Los liberales toleran la ambigüedad y el conflicto de mejor modo que los conservadores debido al funcionamiento de su cerebro. A esta conclusión llegó la neurobiología de la política, a través de un experimento del cual se da cuenta en Nature Neuroscience y publica el diario Clarín, en el que científicos de la Universidad de Nueva York y de la de California demuestran que la orientación política se relaciona con diferencias en la forma en la que el cerebro procesa la información.
Los participantes eran alumnos universitarios con posturas políticas radicalizadas: unas muy liberales y otras conservadoras. A éstos se les ordenó pulsar una tecla cuando apareciera una M en el monitor de una computadora y abstenerse de pulsarla cuando vieran una W. La M apareció con cuatro veces más frecuencia que la W, condicionando a los participantes a pulsar una tecla como en una especie de reflejo rotuliano cada vez que veían una letra.
Cada participante estaba conectado a un electroencefalógrafo que registraba la actividad de la corteza cingulada anterior, la parte del cerebro que detecta los conflictos entre una tendencia habitual (pulsar una tecla) y una respuesta más apropiada (no pulsar la tecla). Los liberales tuvieron más actividad cerebral y cometieron menos errores que los conservadores cuando veían una W, informaron los investigadores. Pero fueron igualmente certeros en reconocer la M.
Frank. J Sulloway, investigador del Instituto de Personalidad e Investigación Social de Berkeley, que no participó en el estudio, manifestó que los resultados eran "una elegante demostración de que las diferencias individuales en materia de tendencias conservadoras o liberales tienen estrecha relación con la actividad cerebral".
Sulloway señaló que los resultados podrían explicar por qué el presidente norteamericano George Bush demostró un compromiso inflexible con la guerra de Irak y por qué algunos percibieron al senador John Kerry, el demócrata liberal de Massachusetts que compitió con Bush en las elecciones presidenciales de 2004, como un indeciso por cambiar de parecer sobre el conflicto.
Con estos resultados, precisó, se puede esperar que liberales acepten más fácilmente nuevas ideas sociales, científicas o religiosas.
David Amodio, profesor de la Universidad de Nueva York, advirtió que el estudio analizó un segmento muy estrecho del comportamiento humano y que sería un error concluir que una orientación política era mejor que la otra. “La tendencia de los conservadores a bloquear la información que distrae podría ser bueno en determinadas situaciones” explicó.
Los participantes eran alumnos universitarios con posturas políticas radicalizadas: unas muy liberales y otras conservadoras. A éstos se les ordenó pulsar una tecla cuando apareciera una M en el monitor de una computadora y abstenerse de pulsarla cuando vieran una W. La M apareció con cuatro veces más frecuencia que la W, condicionando a los participantes a pulsar una tecla como en una especie de reflejo rotuliano cada vez que veían una letra.
Cada participante estaba conectado a un electroencefalógrafo que registraba la actividad de la corteza cingulada anterior, la parte del cerebro que detecta los conflictos entre una tendencia habitual (pulsar una tecla) y una respuesta más apropiada (no pulsar la tecla). Los liberales tuvieron más actividad cerebral y cometieron menos errores que los conservadores cuando veían una W, informaron los investigadores. Pero fueron igualmente certeros en reconocer la M.
Frank. J Sulloway, investigador del Instituto de Personalidad e Investigación Social de Berkeley, que no participó en el estudio, manifestó que los resultados eran "una elegante demostración de que las diferencias individuales en materia de tendencias conservadoras o liberales tienen estrecha relación con la actividad cerebral".
Sulloway señaló que los resultados podrían explicar por qué el presidente norteamericano George Bush demostró un compromiso inflexible con la guerra de Irak y por qué algunos percibieron al senador John Kerry, el demócrata liberal de Massachusetts que compitió con Bush en las elecciones presidenciales de 2004, como un indeciso por cambiar de parecer sobre el conflicto.
Con estos resultados, precisó, se puede esperar que liberales acepten más fácilmente nuevas ideas sociales, científicas o religiosas.
David Amodio, profesor de la Universidad de Nueva York, advirtió que el estudio analizó un segmento muy estrecho del comportamiento humano y que sería un error concluir que una orientación política era mejor que la otra. “La tendencia de los conservadores a bloquear la información que distrae podría ser bueno en determinadas situaciones” explicó.


