Después de 1.200 años de vida, el Roble Mayor del Bosque de Sherwood, en Nottinghamshire, fue declarado muerto. El árbol, cuyo tronco hueco alimentó durante siglos la leyenda de que allí se escondía Robin Hood, no brotó esta primavera y los especialistas de la Real Sociedad para la Protección de las Aves (RSPB), que gestiona el bosque, confirmaron su final.
El gigante fue vencido por el calor y las pisadas, olas de altas temperaturas cada vez más intensas, sequías prolongadas y millones de turistas cuyo tránsito constante compactó tanto el suelo que, en algunos sectores, “es tan sólido como el hormigón”, explicaron los técnicos. Eso impidió que el agua de lluvia llegara a las raíces y que el árbol absorbiera los nutrientes, según publicó el medio británico Daily Mail.
#Gravitas | The legendary Major Oak, one of Europe's oldest and most famous ancient trees and a symbol of the Robin Hood story, has died after standing in Sherwood Forest for at least a millennium.
The giant oak reportedly failed to produce leaves this year after enduring a… pic.twitter.com/yb3kKL1RcD— WION (@WIONews) June 18, 2026
Simon Parfey, director de SoilBioLab y parte del equipo que lo cuidaba desde 2021, dijo que los estudios mostraron que “el sistema radicular había estado luchando silenciosamente durante mucho tiempo”. A eso se sumaron intervenciones humanas “bienintencionadas” desde hace un siglo como soportes metálicos para sostener sus ramas extensas que terminaron jugando en contra.
Reg Harris, de Urban Forestry, monitorea la copa del roble desde hace nueve años y fue tajante: “La falta de lluvias estivales en los últimos cinco años, junto con temperaturas inusualmente altas, influyó significativamente”. En julio de 2022, la zona superó los 40°C, un récord histórico.
El árbol recibió el nombre de “Major” tras aparecer en un libro de 1790 escrito por el mayor Hayman Rooke, un exsoldado británico. Su tronco hueco, en realidad producto de hongos, disparó la fantasía de que Robin Hood se ocultaba allí. Durante décadas, los visitantes podían treparlo y meterse en la cavidad. Recién en los 70 fue vallado para protegerlo, y desde entonces solo se lo observa a distancia. Ni eso alcanzó.
La autoridad del lugar confirmó que el tronco permanecerá en pie como monumento para personas y vida silvestre. “Su muerte ha sido devastadora de aceptar”, admitió Chloe Ryder, responsable de la finca en Sherwood. “Seguirá siendo hábitat importante y un recordatorio de por qué estos árboles son vitales”.
Ryder contó que los estudios recientes mostraron "un sistema radicular estrangulado y debilitado, totalmente desconectado de su entorno". Aunque intentaron recuperar el suelo, “el daño ya estaba demasiado arraigado”. Sin embargo, su legado continúa: se cultivaron bellotas y esquejes del Roble Mayor y hoy crecen retoños en distintos lugares del mundo. “Su descendencia generará sus propias bellotas, y leyendas, durante los siglos venideros”, dijo Ryder.



