A la hora de elegir el esmalte, no todo pasa por seguir el color de moda. Algunos tonos pueden convertirse en grandes aliados cuando se busca una manicura elegante, luminosa y que además ayude a que las manos se vean más frescas. Esta primavera, la tendencia apuesta por colores suaves, brillantes y clásicos que funcionan especialmente bien sobre pieles maduras.
Entre las opciones que pisan fuerte aparecen los nudes y rosas translúcidos, ideales para quienes prefieren un resultado natural. Al ser tonos delicados y ligeramente transparentes, dan una apariencia de uñas cuidadas y luminosas, siendo fáciles de combinar con cualquier look.
Otra alternativa es el cromo suave, con ese efecto satinado que refleja la luz sin llegar a ser demasiado llamativo. También pueden funcionar los acabados tipo aura o cat eye, siempre que se mantenga un brillo sutil. Y si hay un color que nunca falla, es el rojo clásico, especialmente en sus versiones cálidas, que aporta vitalidad y elegancia y sigue siendo un comodín para cualquier edad.
La francesita con blanco lechoso también se suma a la lista. El milky white resulta más suave que el blanco puro y, combinado con el diseño francés, genera un acabado limpio y prolijo. Para quienes buscan algo con más profundidad, el borgoña sigue vigente. Y, aunque fue uno de los grandes protagonistas de la temporada pasada, esta primavera se mantiene como una opción sofisticada sin necesidad de recurrir a tonos completamente oscuros.
¿Hay colores que conviene dejar de lado? No existen reglas rígidas para la manicura, pero los neones, amarillos muy intensos y naranjas vibrantes pueden hacer más visibles algunas manchas o variaciones de tono de la piel. Algo similar puede ocurrir con esmaltes demasiado oscuros, blancos muy puros, glitter grueso o pasteles excesivamente opacos. La clave, más que seguir una prohibición, está en elegir el acabado que mejor armonice con cada piel y en apostar por colores que aporten luz.



