El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que el Pentágono no transmitirá en directo la ejecución por fusilamiento de Nidal Malik Hasan, el expsiquiatra militar condenado por la masacre de Fort Hood, en Texas, en 2009. La decisión contradice el plan que había anunciado la semana pasada el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien pretendía emitir el procedimiento por internet para mostrar las consecuencias de ese tipo de delitos.
A través de un mensaje publicado en su red social Truth, Trump confirmó que la ejecución se realizará según lo previsto, el próximo 3 de diciembre, pero sin transmisión audiovisual. El mandatario también indicó que los familiares directos de las víctimas podrán presenciarla en persona si así lo desean.
En su publicación, Trump calificó a Hasan como un “traidor” y un hombre “malvado y despreciable”. Además, sostuvo que una transmisión pública podría haber funcionado como elemento disuasorio, aunque explicó que decidió cambiar de postura porque muchas personas preferirían no ver la muerte del condenado, ni en directo ni mediante otro registro visual.
La iniciativa de retransmitir el fusilamiento había sido anunciada por Hegseth durante una entrevista con el programa Human Events Daily, de la cadena Real America’s Voice. El funcionario había argumentado que la difusión pública permitiría mostrar que existen consecuencias graves para ese tipo de crímenes.
La propuesta generó cuestionamientos en distintos sectores de la sociedad estadounidense y también reservas entre dirigentes cercanos a Trump. El vicepresidente J. D. Vance y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, expresaron que no tenían intención de conectarse para ver la ejecución y justificaron su postura en sus creencias religiosas.
La legislación militar estadounidense establece que una ejecución por pelotón de fusilamiento debe contar con la aprobación del presidente. Trump había dado el visto bueno a la medida por recomendación de Hegseth, antes de anunciar que no habría transmisión.
La masacre de Fort Hood
Hasan, de 56 años, fue condenado a muerte por un jurado militar en agosto de 2013, luego de ser declarado culpable de 45 cargos de asesinato premeditado e intento de asesinato premeditado.
El 5 de noviembre de 2009, abrió fuego con una pistola en un centro médico de la base militar de Fort Hood, donde soldados se sometían a evaluaciones antes de ser destinados a Afganistán. El ataque dejó 13 muertos y otras 32 personas heridas, y fue considerado uno de los tiroteos más graves ocurridos dentro de una instalación militar estadounidense.
Hasan se desempeñaba como psiquiatra del Ejército y había atendido a veteranos que regresaban de misiones en Irak y Afganistán. Había sido trasladado a Fort Hood pocos meses antes del ataque y estaba próximo a desplegarse en Afganistán.
Durante el juicio militar, se defendió a sí mismo, reconoció los hechos y afirmó que había cambiado de bando para defender a los talibanes. Los disparos de la Policía durante su detención lo dejaron en silla de ruedas. Desde entonces permanece en la prisión militar de Fort Leavenworth, en Kansas. En marzo de 2025, la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó examinar su caso.



