Investigadores del Instituto de Astronomía de la KU Leuven recalcularon la “lucha” entre dos fuerzas que actúan cuando el Sol envejece. Por un lado, las mareas gravitacionales tiran de la Tierra hacia adentro. Por otro, el Sol pierde hasta la mitad de su masa al expulsar gas, lo que debilita su atracción y empuja a los planetas hacia órbitas más amplias. Y apuntó a una nueva hipótesis.
El equipo liderado por Mats Esseldeurs usó modelos actualizados de fuerzas de marea y los contrastó con distintas tasas de pérdida de masa estelar. Resultado: Mercurio y Venus serían tragados sin remedio, pero la Tierra y Marte migrarían hacia afuera y quedarían orbitando al futuro remanente de enana blanca. El trabajo se publicó en la revista especializada Astronomy & Astrophysics.
“La mayor incertidumbre ya no son los cálculos de mareas, sino cuánta masa perderá el Sol”, explicó Esseldeurs. Observaciones de estrellas como L2 Pup, similar al Sol, apuntan a que la Tierra se alejaría lo suficiente para salvarse, aunque los astrónomos admiten que aún faltan mediciones más precisas.
A Last Dance Before Death: How Binary Stars Set the Stage for Spectacular Supernovae
In the final, frantic chapters of their lives, many massive stars don’t go out alone — they perform one last cosmic waltz with a stellar partner. A groundbreaking new study reveals that these… pic.twitter.com/so73oYVLpk— Black Hole (@konstructivizm) July 7, 2026
Un consuelo teórico para la humanidad
Aunque la noticia suena esperanzadora en escala cósmica, no resuelve el problema humano. La mayoría de los científicos coincide en que el Sol se volverá progresivamente más caliente. En unos 1.000 millones de años, hervirá los océanos y hará la Tierra inhabitable, mucho antes de que empiece a expandirse.
Sin embargo, entender si el planeta sobrevive o no da pistas clave sobre cómo evolucionan los sistemas planetarios al morir sus estrellas. “Esto nos permitirá realizar estudios de población sobre la evolución orbital planetaria alrededor de estrellas evolucionadas”, escribieron los autores, “y nos ayudará a delimitar la evolución futura del sistema Tierra-Sol”.
Por ahora, la Tierra gana tiempo en los modelos. Faltan mejores telescopios y datos para saber si también lo ganará en la realidad.


