Virginia Giacosa

"¡Bajen las banderas!", fue el grito que se oyó minutos antes de las 11.40 de la mañana, hora en que el presidente de la Nación Néstor Kirchner arribó al palco ubicado frente al Monumento a la Bandera, acompañado de su esposa Cristina Fernández.

La que gritó fue una mujer con su pequeña hija en brazos vestida de celeste y blanco. Agitando una mano, la señora, que había conseguido un lugarcito del otro lado de la calle pero justo enfrente del mandatario, pretendía que las agrupaciones que acababan de llegar a la explanada al ritmo de los bombos y los redoblantes se hicieran a un lado.

Aunque el "Bajen las banderas" es un pedido típico de los actos partidarios –donde las distintas fracciones pelean por identificarse con un determinado color político– esta vez el reclamo estaba puesto en boca de un puñado de rosarinos que se había acercado, precisamente, a la celebración del 20 de junio para homenajear a la bandera argentina.

Es que lejos de ser sólo el festejo del Día de la Bandera y de los 50 años del Monumento, la actividad de hoy en medio de un año electoral se tornó sin demasiado esfuerzo en un acto político, teñido fuertemente por los colores del partido justicialista.

Ya en la plaza 25 de Mayo, frente a la Catedral y a pocos metros del Monumento, se levantaba un pingüino inflable gigante que tenía en la espalda escrito "Proyección 2007". Alrededor de la figura rellena de aire se apostaba un grupo de jóvenes de Capital Federal nucleados en la agrupación Los ángeles de Cristina, que repartía folletos en apoyo a Agustín Rossi a los que se dirigían al festejo patrio.

El Movimiento Evita (alineado con Rafael Bielsa), Barrios de Pie (de la mano de Agustín Rossi) y los miembros de Federación Tierra y Vivienda (curiosamente adhiriendo al proyecto de Hermes Binner gobernador y Néstor Kirchner presidente) tuvieron también su lugar, a los empujones, frente al palco para saludar –como ellos eligieron llamarlo en cada uno de sus cantos– a su “pingüino de corazón”.

“Eso le enseñas a tus hijos. Acá somos todos argentinos”, gritó una señora que había llegado desde barrio Ludueña con toda su familia y a la que también le habían tapado la visión del presidente con una pancarta.

Y la argentinidad de la que hablaba la señora estaba más que presente con los colores celeste y blanco. Aunque según el personal de seguridad el público no superaba las 4.500 personas, mucho menos que otros años, ninguno de los presentes se privó de vestir los colores patrios.

Al punto que había menos escarapelas que prendas utilizadas en el año 2006 con motivo del Mundial de Fútbol y sacadas a relucir para esta fecha: camisetas argentinas, vinchas, gorros con puntas y bufandas desfilaban entre la muchedumbre.

Pero estaba claro que ni siquiera los que bufaban porque las banderas en alto no eran argentinas estaban ahí solamente para homenajear a la albiceleste. “Vine por las dos cosas. La bandera y el presidente”, se sinceró Susana, de zona oeste, que no se disgustó por la demora de Kirchner al desfile. “No importa, lo que vale es que llegó, sino eso hubiera sido terrible”, añadió.

En la misma línea opinó del festejo Marta de la zona sur. “Estoy contentísima, valió la pena esperarlo. Lo escuché atentamente, fue emotivo y estoy orgullosa de ser rosarina, argentina y de estar acá”. Aunque se mostró enojada por haber estado desde temprano y no poder ver ni siquiera de lejos al presidente y a su esposa a causa de las pancartas políticas que estaban adelante.

Tampoco faltaron los trabajadores de la construcción nucleados en la Uocra que aparecieron en medio de la gente con cascos plásticos característicos de su labor para saludar al presidente aunque sea desde lejos. También había movimientos de mujeres que se acercaron con pancartas pero no en favor de Kirchner, sino para elevar su reclamo: "Aborto legal y gratuito para no morir".

Y como ya lo habían anunciado, se hicieron presentes unos 700 asambleístas de Gualeguaychú que llegaron en caravanas de colectivos y autos particulares y soprendieron a todo el púbico con un desfile paralelo al de la bandera más larga del mundo. Comenzaron a desfilar junto a la enseña elaborada en el marco del proyecto Alta en el Cielo y, al llegar al palco, se separaron del grupo para mostrar a los funcionarios y sobre todo a las cámaras de televisión pancartas que decían: "No a Botnia" y "Basta de contaminación".

La que sí se fue con ganas de otra cosa luego de aquel chaparrón que empezó a diezmar al público justo cuando arrancaba el desfile cívico a caballo fue Elsa, de 60 años, que participó del festejo junto a su tío Francisco, de 92.
“Hace 50 años estuve acá con mi tío, que me trajo. Yo tenía diez años y ahora me tocó traerlo a mí. Estuvimos en la jura de la bandera nada más y nada menos que cuando se inauguró el monumento”, contó Elsa, con emoción.

Para Francisco, la jornada de hoy no fue ni parecida a la de hace 50 años atrás. “El festejo fue otra cosa, esto es pura política. Sólo se habla de lo que anunciará el presidente. Y los anuncios deberían ser todo el año, no sólo en el Día de la Bandera”, lamentó mientras se iba despacio bajo el agua que no paraba de caer.