Entre mediados de 1997 y el primer semestre de 2008 se presentaron a rendir examen 25.803 letrados: 17.555 no aprobaron y 8247 (el 29%) dieron bien el examen, según los registros del Consejo de la Magistratura provincial, encargado de la selección de aspirantes.
Según el presidente del Colegio de Magistrados bonaerense, Carlos Lami, que también es consejero académico del Consejo de la Magistratura, "hay una falta de preparación que demuestra la necesidad de crear una escuela judicial que vaya formando los agentes con una preparación científica en gestión y en liderazgo, cosas que no se aprenden en el curso de una carrera universitaria".
Lami también mencionó como un condicionante de los magros resultados "la vastedad de los programas de examen" y consideró que es necesario establecer algún tipo de guía para los aspirantes, además de eliminar las disparidades entre los académicos encargados de tomar las pruebas.
Buenos Aires reúne casi el 40% de los servicios de Justicia del país y es uno de los distritos de mayor litigiosidad. En la provincia hay 1071 jueces; la justicia nacional (porteña) y federal cuentan con 911 magistrados.
Divididas las aguas entre quienes creen que el problema está en los exámenes y quienes lo atribuyen a la deficitaria formación de los aspirantes, la extensión en el tiempo de esta tendencia que muestran las estadísticas (con cifras tomadas desde el comienzo del mecanismo de exámenes con la creación del propio Consejo) dio paso a la controversia dentro del ámbito del derecho bonaerense. Sea como fuere, todos los consultados reconocen que el mecanismo de las pruebas debe ser mejorado.
Otros dos datos resultan relevantes a la hora de analizar el fenómeno: la mayoría de los concursantes tiene experiencia judicial previa y sólo el 10 por ciento de los rechazados hizo uso del mecanismo de revisión de su examen tras ser reprobado.
"No veo que haya un déficit en la formación básica universitaria; más bien, creo que a veces fallan los sistemas de evaluación", expresó, por su parte, Vicente Atela, vicedecano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Según Atela, "hay pruebas que parecen de laboratorio, que son técnicamente complejas y que no se condicen con la realidad".
Pedro Augé es vicepresidente del Colegio de Abogados bonaerense y fue durante cuatro años, hasta hace un mes, integrante del Consejo de la Magistratura. Según su visión, "los exámenes son mejorables, pero no están mal. La exigencia es el mejor tamiz para garantizar a quienes esperan justicia el nivel de los magistrados. Es cierto que muchos de los que se presentan no tienen condiciones ni conocimientos y, por suerte, son filtrados".
"Hay que mirar de dónde venimos, ya que muchos de los jueces que asumieron antes de que entraran en vigor los exámenes no los aprobarían", sostuvo Augé, que destacó la seriedad y celeridad del trabajo del organismo que, en los más de diez años que lleva funcionando, elaboró 2014 ternas de jueces.
A su turno, Alberto Silvestrini, académico integrante de mesas examinadoras del Consejo de la Magistratura y juez jubilado tras 45 años de actividad, sostuvo: "Tal vez, el modo de tomar los exámenes, el tiempo limitado, los nervios y la ausencia de soportes bibliográficos para consultar conspiran para generar malos resultados.
Fuente: La Nación


