Un equipo de científicos de la Universidad de Sevilla (España) y del Instituto Nacional de Investigación Agrícola de Francia (INRAE), con sede en Toulouse, identificó una molécula producida por las bacterias intestinales que podría desempeñar un papel clave en la protección del aparato digestivo. El hallazgo fue financiado por la Junta de Andalucía y aporta nuevas pistas sobre el vínculo entre alimentación, microbiota y salud.
La molécula, denominada isovalerato, se genera durante el proceso de digestión de las proteínas y es capaz de reforzar la barrera natural que recubre el intestino. Esta estructura cumple una función esencial, ya que actúa como un filtro que impide el ingreso al organismo de microorganismos y otras sustancias potencialmente dañinas.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron distintas sustancias producidas durante el metabolismo de las proteínas y estudiaron sus efectos sobre el tejido intestinal. Los ensayos demostraron que el isovalerato aumenta la resistencia de esta barrera frente a agentes externos como bacterias, virus y toxinas, además de disminuir la permeabilidad intestinal.
El estudio también reveló que esta molécula activa mecanismos vinculados con la inmunidad innata, contribuye a proteger las células frente al estrés oxidativo y favorece el correcto funcionamiento del revestimiento intestinal. Asimismo, regula procesos biológicos relacionados con la inflamación y la actividad antimicrobiana.
El isovalerato se produce a partir de la degradación de la leucina, uno de los nueve aminoácidos esenciales que el cuerpo humano no puede fabricar por sí solo. Su presencia en el organismo está asociada al consumo de alimentos ricos en proteínas, como carnes magras, pescados, lácteos, legumbres como habas, arvejas secas y edamame, y semillas como los piñones.
Los resultados abren la puerta al diseño de estrategias nutricionales destinadas a estimular la producción natural de este compuesto, especialmente en personas que siguen dietas bajas en fibra y con un elevado aporte proteico. Los especialistas consideran que podría convertirse en una herramienta útil para prevenir alteraciones digestivas y procesos inflamatorios crónicos vinculados con desequilibrios de la microbiota.
Aunque los hallazgos son prometedores, los investigadores aclararon que aún resta avanzar en nuevas etapas de validación. El próximo paso será comprobar estos efectos en modelos más complejos y evaluar, a futuro, su posible aplicación en enfermedades digestivas e inflamatorias asociadas a cambios en la composición de las bacterias intestinales.
Fuente: EFE.



