La guerrillera colombiana que escapó con niño de 4 años secuestrado fue incluida en el Programa de Reinserción del Gobierno Nacional, permanece bajo custodia en una guarnición militar y teme represalias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc): dijo que ella también se sentía cautiva.
La desertora es una joven que "tiene 22 años, pero el cuerpo de una sardina (nena) de 16; su cara es muy, muy de niñita y está muy asustada. En alguna forma, ella también estaba secuestrada", dijo a los medios locales el general Paulino Coronado, comandante de la Brigada 30 del Ejército en Cúcuta, en la zona cordillerana occidental.
El menor devuelto por la guerrillera había sido secuestrado a la salida del jardín de infantes, cuando era recogido por familiares, y ahora permanece con sus padres, una joven pareja de comerciantes cucuteña.
La familia de la joven miliciana, que se entregó a una base de la Brigada Móvil 5, en Arauca, no sabe que la chica estaba vinculada con la guerrilla desde hace dos años.
Según informan hoy los diarios colombianos, la joven ingresó a las Farc convencida por un miliciano que trabajaba en el mismo campo que ella. Aunque no participó en combates, hacía seguimientos e informaba el movimiento de las tropas del ejército en las sabanas araucanas, en la cordillera.
La chica era controlada por los guerrilleros, quienes seguían todos sus movimientos, las llamadas y con quienes hablaba, contó el general Coronado.
Cuando le dieron a cuidar al niño, la joven creyó que se trataba del hijo de una guerrillera, o de un guerrillero, o de algún jefe que no podía estar con el menor, como sucede en otros casos, pero comprendió luego que estaba haciendo un daño y decidió escapar con el pequeño, agregó el militar.
“Oiga chama (mujer), usted por qué se demoró tanto en venir a recibirme, estoy cansado de esperarla”, saludó el niño a la joven, la primera vez que la vio.
Según dijo a las autoridades, hace dos meses comenzó a sospechar que el niño estaba secuestrado, porque le empezaron a fiscalizar su comportamiento y a exigirle que se moviera de lugar cada 6 u 8 días.
Para los traslados, guerrilleros de civil los recogían en moto y pasaban por retenes del Ejército como cualquier familia de parroquianos.
El martes, cuando llegaron a Cúcuta, el niño no quería separarse de la chica. Lloraba y le pedía que no lo dejara. Y le prometía que su familia la recibiría.
Hoy, ella está bajo custodia y es probable que, aún cuando entregó al niño, afrontará cargos por secuestro. Ella dice que no se siente guerrillera y que no secuestró al menor.
La desertora es una joven que "tiene 22 años, pero el cuerpo de una sardina (nena) de 16; su cara es muy, muy de niñita y está muy asustada. En alguna forma, ella también estaba secuestrada", dijo a los medios locales el general Paulino Coronado, comandante de la Brigada 30 del Ejército en Cúcuta, en la zona cordillerana occidental.
El menor devuelto por la guerrillera había sido secuestrado a la salida del jardín de infantes, cuando era recogido por familiares, y ahora permanece con sus padres, una joven pareja de comerciantes cucuteña.
La familia de la joven miliciana, que se entregó a una base de la Brigada Móvil 5, en Arauca, no sabe que la chica estaba vinculada con la guerrilla desde hace dos años.
Según informan hoy los diarios colombianos, la joven ingresó a las Farc convencida por un miliciano que trabajaba en el mismo campo que ella. Aunque no participó en combates, hacía seguimientos e informaba el movimiento de las tropas del ejército en las sabanas araucanas, en la cordillera.
La chica era controlada por los guerrilleros, quienes seguían todos sus movimientos, las llamadas y con quienes hablaba, contó el general Coronado.
Cuando le dieron a cuidar al niño, la joven creyó que se trataba del hijo de una guerrillera, o de un guerrillero, o de algún jefe que no podía estar con el menor, como sucede en otros casos, pero comprendió luego que estaba haciendo un daño y decidió escapar con el pequeño, agregó el militar.
“Oiga chama (mujer), usted por qué se demoró tanto en venir a recibirme, estoy cansado de esperarla”, saludó el niño a la joven, la primera vez que la vio.
Según dijo a las autoridades, hace dos meses comenzó a sospechar que el niño estaba secuestrado, porque le empezaron a fiscalizar su comportamiento y a exigirle que se moviera de lugar cada 6 u 8 días.
Para los traslados, guerrilleros de civil los recogían en moto y pasaban por retenes del Ejército como cualquier familia de parroquianos.
El martes, cuando llegaron a Cúcuta, el niño no quería separarse de la chica. Lloraba y le pedía que no lo dejara. Y le prometía que su familia la recibiría.
Hoy, ella está bajo custodia y es probable que, aún cuando entregó al niño, afrontará cargos por secuestro. Ella dice que no se siente guerrillera y que no secuestró al menor.


