Javier Milei dispuso que un scrum de funcionarios de primera línea rodeara a Manuel Adorni para desembarcar en el Día de la Bandera. Posiblemente para diluir la presencia del jefe de Gabinete, de modo que las miradas y los comentarios no se concentren exclusivamente en él. Respecto de la indigerible permanencia en el cargo y su inclusión en la comitiva oficial, los anfitriones de Milei, el gobernador Pullaro y el intendente Javkin, evitaron enredarse en un juego que no es el suyo.
De ese trabajo se encargó María Victoria Villarruel. “No hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que Adorni”, dijo. La vicepresidenta lo hizo otra vez. Una única frase, corta, titulable para la prensa y ligera para volar en las redes sociales. Un estiletazo preciso sobre la herida ya abierta. Suficiente para ganar protagonismo a la par del presidente y evitar el olvido y el ostracismo al que pretenden confinarla.
La vicepresidenta se gestionó su propia presencia en el acto de a bandera. Y una vez llegado el momento desplegó su propio juego, a sabiendas que el desafío de concurrir a Rosario “por las suyas” incomodaría a la Casa Rosada y que un pestañeo de más o un gesto ambiguo desatarían interpretaciones de todo tipo.
Villarruel se mueve como un átomo suelto en el sistema político. Adolece de poder para movilizar y condicionar, pero tiene claro que su fortaleza, su visibilidad y su supervivencia dependen de incomodar a Milei y su gobierno. De hacer realidad que “no hay peor astilla que la del mismo palo”.
La interna libertaria es un dislate. Las 72 horas previas al acto, una vez confirmada la autoinvitación de Villarruel, ocuparon a Protocolo de Casa Rosada en que no se cruzara con Milei, que no tuviera que saludarla y no concederle protagonismo. Tan ridículo es todo que el izamiento de la bandera al ritmo de Aurora, que es un momento de los más emotivos cada 20 de Junio, lo operó una empleada municipal y no las autoridades institucionales para evitar que Milei tenga que compartir con la vice, porque en ese caso la transmisión oficial de TV no podría ignorar la imagen conjunta que el gobierno no quiere.
Dónde ubicar a la vice también fue motivo de idas y vueltas. Al final se acordó que se sentaría en primera fila –por su investidura no podía ser de otra manera–, en la silla más cercana a las autoridades nacionales, pero del lado destinado al funcionariado local. A su izquierda se asignó el lugar a la presidenta de la Cámara de Diputados, Clara García. Y a su derecha, pasillo de por medio, sentaron al presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, con el que conviven día a día. Él sí la saludó.
Milei y Villarruel se movieron en registros completamente distintos. Milei se bajó del helicóptero, fue al acto, leyó su discurso y partió de regreso. No intimó con el gobernador o el intendente, quizás porque no vea ganancia en ello, o quizás porque no quiera escuchar pedidos. Pero tampoco tuvo contacto con el público, ni siquiera con los adherentes movilizados por la diputada nacional Romina Diez. A ellos les agradeció los vítores que interrumpían su discurso, pero les recordó que se trataba de un homenaje a Belgrano. Una rareza, un león hervíboro a los pies del Monumento, dando un discurso que en su escritura y tono remitía a un discurso escolar. Nada más alejado de la marca que le dio fama y notoriedad al presidente, caracterizada por gritos, insultos y descalificaciones.
El Milei de este sábado resultó moderado y eso fue bueno para la celebración en general. Se conformó con poner a Belgrano al servicio de su batalla cultural, al que llamó “el primer intelectual liberal económico argentino”, título que evita profundizar en la evolución de sentido del liberalismo a lo largo de los dos siglos de mayores cambios de la sociedad humana como para reducirlo a la expresión extrema del liberalismo económico y social que es el libertarismo de ultraderecha que expresa el presidente.
Traído a un ejemplo de nuestros días es la distancia que existe entre el “primer intelectual liberal económico argentino” que promovía la industria como herramienta de desarrollo con el objetivo de revertir los términos de intercambio comercial heredados de la colonia, y el Milei que proclama la premisa “caiga quien caiga” y “la mejor política industrial es no tener política industrial”.
A medida que pasa el tiempo, la historia hace de goma a los próceres fundadores. Cada época, fuerza política e ideología destacan, reinterpretan y depositan en ellos valores e ideas con los que se pretenden legitimar los propios. Un rato antes que Milei, el gobernador Pullaro había hecho una interpretación de Belgrano históricamente más ajustada. “Era un hombre que pensaba en los que quedaban afuera”. “Sabía que la libertad sin educación y saber no tenía sentido”. “Los que se oponían a esas ideas para él eran tiranos”.
Pullaro encontró en la figura de Belgrano y su legado (a su turno también Javkin) una vía cuidada y amable para la delicada tarea de marcar distancia con el presidente que estaba frente suyo, las diferencias que tiene con el modelo libertario y reafirmar, sin explicitarlo, que es uno de los que quiere construir una alternativa electoral a La Libertad Avanza en 2027.
Sin embargo, por más que Pullaro marque diferencias al decir de cara al presidente y Adorni que en Santa Fe se hace obra pública “ahorrando, con transparencia y sin robar”, él y otros gobernadores no peronistas se oponen a que el Congreso deba avanzar esta semana con la moción de censura sobre el jefe de Gabinete.
La herramienta constitucional es adecuada para el caso de Adorni. Se lo mire por donde se lo mire, no se trata de un exceso o un arrebato de los legisladores. Es una cuestión que encaja perfectamente con las situaciones que contemplaron los constituyentes del 94 cuando pusieron en manos del Congreso la moción de censura para remover al jefe de la administración del Estado, es decir el jefe de gabinete.
Cualquiera de esos gobernadores hubiera echado a un funcionario suyo por mucho menos de lo que hizo Adorni. Entonces ¿por qué resisten que avance la moción de orden? Las argumentaciones son variadas. Están los que especulan con un favor que el gobierno central les deberá por no sumarse a la movida; los que consideran que la imagen de Congreso destituyendo al principal funcionario sería perjudicial para la economía; que agitaría los fantasmas de un gobierno que no ha dejado de ser débil por más que tenga más gobernabilidad que el año pasado; que sería más gravoso que el propio daño que el presidente y su hermana le hacen al gobierno sosteniendo lo insostenible.
En el caso del gobernador de Santa Fe, que dispone de autonomía política y económica suficiente como para que las urgencias no lo condicionen, justifica su posición en términos de gobernabilidad. Sostiene que los funcionarios los pone y los saca el presidente y que él no hace lo que no le gustaría que le hicieran a él. Si bien hay final abierto en el Congreso, esa posición podría llevar a los diputados santafesinos del PRO y los senadores de la UCR a no acompañar la moción de censura. No así a los diputados del socialismo, aunque todos conviven en el bloque Provincias Unidas, que cada vez menos replica la homogeneidad de Unidos en la provincia.
El encargado de medir gobernador por gobernador respecto de la moción de censura que empuja el peronismo y otras fuerzas minoritarias es el ministro de Interior Diego Santilli, el mismo que gestiona algún que otro ATN, garantías federales para créditos, adelantos de coparticipación y asistencia indirecta para pagar sueldos.
En ese contexto, el presidente Milei utilizó el acto del 20 de Junio para enviar un mensaje al Congreso. Por eso puso a Adorni en primera línea y rodeado por todo el gabinete, incluidos Patricia Bullrich, que es la que lo objetó en público, y Luis Caputo, que advierte que los logros macroeconómicos corren riesgo de entrar en zona de turbulencia política si el Congreso consiguiera avanzar en su remoción.
Después del acto, la fiesta
Tanto en el palco como en las tribunas el clima fue medido. Unidos y La Libertad Avanza se definen diferentes, incluso adversarios con intereses y electorados comunes, pero ambos identifican al peronismo como su principal contradictorio. Tiene lógica: nacieron y fueron elegidos en provincia y Nación para sacar del poder a gobiernos peronistas.
En el acto institucional del Día de la Bandera no hubo dirigentes peronistas. Las sillas reservadas para senador y diputados nacionales quedaron sin ocupar. Le hicieron vacío a esa parte de la celebración, no así al festejo popular donde se vio a Diego Giuliano, Juan Monteverde y otros referentes caminar entre escenarios, gazebos, el olor de la grasa de los pastelitos y las empanadas y el humo de los costillares a la estaca.
En términos concretos o simbólicos, la política nunca deja de jugar en fechas como el Día de la Bandera. Esta crónica política intentó reflejar algunas miradas en ese sentido. Para cerrar, sólo destacar que la fiesta mayor de la ciudad expone mucho más que eso. Una ciudad que lució la belleza escénica de la costa central, Messi y la bandera en las alturas y los mármoles del Monumento relucientes. Toda la zona céntrica transformada en un hormiguero de autos y personas más intenso que cualquier día de semana. Niños entusiasmados por jurar la bandera, marchas patrias llegando a almas a las que no llegan los otros 365 días del año y una fiesta popular convocante, diversa, cuidada y bien organizada.
Y cuando se acaba, “cuando el sol dice que llegó el final” como en la canción, un periodista perspicaz que todos los años se queda hasta que se apagan las brasas del concurso de asadores a la estaca suelta una observación que en la Argentina de Milei sugiere más de lo que dice: “Nunca sobraron tantos costillares sin vender… tremendo”.



