y contará con más de 800 agentes penitenciarios.

Quiénes irán a El Infierno

Al ser consultada sobre los futuros habitantes de esta unidad de máxima seguridad, Masneri fue contundente respecto a la necesidad de aislar a los cabecillas para evitar que organicen delitos desde prisión. "Estas personas necesitan estar aisladas, no solo para no seguir cometiendo delitos de mano propia, que es muy importante, sino también para no aumentar su poder, no aumentar su banda", sostuvo y asguró: “Ya no podrán romper a nadie”.

La secretaria explicó que el penal alojará a tres niveles de la estructura delictiva: los líderes —como Guille Cantero, Monchi Machuca y la banda Los Menores—, los gerenciadores o aliados territoriales, y finalmente, aquellos que conforman el brazo armado en los barrios.

Para diferenciarlos, los presos usarán uniformes de colores naranja, rojo y amarillo. "Nadie espera que los agentes conozcan de tal forma a los internos que puedan identificarlos. Entonces, la identificación va a ser formal por colores", explicó.

El impacto en otras cárceles e infraestructura

La apertura de El Infierno generará un efecto derrame positivo en el resto del sistema penitenciario de la provincia, según detalló Masneri. La reconversión de los pabellones de alto perfil actuales permitirá trasladar reclusos y "seguir vaciando permanentemente las comisarías, principalmente las de Rosario". En el caso del penal de Piñero, se liberarán unas 500 plazas y se podrán reabrir los talleres de colchones, carpintería, sastrería y la panadería, lo que favorecerá el tratamiento de resocialización del resto de la población reclusa.

Además del impacto en materia de seguridad, el proyecto carcelario trajo aparejadas inversiones clave para la zona. Se instaló una nueva estación transformadora que proveerá energía eléctrica a un sector que carecía de factibilidad para radicar fábricas o loteos, y se construyó una planta de tratamiento cloacal para solucionar los problemas ambientales que afectaban a los vecinos de la región de Piñero.

El Infierno

La cárcel estará integrada por cuatro módulos y un edificio central de administración, desde donde se realizará el ingreso al complejo. Contará con un doble muro perimetral de 1.800 metros de extensión y 10 metros de altura, con circulación vehicular interna y pasarelas superiores para vigilancia. Además, tendrá torreones cada 70 metros y una torre principal de 36 metros de altura con visión panorámica de 360 grados.

Cada módulo dispondrá de 24 pabellones y, en cada ala, habrá 12 celdas individuales de hormigón premoldeado distribuidas en dos plantas. En total, el complejo tendrá 288 celdas por módulo y 1.152 plazas.
También incorporará boxes individuales para visitas y comunicaciones a través de mamparas, evitando el contacto físico directo.

El penal dispondrá de atención sanitaria intramuros para reducir traslados, sala de conferencias y helipuerto.