Sabrina Ferrarese

Un hombre trabaja de noche y su vecino, en cambio, cumple un turno diurno. Hasta allí, nada especial. Sin embargo, la armonía entre ambos comienza a quebrarse cuando el perro del hombre que trabaja de día ladra durante la mañana, en las horas que su vecino puede descansar. De allí, discusiones, aprietes, y un buen día, el perro aparece envenado.

Situaciones de este tipo, así como discusiones por medianeras, aguas servidas, basura e, incluso, por la presencia de un árbol que desprende sus frutos en el patio vecino producen diariamente gran cantidad de conflictos que, a veces, pasan de la amenaza a la acción en sólo segundos y termina interviniendo la policía.

Desde enero hasta septiembre de este año, sólo el Comando Radioeléctrico realizó 1718 operativos (250 por amenazas, 315 por lesiones mutuas, 11 por abusos sexuales, 1100 por auxilios a heridos y parturientas, 15 por usurpaciones y 27 por agresiones) introduciéndose en escenarios en los que se desdibuja el límite entre lo delictivo y lo social.

Daniel Corbellini, jefe del Comando Radioeléctrico de Rosario, dio cuenta del incremento de la intervención policial en asuntos personales. “Continuamente debemos participar en situaciones en las que se termina dando un delito y que nacen en pequeñas diferencias entre vecinos, peleas intrafamiliares que muchas veces se dan cuando hay violencia familiar o el marido tiene prohibida la entrada a la casa de la ex mujer y quiere a toda costa hacerlo y patea la puerta y amenaza. Ahí nos llaman a nosotros”, enumeró en diálogo con Rosario3.com.

Con el patrullero en la puerta

El ascendente número de casos en los que la violencia se va de las manos se dan tanto en el centro como en los barrios de Rosario, pero para Corbellini hay algunas diferencias. “En el centro las peleas se dan en la madrugada cuando se juntan los chicos que salieron del boliche «x» con los del boliche «a» y ahora se dan también entre las escuelas”, apuntó como novedad. En tanto, “no hay mayores incidentes familiares y si lo hay son para adentro el vecino no llama. Está muy arraigado el «no te metás» y testigos, ni uno”. En cambio, planteó que en villas como La Cerámica , Santa Lucía, Las Flores y en algunos fonavi suelen producirse grandes grescas en las que el consumo del alcohol, al igual que en el centro, actúa como un factor determinante.

Cuando alguno de los involucrados o un vecino avisa al 101, personal del Comando Radioeléctrico se dirige al lugar en donde se desarrolla el conflicto. De acuerdo a Corbellini, hacen un trabajo de mediación entre las partes y se ofrece la posibilidad de radicar la denuncia correspondiente. Sin embargo, sostuvo que en algunos casos es necesaria la fuerza policial. “Si no intervenimos o damos un tiempo para que la pelea pare, termina con un muerto y gente lesionada. Sí o sí la policía tiene que intervenir. La situación social está a la vista, la policía llega y la situación en vez de calmarse, se empeora. Pero si no llega, termina mal”.

Violencia y exclusión en la misma vereda

La recurrencia de los vecinos a la policía para la resolución de este tipo de situaciones tiene una explicación para la oficial Mariel Arévalo, a cargo de la Comisaría de la Mujer , que atiende mensualmente unos 70 casos de violencia familiar. “La gente va a la comisaría porque es lo más cercano y lo más económico y van con la pretensión de resolución del problema”.

La violencia, de acuerdo a la policía, se ha apoderado de los conflictos y “la intervención policial es insustituible”, analizó y ahondó: “La violencia tiene que ver con las conductas aprendidas y la gente resuelve los conflictos diarios con las herramientas que tiene y ahí encontrás que los elementos fundamentales son la intolerancia y la falta de respeto. El disenso siempre va a estar, el tema es con qué herramientas vamos a resolverlos”, agregó.

Para Corbellini, “todo tiene que ver con la situación social” y reconoció: “No estamos en condiciones de decirle a la gente qué no hacer dentro de su casa. Muchas veces no tenemos las herramientas, uno se lleva al golpeador y a la golpeada a la comisaría con todos los chicos atrás. Pero, ¿de qué exclusión se puede hablar cuando se excluyen en otro rancho a seis cuadras?”.

“El entrenamiento te da algunas pautas pero no son tan aplicables cuando vos te encontrás con la situación. Los tipos se desacatan y hay que aplicar la fuerza, ¿cómo hacemos para contener de otra manera? Eso es lo que hablamos con el juzgado. ¿Mandamos asistentes sociales? Vienen con los ojos negros todos los días. Yo creo que somos el reflejo de una consecuencia social, de la falta de educación y oportunidades para los chicos y eso se ve todo reflejado en la calle”, concluyó.