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Una investigación del Garrahan cambia el tratamiento de casos graves del cáncer ocular más frecuente en la infancia

Los profesionales del hospital infantil "tienen un motivo más para sentirse orgullosos de su trabajo: el descubrimiento de un nuevo biomarcador molecular que permite detectar mínimas cantidades de células tumorales del retinoblastoma"
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Un biomarcador para células tumorales del retinoblastoma fuera del ojo y a escala mínima en sangre, médula ósea o líquido cefalorraquídeo, descubierto por investigadores argentinos, permite dirigir de modo específico los tratamientos de las formas más graves del cáncer ocular más frecuente en la infancia y lo comienzan a adoptar otros países, beneficiando sobre todo a los de menor desarrollo en medicina oncológica.

Los profesionales del Garrahan "tienen, nuevamente, un motivo más para sentirse orgullosos de su trabajo: el descubrimiento de un nuevo biomarcador molecular que permite detectar mínimas cantidades de células tumorales del retinoblastoma", tras siete años de una investigación junto con la Universidad Nacional de Quilmes y el Conicet, destacó el hospital pediátrico.

El biomarcador CRX "posibilita atacar con mayor precisión los casos de metástasis del tumor, que tiene uno de los índices más bajos de curación en el mundo" y "cambia la forma de tratar los casos de retinoblastoma en los niños" cuando este tipo de cáncer ha avanzado.

El equipo liderado por el director del Instituto de Investigación del Garrahan y especialista en retinoblastoma, Guillermo Chantada, lo integraron Ana Torbidoni, Viviana Laurent, Daniela Ottaviani, Cristina Alonso, Jorge Rossi, Claudia Sampor, Valeria Vázquez, María TG de Dávila, Mariano Gabri, Adriana Fandiño y Daniel Alonso y contó con apoyo del Ministerio de Ciencia, el Instituto del Cáncer y la Fundación Natalí Dafne Flexer.

El nuevo indicador "permite detectar en forma muy precisa células tumorales en la sangre, médula ósea o líquido cefalorraquídeo a escala mínima", en este caso "1 en 1.000.000" cuando antes la posibilidad de detección era "mucho menor, cuando el tumor estaba muy avanzado para lograr una cura", explicó Chantada.

Para identificar este nuevo biomarcador el equipo trabajó con técnicas de biología molecular, específicamente con una herramienta denominada PCR que permite la amplificación de marcas moleculares como el ADN o RNA para detectar con alta precisión pequeñas cantidades de células.

Hasta ahora la expansión y metástasis del retinoblastoma en el resto del cuerpo sólo podía detectarse cuando el tumor ya estaba muy avanzado. Y su tratamiento era tan agresivo que requería, finalmente, alternativas intensas como un trasplante autólogo de médula ósea.

No obstante, señalaron, "en el 80 por ciento de los casos el cáncer reaparece: no logra curarse su incidencia en el sistema nervioso central, que es el sitio donde hace metástasis este tipo de tumor, a través de la conexión entre el ojo y el cerebro mediante el nervio óptico".

Chantada señaló que "el mayor problema es el diagnóstico tardío" del retinoblastoma, porque es altamante curable si se detecta tempranamente: "en Argentina se cura el 95 por ciento de los chicos", afirmó.

Pero en otros países menos desarrollados ese índice baja al 30 por ciento porque se detecta cuando la enfermedad ya no tiene cura. "Por eso estamos tratando de brindar una esperanza a estos niños", dijo el profesional del Garrahan, donde atienden la mayoría de los casos de Argentina y de naciones limítrofes.

Este biomarcador posibilita diseñar una nueva estrategia de cura al constatar tempranamente el avance del cáncer por fuera del globo ocular: "intensificar el tratamiento en el sistema nervioso mediante una novedosa combinación de quimioterapia por distintas vías de aplicación", detallaron.

La nueva técnica radica en aplicar quimioterapia por tres vías: una dosis muy alta por la arteria para tratar el nervio óptico, una directa al cerebro y otra dosis por vena para combatir la diseminación en la médula ósea.

Torbidoni, investigadora asistente del Conicet, dijo que "la gran diferencia" es que antes no llegaban al sistema nervioso y "el cáncer siempre volvía, por más que se limpiara la médula y se trasplantara aparecía de nuevo en el cerebro",.

Ahora los oncólogos pueden anticiparse a la gravedad de la enfermedad. El gran mérito del biomarcador se basa en la detección de una célula única en el ojo: “encontrarla en otra parte del cuerpo quiere decir que algo va mal, como si encontraras en una cocina un elemento que sabés que va en el baño”, ejemplificó.

Daniel Alonso, jefe del Laboratorio de Oncología Molecular de la Universidad de Quilmes, destacó el hecho de "capitalizar" técnicas desarrolladas en esa casa para tratar enfermedades pediátricas. "Es un fenómeno de transferencia de recurso humano y de conocimiento. Estamos orgullosos de entrenar profesionales y desarrollar técnicas para que después se utilicen a favor de los pacientes", afirmó.

La incidencia del retinoblastoma es de 1 caso cada 17.000 nacidos vivos -unos 8.000 casos nuevos al año en el mundo-. Casi la mitad de esos niños muere por la enfermedad, sobre todo en países en desarrollo.

En Argentina se detectan cada año entre 40 y 45 nuevos casos y el porcentaje de curación en el Garrahan alcanza el 95 por ciento, un índice "similar al de los mejores centros de salud del mundo", indica el informe.

El estudio fue publicado en la reconocida revista científica JAMA Ophthalmology bajo el título "Association of Cone-RodHomeoboxTranscription Factor Messenger RNA WithPediatricMetastatic Retinoblastoma".

Fuente: telam.com.ar

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