Para un gobernante, no hay como no tener mochila.
Que lo diga sino Hermes Binner, que da por estos días liviano los primeros pasos como gobernador de Santa Fe con medidas que no sólo marcan una impronta propia, que lo diferencia de sus antecesores peronistas, sino que además cosechan la simpatía popular.
La más simbólica de todas es la decisión de levantar el vallado que rodeaba la Casa Gris para defender a los funcionarios de las constantes protestas, que en algún momento de los últimos años fueron realmente muy fuertes, de los damnificados por las inundaciones de 2003 en la ciudad de Santa Fe.
Y si bien dijo que la decisión obedecía a que sólo un funcionario que no hace bien las cosas no está tranquilo en su despacho, lo cierto es que pudo hacerlo porque nada tuvo que ver con las gestiones anteriores, corresponsables por acción u omisión de la catástrofe, que no sólo fue “natural”.
Si el gobernador hubiese sido Rafael Bielsa, ¿hubiera podido tomar una medida de este tipo cuando su candidatura llevaba el sello de la “continuidad”?
Sí, empezar sin mochila tiene sus ventajas.
Que lo diga sino Cristina Kirchner, que apenas después de los elogios a su discurso de asunción, tuvo que enfrentar un escándalo que le legó su marido, el de la valija del venezolano Antonini Wilson, y otros conflictos de arrastre de la economía nacional.
A ella, seguramente, le hubiese encantado arrancar sin peso en los hombros, como le pasa a Binner en Santa Fe. Acaso esa diferencia explique el rictus de una y la sonrisa del otro.
Que lo diga sino Hermes Binner, que da por estos días liviano los primeros pasos como gobernador de Santa Fe con medidas que no sólo marcan una impronta propia, que lo diferencia de sus antecesores peronistas, sino que además cosechan la simpatía popular.
La más simbólica de todas es la decisión de levantar el vallado que rodeaba la Casa Gris para defender a los funcionarios de las constantes protestas, que en algún momento de los últimos años fueron realmente muy fuertes, de los damnificados por las inundaciones de 2003 en la ciudad de Santa Fe.
Y si bien dijo que la decisión obedecía a que sólo un funcionario que no hace bien las cosas no está tranquilo en su despacho, lo cierto es que pudo hacerlo porque nada tuvo que ver con las gestiones anteriores, corresponsables por acción u omisión de la catástrofe, que no sólo fue “natural”.
Si el gobernador hubiese sido Rafael Bielsa, ¿hubiera podido tomar una medida de este tipo cuando su candidatura llevaba el sello de la “continuidad”?
Sí, empezar sin mochila tiene sus ventajas.
Que lo diga sino Cristina Kirchner, que apenas después de los elogios a su discurso de asunción, tuvo que enfrentar un escándalo que le legó su marido, el de la valija del venezolano Antonini Wilson, y otros conflictos de arrastre de la economía nacional.
A ella, seguramente, le hubiese encantado arrancar sin peso en los hombros, como le pasa a Binner en Santa Fe. Acaso esa diferencia explique el rictus de una y la sonrisa del otro.


