El cambio climático fue uno de los temas centrales en este 2007. Granizadas, inundaciones, vientos huracanados y hasta nieve en Buenos Aires y sur de Santa Fe. ¿Es el anuncio de un futuro incierto, se viene el fin del mundo? “Son fenómenos que ocurrieron siempre y que seguirán ocurriendo. El calentamiento global es algo lógico y hasta positivo”, sorprende el especialista Eduardo Pire, profesor adjunto de Ecología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) e investigador del Conicet.
Y para fundamentar su tesis, que contradice al discurso mayoritario de centrar las culpas en la acción del hombre y las emisiones de gases de efecto invernadero, señala que no hay herramientas disponibles para poder aseverar tal cosa y que, en realidad, estamos en un proceso más del devenir histórico de miles de años que tiene el planeta.
En cuanto a los fenómenos concretos que avalan la sensación de un cambio (la famosa “revancha” de la naturaleza), Pire relativiza tanto las fuertes granizadas como las nevadas registradas en los últimos meses.
“La tormenta de granizo de noviembre de 2006 tomó una gran dimensión porque pasó por Rosario y generó muchos destrozos en una gran ciudad pero yo he visto muchas más fuertes y grandes que esa. Granizadas que pelan la corteza de los árboles y que dejan mucha hacienda muerta ocurren cada tres o cuatro años en la zona de Río Cuarto, Córdoba. Esta última se desplazó un poco, como muchas tormentas lo hacen, y vino para acá, nada más”, asegura.
Sobre la sorprendente nevada de julio de este año en localidades al sur de Rosario (y en algunos puntos de la ciudad también) y sobre todo en Buenos Aires, Pire señala que también esos fenómenos son comunes si se revisa la historia.
Según los datos que recogió el investigador, antes de esta nevada hubo un antecedente durante los días 22 y 23 de junio de 1918 (también el 27 de julio de 1928 pero de menor intensidad). Y si se busca aún más atrás en el tiempo, se registran al menos otros dos fenómenos similares en el 1700.
“Busqué citas de las heladas y nevadas que hubo en Buenos Aires y encontré al menos dos nevadas en los años 1700”, señala el investigador. Pire cita los diarios de viaje Fray Pedro José de Parras (de los años 1749-1753), donde cuenta que el día 3 de Julio de 1752 “cayeron por el paraje por donde yo caminaba algunas gotas de agua, que después me dijeron haber sido nieve en Buenos Aires”. Esos registros dan cuenta además de otra nevada en 1715. "No tengo registros de 1800", dice el investigador, quien solicita a quien pueda aportar información en este sentido escribirle a su mail eduardo_felix_pire@yahoo.com.ar.
Además de desmitificar ese fenómeno como inusual, Pire utiliza las nevadas y heladas para cargar contra quienes, cree, exageran y asustan con el cambio climático. “Alguien que defiende el calentamiento que venga y me explique porque tuvimos todas las heladas que hubo en este invierno (e incluso heladas tardías -ver imagen-)”, desafía.
Calentamiento lógico y positivo
“La primera objeción que hago sobre el cambio climático es que el planeta en su devenir histórico se ha ido enfriando. Antes el magma y la lava estaban a flor de tierra y hoy están en la profundidad, como el resto del espacio es mucho más frío vamos perdiendo calor y también porque nos vamos alejando del sol. Eso no significa que en los períodos cortos geológicos, que para nosotros son cientos de miles de años, haya procesos de calentamiento y enfriamiento”, asegura Pire.
“Una de las cosas más llamativas es que hace unos pocos miles de años nosotros tuvimos una mini edad de hielo y estamos encontrando algunos organismos que quedaron sepultados. Y ahora estamos yendo hacia un período de calentamiento que es normal, lógico, dentro de lo plausible”, agrega.
En ese sentido, señala que ese calentamiento lejos de perjudicarnos, “nos beneficia”. “Como somos animales de sangre caliente, requerimos de energía para mantener el calor. Cuando la temperatura del medio es más cálida perdemos menos energía. La especie humana era de zonas tropicales”, precisa.
En cuanto a los problemas que generará esta nueva etapa, asegura que “es cierto que si se descongelan los casquetes polares, y muchos de los glaciares, habrá más agua, los océanos van a tener una mayor altura y van a inundar muchas de la ciudades costeras”, pero en contraposición asegura que “en Eurasia, que tiene la mitad del continente congelado la mayor parte del tiempo, va a haber millones de hectáreas descongelables que van a ser biológicamente activas”.
“El aumento progresivo de temperatura va a ser tolerable, no va a haber una tropicalización total. Además, ya hubo períodos mucho más cálidos que el nuestro, no es para alarmarse”, concluye Pire.


