El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, anunció este lunes su renuncia al cargo, aunque aclaró que permanecerá en funciones hasta que el Partido Laborista defina a su nuevo líder en las próximas semanas.
La decisión llega después de meses de presión interna dentro del oficialismo, una fuerte caída en su popularidad y malos resultados electorales para el laborismo, que había llegado al poder en 2024 con una amplia mayoría parlamentaria.
Starmer comunicó su salida en medio de una crisis política que se profundizó en las últimas semanas y pidió al Comité Ejecutivo Nacional del Partido Laborista que ponga en marcha el proceso para elegir a su reemplazante. Según medios británicos, la presentación de candidaturas se abrirá el 9 de julio.
El dirigente laborista había asumido como primer ministro en julio de 2024, después de una contundente victoria sobre los conservadores, que puso fin a 14 años de gobiernos tories. Sin embargo, su gestión quedó rápidamente atravesada por dificultades económicas, cuestionamientos por cambios de posición política, tensiones internas y el avance de la derecha populista de Reform UK, liderada por Nigel Farage.
En su mensaje de despedida, Starmer defendió su gestión y aseguró que permanecerá en el cargo para garantizar una transición ordenada. También agradeció el respaldo de sus colaboradores y reivindicó los logros de su gobierno, aunque admitió que el partido debía iniciar una nueva etapa.
Entre los nombres que aparecen con más fuerza para sucederlo figura Andy Burnham, exalcalde de Mánchester y una de las figuras laboristas con mayor proyección nacional. Burnham viene de obtener un escaño en el Parlamento, un paso clave para poder competir por el liderazgo del partido y, eventualmente, convertirse en primer ministro.
La salida de Starmer vuelve a abrir un escenario de inestabilidad política en el Reino Unido, que en la última década atravesó una sucesión de primeros ministros desde el referéndum del Brexit de 2016. Desde entonces gobernaron David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y el propio Starmer.
El desenlace también generó repercusiones internacionales. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había dado por descontada la salida de Starmer antes del anuncio formal y lo criticó por su política migratoria y energética. La relación entre ambos se había deteriorado en los últimos meses, especialmente por diferencias en torno a la guerra con Irán.
El Partido Laborista deberá resolver ahora su sucesión mientras intenta recomponer su imagen pública y frenar el crecimiento de Reform UK, que capitalizó parte del descontento social con el gobierno.



