Pablo Montenegro / Opinión

Central disfruta de un momento de efusividad y de desahogo. Y al decir Central, van involucrados todos sus actores: dirigentes, cuerpo técnico, hinchas y jugadores. Pero son estos últimos los auténticos y verdaderos responsables del éxito.

Porque conformaron, por lo que dejaron traslucir sus rendimientos, un grupo humano que supo solventar los malos momentos. Y porque cada uno en su puesto, a pesar de algunas variaciones individuales, alcanzó un nivel de rendimiento que se transformó en la base del trabajo colectivo.

Fueron clave el arquero y el cinco, Mauricio Caranta y Nery Domínguez, las dos mejores cartas de este conjunto que tuvo a algunos otros siete de espadas que ayudaron desde su lugar: Valentini, Encina, Méndez y Medina vienen un escalón más abajo.

También es para subrayar el trabajo de los marcadores de punta: Ferrari silencioso pero eficiente, Delgado más equilibrado y adulto; el aporte de Peppino, mucho más establecido que años atrás; la mejora de Lagos en la segunda parte del torneo y la cuota de Toledo, deslucido y torpe pero honesto y sacrificado.

Como actores de reparto (aunque no tanto), jugaron un papel valioso con algunos goles importantes Federico Carrizo y Néstor Bareiro, los hombres “12 y 13” del plantel. Y con su granito de arena pueden anotarse Pablo Bécker, Carlos Casteglione, Nicolás Freitas y Fernando Coniglio, de quienes se esperaba quizás un poco más.

Central edificó su vuelta en torno a un plantel que, como se ve, tuvo un rendimiento mayormente parejo en todas sus líneas, lo que transformó a la escuadra de Russo en un equipo previsible, y no por eso menos confiable y efectivo.