Este martes los israelíes votaron para elegir a los 120 diputados de la Knéset (Parlamento) en unas elecciones que muchos consideran un referéndum sobre Benjamín Netanyahu, el primer ministro que más tiempo ha gobernado en la historia del país, pero el cierre de los colegios es solo el comienzo de un proceso que puede alargarse semanas o incluso meses.
Por lo pronto, según informó Miguel Flores de EFE, con un 84 % escrutado, el bloque de Netanyahu aventaja al del opositor Gadi Eisenkot, pero ninguno de los dos llega a una mayoría para gobernar, con los partidos árabes como gran sorpresa y posible llave de gobierno al casi duplicar sus escaños.
Tras la publicación de los resultados oficiales, el presidente, Isaac Herzog, dispone de una semana para consultar a los partidos, que le recomendarán un candidato a primer ministro, y encargar formar Gobierno a quien considere con más opciones. Se abrirá entonces un plazo de 28 días, prorrogables otros 14, para celebrar investidura.
En un sistema en el que ningún partido logró desde la fundación del país en 1948 la mayoría absoluta de 61 escaños, el desenlace depende del recuento final, de los partidos que se queden a las puertas del umbral electoral y, sobre todo, de las negociaciones entre formaciones para sumar una mayoría.
"Israel puede convertirse en un país completamente distinto después de estas elecciones", aseguró la analista y exdiputada israelí de centroizquierda Ksenia Svetlova en un debate organizado pocos días antes de los comicios por el centro de investigación británico Chatham House.



