Las varices pélvicas son una enfermedad mucho más frecuente de lo que se creía, aunque durante años pasó prácticamente desapercibida. Se producen cuando la sangre que circula por el útero hacia el corazón se acumula en las venas ováricas porque las válvulas que deberían impulsarla no funcionan correctamente. Esto provoca la dilatación y tortuosidad de estas venas, generando síntomas que muchas veces se atribuyen a otras causas.
"Es una enfermedad a la que se le ha dado muy poca importancia antiguamente", explicaron desde Hospiten en Canarias (España). Según indicaron, los estudios más recientes muestran que entre el 10% y el 15% de las mujeres padecen esta patología, y hasta el 40% de ellas desarrolla dolor pélvico crónico.
El síntoma más característico es un dolor persistente en la pelvis, que suele intensificarse a medida que avanza el día, especialmente después de permanecer mucho tiempo de pie. También puede aparecer una sensación de pesadez o presión en la zona, molestias durante las relaciones sexuales y un aumento del dolor durante la menstruación. Como se trata de un cuadro poco específico, durante mucho tiempo estos síntomas fueron considerados "normales", lo que retrasó su diagnóstico.
El principal factor de riesgo es haber tenido dos o más embarazos. Durante la gestación aumenta el volumen de sangre circulante, las hormonas favorecen la dilatación de las venas y el crecimiento del útero puede comprimirlas, lo que facilita la aparición de estas alteraciones. Además, existen otros factores anatómicos que pueden dificultar el correcto flujo sanguíneo y favorecer la enfermedad.
Para detectar las varices pélvicas, la primera prueba que suele realizarse es una ecografía transvaginal. Si los síntomas y los antecedentes hacen sospechar la enfermedad, pueden solicitarse estudios complementarios como una tomografía o una resonancia magnética. Sin embargo, la prueba considerada de referencia es la venografía, que consiste en introducir un pequeño catéter por una vena del brazo hasta las venas ováricas e inyectar contraste para observar cómo circula la sangre.
Los especialistas remarcaron que, a diferencia de lo que ocurría años atrás, hoy existen tratamientos relativamente sencillos y, en muchos casos, ambulatorios. A través del mismo catéter utilizado para el diagnóstico pueden colocarse pequeñas espirales que ocluyen la vena afectada, permitiendo que la sangre encuentre otras vías para regresar al corazón. "Si no se tratan las varices pélvicas, el dolor puede hacerse crónico. Antes no había muchas posibilidades de tratamiento, pero ahora sí, por lo que evitarlo significa evitar un sufrimiento innecesario para la mujer", concluyeron.
Fuente: EFE.



