Agua, agua y más agua. La lluvia no para y la ciudad no aguanta. Tras dos días enteros de mal tiempo, Rosario se convirtió en una ciudad acuática, tal como demustra un breve recorrido fotográfico.
Un tractor amarillo, tan amarillo como los pilotines de los empleados municipales que colaboran con Defensa Civil, ayuda en el traslado de evacuados en Nuevo Alberdi.
Otro punto conflictivo es la ruta 34, que estuvo bajo agua y a punto de estar bajo agua en forma intermitente, como lo demuestra el agua inquieta que se agita a pocos centímetros del paso rápido de los autos.
También la amenazante salida del arroyo Ludueña, que si bien las autoridades aseguraron que no se desbordaría, asustaba.
Y quizás la postal de la inundación: un auto que se hundió, a medias, empujado por la fuerza del agua, que parece decidida a llevarse todo a su paso.
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