Una mujer con pedido de captura por un microtráfico fue detenida este miércoles en un asentamiento de la periferia noroeste, señalaron voceros de la Policía de Investigaciones, fuerza que participó del procedimiento en el llamado barrio Fantasma, al norte de Fisherton.

La Brigada de Capturas detuvo a Analía I. (47) en Benteveo al 700, mientras la mujer tomaba mate en la vereda de su casa junto con un grupo de personas, según supo este diario.

Según los voceros del caso, Analía I. era buscada a solicitud del fiscal Franco Carbone tras denuncias que la señalaban como vendedora de drogas al menudeo, justamente en el domicilio donde fue detenida. 

La investigación se cruzó con la del homicidio de Gabriel Saucedo, un carrero que fue atacado a balazos el miércoles 8 de abril en un descampado de Tero al 9800, en el lindero barrio Los Unidos, como desenlace de un conflicto entre familias en un contexto de extrema precariedad, violencia exacerbada y narcomenudeo de subsistencia.

El mismo domicilio de calle Benteveo fue allanado días atrás por otras divisiones de la PDI (Unidad de Violencia Altamente Lesiva y Microtráfico), pero la mujer buscada no se encontraba en ese momento. 

Crimen como antesala al allanamiento

En declaraciones a Cada Día (El Tres), una cuñada de Saucedo relató que horas antes del ataque hubo un enfrentamiento entre mujeres de su familia y otro grupo de personas del barrio que las vienen hostigando desde hace un tiempo: el clan I., liderado por Brian, un joven de 27 años que se encuentra preso desde septiembre del año pasado, imputado por venta de drogas en Benteveo al 700, donde fue detenido con 30 gramos de cocaína.

Analía I. es la madre del recluso e integra la familia que tuvo protagonizó el conflicto con las allegadas a Saucedo, la víctima fatal.

“Tuvimos problemas de mujeres. A eso de las 18, mis hermanas fueron a comprar y dos chicas se les hicieron las malas y les pegaron. Era mano a mano, pero después apareció un hombre que quiso intervenir; ahí se metió mi hermano y ellas fueron a buscar a su banda”, reconstruyó.

Según su testimonio, tras ese episodio se produjeron amenazas que anticipaban un desenlace violento. “La madre de las chicas lo amenazó a mi hermano, le dijo: «va a haber bala para vos, vas a ver lo que te va a pasar»”, afirmó.

Siempre de acuerdo con el relato familiar, cerca de las 20 un grupo regresó armado al lugar –Tero al 8900–. “Vinieron y nos tirotearon. Nosotros estábamos sentados en la vereda y nos tiraron. También le tiraron a mi cuñado, que se cruzaba, y le dieron en la cabeza”, sostuvo la testigo y familiar de la víctima fatal, el carrero Saucedo, padre de dos niños y conocido como Chiquillo.

La mujer agregó que los conflictos con ese grupo no eran nuevos. “Con esta gente tenemos problemas desde el año pasado. Un tiempo no pasó nada hasta ahora, que nos empezaron a buscar problemas”, señaló.

Aquel miércoles fatídico, en las inmediaciones de la escena del crimen fue detenida una joven de 17 años, que quedó a disposición de la Fiscalía Especializada en Responsabilidad Penal Adolescente, además de dos mujeres aprehendidas por entorpecimiento del accionar policial.

La marginalidad y la pobreza del sector en cuestión se convirtieron en terreno fértil para el surgimiento de precarias, aunque violentas, organizaciones criminales que, de acuerdo con investigaciones de los últimos años, protagonizaron usurpaciones y muertes violentas, e incluso desapariciones, como el caso de Marilina Villalba y los carreros Manquito y Perunchi.

Detrás de estas acciones violentas y de aleccionamiento estaría la banda de Jonatan Brezik, un preso federal que alguna vez fue ligado a Los Monos y a quien le atribuyeron gerenciar con mano de hierro el negocio del narcomenudeo en barrio Gráfico, Fantasma, Los Unidos y en la Toma de Magaldi.