El mundo del fisicoculturismo quedó conmocionado por la muerte repentina de Dwayne Quamina, un atleta profesional nacido en Trinidad y Tobago que falleció a los 40 años, apenas una semana después de competir en uno de los torneos del circuito profesional en Estados Unidos.

Quamina, conocido en el ambiente como “King Q”, había participado el 9 de agosto en el Atlanta Pro 2026, donde terminó sexto en la categoría 212, reservada para competidores de hasta 212 libras –unos 96 kilos–. El domingo pasado, apenas siete días después de aquella presentación, se conoció su muerte.

La noticia fue comunicada por familiares y rápidamente se multiplicaron los mensajes de despedida entre figuras del fisicoculturismo. La causa del fallecimiento no fue informada públicamente.

Quamina había construido una extensa trayectoria dentro de la IFBB Pro League. Uno de sus principales logros había sido el décimo puesto obtenido en el Mr. Olympia 2018, la competencia más importante del fisicoculturismo profesional. Después de anunciar su retiro en 2020, había regresado a los escenarios y este año volvió a competir en el circuito.

En sus redes sociales, donde reunía más de 114 mil seguidores, se presentaba como veterano de la Marina estadounidense, fisicoculturista profesional y entrenador online. Entre sus proyectos figuraba “Operation Gain 10lbs of Muscle”, una propuesta de entrenamiento y preparación para ganar masa muscular.

Fuera de los escenarios, quienes lo conocieron lo describieron como un hombre dedicado a su familia. El gimnasio 4:13 Fitness Center, donde entrenaba en California, lo despidió como padre, esposo, hijo, mentor y amigo. También destacó que había servido durante más de una década en la Marina y que, además del fisicoculturismo, se había desempeñado como cinematógrafo.

Quamina era oriundo de Trinidad y Tobago.
Quamina era oriundo de Trinidad y Tobago.

“King Q” era reconocido por su enorme fuerza y por su presencia dentro del gimnasio. En el mensaje de despedida, sus allegados recordaron tanto su disposición para ayudar con cuestiones de nutrición y entrenamiento como su característica risa, que –según contaron– podía escucharse desde cualquier lugar del salón.

La muerte de Quamina se produce, además, en un año en el que otros fallecimientos prematuros sacudieron al mismo ambiente. En julio murió en Brasil Mailson Araújo Santos, un fisicoculturista profesional de 35 años que se preparaba para competir en el Musclecontest Brazil. Sufrió una emergencia médica en su casa de Alagoinhas y murió pese a los intentos de reanimación de su madre y de los equipos de emergencia. Su causa de muerte tampoco fue divulgada oficialmente.

El influencer baiano Mailson Araujo, otra mortaja en el mundo del bodybuilding.
El influencer baiano Mailson Araujo, otra mortaja en el mundo del bodybuilding.

Meses antes, en mayo, había muerto en San Pablo Gabriel Ganley Christophe Seraphico, un fisicoculturista e influencer de apenas 22 años. En su caso, el certificado de defunción señaló muerte súbita cardíaca y cardiomiopatía hipertrófica, una enfermedad que provoca un engrosamiento anormal del músculo cardíaco. Un especialista consultado por la prensa brasileña explicó que la enfermedad puede tener un componente genético y que el uso de anabolizantes puede favorecer un aumento del espesor del corazón en personas predispuestas.

Ganley, víctima de una muerte precoz, debido al presunto abuso de esteroides.
Ganley, víctima de una muerte precoz, debido al presunto abuso de esteroides.

El punto de contacto entre estas historias no permite establecer una causa común, y mucho menos atribuir la muerte de Quamina al consumo de sustancias sin evidencia médica. Pero cada muerte prematura dentro del fisicoculturismo vuelve a poner sobre la mesa una cuestión conocida puertas adentro del ambiente: el uso de esteroides anabólicos para acelerar el crecimiento muscular y mejorar el rendimiento.

Es el lado B de una disciplina que lleva al cuerpo humano a extremos de masa muscular, definición y rendimiento. Y aunque en el caso de Quamina no existe hasta ahora información pública que permita vincular su muerte con esas sustancias, la ausencia de una causa de muerte conocida alimenta las preguntas sobre los riesgos que pueden esconderse detrás de esa búsqueda extrema.