Las uñas pintadas de la muerta que estaban velando fue el detalle por el que la familia se dio cuenta que los restos no eran de quien ellos creían estar despidiendo. Lo notó la hija de la mujer fallecida, quien enseguida reaccionó, ya que su madre jamás llevaba arregladas de esa manera las manos.
El hecho ocurrió el pasado lunes en Acebal, donde a una sala de velatorio de la Cooperativa de Luz y Energía Eléctrica del pueblo llegó un cuerpo procedente de un sanatorio céntrico de Rosario, donde la mujer en cuestión había muerto unas horas antes.
La difunta, una señora mayor, había sido reconocida por su hijo, que viajó a identificarla entre dos cadáveres que aguardaban ser retirados del sanatorio. Pero en algún paso del reconocimiento o del traslado, a cargo de la cochería que prestó el servicio fúnebre, hubo un error y la mujer que llegó a Acebal no era la que correspondía.
Y con el velorio ya en marcha, la hija de la fallecida fue quien, al dudar de su identidad al verle el rostro, notó que las uñas de la mujer estaban pintadas, detalle que su madre no acostumbraba.
Casi como un reflejo, y en medio de un revuelo que fue difícil de disimular, el cuerpo fue trasladado nuevamente a Rosario y en cuestión de un par de horas ya estaban en la sala de Acebal los restos de la mujer que esperaban despedir allí.
Según trascendió, la muerta que se llevaron por error era de una familia de Rosario pero que al momento de ser devuelta al centro de salud todavía no habían ido a retirar.
Curiosamente, el caso cobró trascendencia fuera de Acebal el mismo día que en la localidad de Quilmes, un hombre que padece cáncer fue dado por muerto por los médicos pero camino a su velorio comprobaron que estaba vivo.
El hecho ocurrió el pasado lunes en Acebal, donde a una sala de velatorio de la Cooperativa de Luz y Energía Eléctrica del pueblo llegó un cuerpo procedente de un sanatorio céntrico de Rosario, donde la mujer en cuestión había muerto unas horas antes.
La difunta, una señora mayor, había sido reconocida por su hijo, que viajó a identificarla entre dos cadáveres que aguardaban ser retirados del sanatorio. Pero en algún paso del reconocimiento o del traslado, a cargo de la cochería que prestó el servicio fúnebre, hubo un error y la mujer que llegó a Acebal no era la que correspondía.
Y con el velorio ya en marcha, la hija de la fallecida fue quien, al dudar de su identidad al verle el rostro, notó que las uñas de la mujer estaban pintadas, detalle que su madre no acostumbraba.
Casi como un reflejo, y en medio de un revuelo que fue difícil de disimular, el cuerpo fue trasladado nuevamente a Rosario y en cuestión de un par de horas ya estaban en la sala de Acebal los restos de la mujer que esperaban despedir allí.
Según trascendió, la muerta que se llevaron por error era de una familia de Rosario pero que al momento de ser devuelta al centro de salud todavía no habían ido a retirar.
Curiosamente, el caso cobró trascendencia fuera de Acebal el mismo día que en la localidad de Quilmes, un hombre que padece cáncer fue dado por muerto por los médicos pero camino a su velorio comprobaron que estaba vivo.


