En una fiesta como ésta, los personajes y el color no podían faltar. El Hombre Araña y la Pantera Rosa también corrieron la Sexta Maratón Internacional Día de la Bandera pero no quedaron entre los destacados. El primero dijo ser rosarino pero decidió no develar su identidad y aunque la máscara tapara su rostro, el pulgar hacia arriba fue una clara señal de que hizo propio la frase “no importa ganar, lo que importa es competir”. Evidentemente, esta vez, no usó sus poderes.

El otro es un francés de París, que suele competir en maratones bajo la piel del rosado personaje. El joven no fue uno de los primeros en vislumbrar el punto de llegada, sin embargo, su color no dejó a ningún observador indiferente.

Al costado del camino

A lo largo del recorrido siempre hubo personas al lado de los participantes, para alentarlos, ayudarlos y asistirlos. En el Monumento, se apostaron en los márgenes, desde los voluntarios que en medio de la carrera les entregaban Gatorade, los que les daban naranjas y bananas una vez terminada la competencia, pero también otros fueron hacerse unos pesos.

De cara al río un verdadero mercado de pulgas tomó cuerpo. Más allá del praliné, sólo se vendían productos deportivos y de acuerdo a uno de los comerciantes, todos los puestos eran de deportistas o gente vinculada al deporte que aprovechan el maratón para “intercambiar mercadería”.

También, tuvieron su oportunidad vendedores ambulantes de pochoclo, panchos y gaseosas. Incluso, un hombre se las ingenió bien: armó un puesto que ofrecía jugo natural de naranja. ¿Qué más sano en semejante ocasión?