La inacabable novela que tiene como protagonistas al técnico y a los dos principales arqueros del plantel rojinegro, este miércoles entregó un nuevo capítulo en su rocambolesco devenir. Como en esos culebrones en los que los episodios se estiran absurdamente para dilatar el final de la historia, con ciegos que vuelven a ver y supuestos difuntos que regresan de la muerte, los actores de esta obra sembraron un poco más de misterio respecto del inminente desenlace.

La decisión del presidente Eduardo López de intervenir en el promocionado conflicto entre técnico y jugadores, parecía que volvía a abrirle las puertas de la titularidad al paraguayo Justo Villar, quien incluso en la práctica del martes trabajó con absoluta normalidad. Además, a diferencia de la semana anterior, Caruso Lombardi anunció públicamente que el golero guaraní ya tenía “el alta médica para jugar”.

Pero, oh sorpresa, en el ensayo de fútbol más importante de la semana, el jujeño Marcos Gutiérrez volvió a calzarse los guantes bajo los tres caños del elenco titular que se prepara para jugar el sábado ante Olimpo en Bahía Blanca.

A todo esto, Villar se quedó entrenando muy duro junto a su compatriota Diego Barreto en una cancha auxiliar, a las órdenes del preparador de arqueros Juan Chumba. Después, en el epílogo de la jornada de trabajo y cuando Villar se dirigía hacia el vestuario de Bella Vista para asearse, el técnico Lombardi interceptó su marcha y ambos dialogaron por espacios de cinco minutos.

La semana rojinegra empezó con una pregunta y parece que finalizará con el mismo interrogante: “quién atajará ante Olimpo en Bahía Blanca”. El final se acerca y Caruso Lombardi tiene la llave que descubrirá el secreto mejor guardado. Probablemente, el asesino termine siendo algún periodista “malintencionado”.