Un enfermero del Policlínico PAMI II, ubicado en Olivé 1159, en el norte de Rosario, fue condenado a cuatro años y seis meses de prisión tras hacerse cargo de haber vendido fentanilo, bromuro de vecuronio y otros fármacos que robaba de su trabajo y vendía como drogas recreativas.

El trabajador de salud Luis Benavidez aceptó esa pena en el marco de un acuerdo entre los fiscales Soledad García, Matías Mené y Martin Uriona y su defensa, en una audiencia realizada el 4 de septiembre ante el juez federal de garantías Carlos Vera Barros.

El condenado trabajaba desde 2014 en el Pami de barrio Arroyito y desde 2016 se desempeñaba en el área de Central de Materiales y Esterilización, dependiente del sector de Farmacia.

Los fármacos de exclusivo uso hospitalario que el enfermeró hurtó de la farmacia del Pami. Foto: GNA.
Los fármacos de exclusivo uso hospitalario que el enfermeró hurtó de la farmacia del Pami. Foto: GNA.

La investigación había comenzado a partir de la denuncia presentada por el padre de E.G.M., un hombre de 37 años que murió el 9 de agosto de 2023 luego de haber consumido distintas sustancias. 

El denunciante señaló al enfermero como quien le había suministrado fentanilo y bromuro de vecuronio, un poderoso fármaco de uso hospitalario exclusivo empleado en procedimientos de anestesia general y cuidados intensivos por tratarse de un relajante muscular.

La investigación de la Unidad Fiscal Rosario se inició en julio de 2025, cuando el padre de E.G.M. aportó información sobre las circunstancias que habían rodeado la muerte de su hijo.

El hombre entregó, entre otros elementos, el celular de su hijo, capturas de conversaciones mantenidas con el enfermero y un video grabado por la pareja de su hijo, en el que se observaba a él descompuesto y una ampolla de fentanilo que había encontrado en el domicilio.

Causa archivada, luego reactivada

La muerte había sido investigada previamente por la Fiscalía Regional de Rosario. En el lugar se habían encontrado una jeringa y un envase de bromuro de vecuronio, por lo que se había solicitado al Instituto Médico Legal que determinara en la autopsia la eventual presencia de esa sustancia. Sin embargo, el laboratorio informó que no contaba con técnicas puestas a punto para determinar la presencia de bromuro de vecuronio y valproato de sodio en sangre.

La autopsia concluyó que no podía descartarse una relación de la muerte con causas toxicológicas, aunque estableció como indeterminada la causa del fallecimiento. Con esos elementos, la investigación provincial fue archivada.

La denuncia ante la justicia federal permitió entonces orientar la pesquisa hacia el vínculo entre E.G.M. y el enfermero y, en particular, hacia la presunta comercialización de las sustancias que aparecían mencionadas en sus comunicaciones, de acuerdo con lo publicado por el portal Fiscales.gob.ar.

Los chats incriminantes

Entre las pruebas hay conversaciones de WhatsApp entre E.G.M. y Benavidez, cuyo número telefónico estaba registrado en el celular del fallecido.

En uno de los intercambios, el enfermero le informó que había conseguido bromuro de vecuronio. Ante la consulta sobre si era más fuerte que el fentanilo, respondió: “Obvioooooo”.

“Vecuronio. Así se llama. Es dos veces más fuerte”, le dijo el condenado en otro intercambio de mensajes, a lo que la víctima pregunta: “¿Si te pasás con eso te vas con Jesús?”.

Luego, frente al pedido de más fentanilo, el enfermero le indicó que tenía ampollas disponibles y agregó: “el fenta a 100”, en una referencia que la fiscalía interpretó como el precio ($100.000) de la sustancia. También le dijo que debía concretar la operación ese día porque tenía otro comprador.

La prueba incluyó además un audio de 17 segundos enviado por Benavidez el mismo 9 de agosto de 2023, poco antes del fallecimiento. Allí le daba indicaciones precisas sobre cómo administrar el contenido de las ampollas y le advertía sobre el riesgo de una sobredosis.

“Ey, Colo, escuchá. Preparate la ampolla acordarte del diez, con dos ampollas de esas, y después sacá un centímetro y volvele a cargar con una ampolla porque va a quedar muy concentrada y te vas a pasar para el otro lado, y hacete de a poco, cualquier cosa avísame”, se escucha decir al enfermero.

Después de ese audio, el enfermero volvió a enviar mensajes con emojis de asombro y de gestos requiriendo atención, para obtener una respuesta de su interlocutor, pero este no llegó a contestarlos: fue hallado muerto en su domicilio.

“Lamentablemente E. nunca pudo contestar esos mensajes. Lo encontraron en su departamento sin vida con una jeringa y un frasco de vecuronio”, había explicado el fiscal Mené sobre el desenlace fatal, en la audiencia de formalización del caso realizada el año pasado.

Los medicamentos hallados en los allanamientos

El 30 de septiembre de 2025, Gendarmería Nacional allanó el domicilio que Benavidez utilizaba en Rosario y la vivienda de sus padres en la ciudad entrerriana de Concepción del Uruguay.

En la casa de Rosario fueron secuestradas cuatro ampollas de fentanilo de 5 mililitros, cuatro cajas de bromuro de vecuronio que contenían 99 frascos, 98 jeringas hipodérmicas con agujas y distintas cajas y blísteres de medicamentos, entre ellos furosemida, metformina y Blokium.

También se secuestraron ampollas de adrenalina y otras sustancias medicinales, además de una bolsa que contenía material vegetal similar a cannabis.

El cotejo de los lotes permitió establecer que el fentanilo y el bromuro de vecuronio habían ingresado previamente al PAMI II.

Benavidez fue condenado como autor de los delitos de comercio de estupefacientes (por el fentanilo), venta de sustancias medicinales peligrosas para la salud disimulando su carácter nocivo (por el bromuro de vecuronio), hurto y tenencia ilegítima de arma de fuego de uso civil (por el hallazgo de una pistola en uno de los domicilios allanados), todos en concurso real. Además de la pena de prisión efectiva, se dispuso su inhabilitación especial por el mismo plazo de cuatro años y seis meses, para ejercer tanto cargos públicos como la profesión de enfermero.