Día a día, la inteligencia artificial no solo procesa la información disponible en internet, sino también las búsquedas, consultas y peticiones diarias de las personas. De este modo, plataformas como ChatGPT o Gemini acumulan un volumen significativo de datos sobre el perfil de cada usuario, incluso cuando esa información jamás se aportó de forma directa. Frente a este escenario, un análisis publicado por The New York Times recopiló cuatro preguntas para dimensionar el nivel de detalle y las inferencias que elaboran estos asistentes virtuales.

La primera consulta propuesta para las personas es: ¿Qué has deducido de mí que nunca dije explícitamente? A partir de este comando, los sistemas de IA pueden detallar estimaciones sobre el rango etario, el nivel económico, la ubicación geográfica o la situación personal del usuario. Entre los casos citados por el medio estadounidense, Gemini logró determinar la ciudad de residencia de una persona únicamente analizando consultas previas sobre vuelos con origen en el aeropuerto local.

La segunda pregunta formulada apunta al comportamiento de los usuarios frente a situaciones complejas: ¿Cómo crees que manejo temas que nunca te mencioné: dinero, estrés, conflictos, riesgos y decisiones futuras? Mediante esta consulta, los algoritmos trazan un mapa proyectivo sobre cómo reaccionaría la persona ante imprevistos económicos, presiones laborales o toma de decisiones a largo plazo.

El tercer interrogante indaga en aspectos de la conducta personal: ¿Cuáles crees que son mis puntos ciegos, inseguridades o cómo me perciben los demás? En este apartado, la herramienta identifica patrones de personalidad y sesgos que el propio usuario suele pasar por alto, ofreciendo un diagnóstico sobre el modo en que influyen sus hábitos cotidianos en la percepción ajena.

La última consulta aborda el terreno más confidencial: ¿Qué has deducido sobre mí que sería embarazoso o delicado si otros lo supieran? Este punto expone las conclusiones más personales del sistema. En una de las pruebas difundidas por la publicación, la IA definió a un usuario dentro de la categoría de "padre logístico", dejando en evidencia el fin de la etapa juvenil.

Las respuestas obtenidas confirman la capacidad de las inteligencias artificiales para entrecruzar datos dispersos y construir perfiles complejos que, si bien parten de búsquedas rutinarias, abren el debate sobre el uso comercial y la privacidad de la información.