La convivencia entre lo nuevo y lo viejo ha desatado la polémica, en todos los sentidos y en todas las épocas. Aureliano Saruá, presidente del Colegio de Arquitectos de Rosario, resumió la cuestión es pocas y simples palabras: “Hay viejas y viejas”. La observación de analogía femenina, sirvió para reflejar su postura frente a la preservación que el municipio mantiene sobre 2.200 inmuebles.

“Está bien preservar el patrimonio, pero hagamos políticas claras de preservación, no castiguemos al propietario de la propiedad patrimonial y tampoco seamos tan fundamentalistas de que porque sea vieja va a ser patrimonial. Hay viejas y viejas.”, expuso ante la pregunta de Rosario3.com sobre la problemática.

Para enfatizar sus palabras, el arquitecto dio un ejemplo: “La calle Corrientes, hasta Urquiza, viene fantástica, luminarias, negocios, todo. De Urquiza a Catamarca te encontrás que lo que es patrimonial es calamitoso, existen todos lo olores nauseabundos y el lugar se ha transformado en un baño público. Enfrente del edificio de Empleados de Comercio está todo tapialado. El cine Imperial, otrora cine hermosísimo, está cerrado y no hay políticas ahí. En la otra cuadra pasa lo mismo”, resaltó.

“Acá no hay una ley y hay que buscarle una vuelta porque la preservación sin nada es muy fundamentalista. El código civil permite la demolición pero implica muchísimas trabas que al final desalienta. Me parece bien, hay que conservar el patrimonio pero el dueño, ¿qué hace?. ¿Un conventillo? ¿Tapiala para que no se le llene de intrusos? ¿Qué hace cuando no puede vender su casa patrimonial?”, se preguntó.

En la vereda opuesta, el urbanista Enrique Klotzman expresó: “Se han demolido obras de arte para hacer edificios en nombre de la especulación. Muchas de estas demoliciones son verdaderos delitos”, señaló.

“Al Programa de Preservación lo veo con dificultades pero no con falta de ideas. En Argentina como en muchos países es muy difícil conservar aquellos edificios que llevan en sus espaldas un alto grado de valor cultural, sencillamente porque el presupuesto está orientado a la supervivencia”, continuó. “En Francia hay unos tres mil unidades conservadas pero el Estado acude a su resguardo. Acá se hace muy difícil apersonarse al propietario y decirle que su casa es propiedad patrimonial de la ciudad y que debe conservarla porque los recursos son escasos para llevar adelante la preservación”.