La tasa de informalidad laboral llegó al 43% durante el cuarto trimestre de 2025 en el mercado de trabajo argentino, lo que implica que 4 de cada 10 trabajadores se desempeñan en ocupaciones no cubiertas por la legislación laboral, impositiva o de la seguridad social. Además, el indicador mostró una suba de un punto porcentual respecto del mismo período del año anterior. Se trata de un problema que se acrecienta en el mismo contexto que la desocupación, que subió al 7,5% de la población económicamente activa durante el cuarto trimestre de 2025.
El dato surge de un informe coordinado por Roxana Maurizio y Luis Beccaria y elaborado por el Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Allí se advierte que la informalidad dejó de ser un fenómeno marginal para convertirse en un rasgo estructural del empleo en la Argentina.
La conclusión a la que llega el informe es que la informalidad se estabilizó en niveles elevados. El propio trabajo remarca que la tasa actual repite valores observados en 2008, lo que implica que hace 17 años la economía argentina convive con un piso muy alto de precariedad laboral.
La precariedad golpea más a los jóvenes
Uno de los puntos más duros del informe aparece al mirar la edad de los trabajadores. La informalidad tiene una incidencia mucho más alta entre quienes recién ingresan al mercado laboral. Según el estudio, 7 de cada 10 trabajadores de entre 16 y 24 años son informales, una señal clara de las dificultades que enfrentan los más jóvenes para acceder a empleos registrados y con protección social.
Los autores precisan que, ya en el tercer trimestre de 2025, la tasa de informalidad juvenil había alcanzado 67,4%, casi 24 puntos porcentuales por encima del promedio general. El fenómeno deja al descubierto una fractura cada vez más visible entre quienes logran insertarse en puestos formales y quienes quedan atrapados en ocupaciones inestables, de bajos ingresos y sin cobertura.
La radiografía etaria del informe muestra además que la menor incidencia se da entre los trabajadores de 45 a 64 años —o hasta 60 años en el caso de las mujeres—, con una tasa de 34,2%. Les siguen quienes tienen entre 25 y 44 años, con 42,2%, mientras que el grupo de 65 años y más vuelve a exhibir niveles muy altos, con 57,8%. La conclusión a la que llegan los investigadores en este aspecto es que "la mayor incidencia de la informalidad se da tanto al comienzo como al final de la vida laboral".
El informe también muestra hasta qué punto la precariedad laboral se cruza con la pobreza. Entre los trabajadores informales, el 32% vive en hogares pobres y otro 27% se encuentra en situación de vulnerabilidad frente a la pobreza. Es decir, la informalidad no sólo implica menor protección legal: también aparece directamente asociada a condiciones más frágiles de ingreso y de vida.
En lo que respecta a género, predominan los hombres en el mercado informal, con un 54,6%, mientras que las mujeres ocupan el 45,4% del mismo.
Un problema estructural
El trabajo del IIEP-UBA también ubica a la Argentina en perspectiva regional. Entre nueve países de América Latina, el país aparece en el cuarto lugar en niveles de informalidad, detrás de Chile, Brasil y Costa Rica. La comparación es significativa porque América Latina, de por sí, es una región atravesada por la precariedad laboral. Que la Argentina se ubique en esa posición refuerza la idea de que el problema local ya no puede leerse como una anomalía coyuntural.
El informe coordinado por Roxana Maurizio y Luis Beccaria deja planteado algo más incómodo: la economía argentina lleva casi dos décadas sin poder perforar un umbral de informalidad que deteriora la calidad del empleo, amplía la desigualdad y restringe las posibilidades de movilidad social.
Por otra parte, Argentina se encuentra sexto en el ranking de países con mayor informalidad, por encima de Costa Rica (34,5%), Brasil (32,4%) y Chile (23,5%). La lista la lideran Perú (63,9%), Ecuador (58,9%) y Paraguay (56,6%), seguidos por México (49,2%) y Colombia (46,7%).



