El Gobierno nacional avanzó con una modificación de las reglas que regulan al transporte pesado y puso el foco en uno de los principales componentes de los costos logísticos: la capacidad de carga de los camiones.
El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, anunció la actualización del Anexo R del Decreto 779/95, reglamentario de la Ley de Tránsito, a través del Decreto 689/2026, firmado por el presidente Javier Milei, el ministro de Economía Luis Caputo y el ministro del Interior Diego Santilli.
Según explicó Sturzenegger en su cuenta de X, la modificación llega después de tres décadas y apunta a “agilizar y bajar costos del transporte terrestre”.
Más carga por camión: el Gobierno cambia una regla que tenía 30 años
Uno de los principales cambios es el aumento de los pesos permitidos por camión. La nueva normativa mantiene como referencia el peso máximo por eje, considerado clave para preservar la infraestructura vial, pero permite aprovechar una mayor capacidad de carga total de los vehículos.
Sturzenegger cuestionó la regulación anterior al señalar que existían camiones que técnicamente podían transportar más carga, pero que no podían hacerlo debido a restricciones establecidas por una normativa que el Gobierno considera obsoleta.
Para el sector agropecuario, el cambio tiene especial relevancia. En una actividad donde grandes volúmenes de granos, fertilizantes e insumos recorren largas distancias por ruta, una mayor capacidad efectiva de transporte puede impactar directamente sobre el costo logístico por tonelada.
Brasil marca el camino: buscan emparejar los camiones argentinos
Otro de los puntos centrales de la reforma es la equiparación de las medidas de los camiones argentinos con las utilizadas en Brasil.
El objetivo es reducir las diferencias regulatorias entre ambos mercados y facilitar una mayor integración del parque automotor de cargas dentro del Mercosur.
Sin embargo, el propio Sturzenegger reconoció que todavía resta avanzar sobre la normativa Mercosur para lograr una integración plena entre los vehículos de ambos países.
La modificación, por lo tanto, representa un primer paso para acercar las reglas argentinas a las brasileñas, en un mercado donde el transporte por carretera tiene un peso determinante para el movimiento de la producción.
Gas y electricidad: la normativa también se aggiorna
La reforma no se limita al peso y las dimensiones.
El Gobierno también modificó las reglas para contemplar las nuevas configuraciones de vehículos impulsados por combustibles alternativos, principalmente gas y electricidad.
La explicación oficial apunta a que la tecnología utilizada en este tipo de vehículos cambió sustancialmente durante las últimas tres décadas, por lo que la regulación vigente había quedado desactualizada frente a las nuevas alternativas de propulsión.
El cambio busca evitar que las características técnicas de estas unidades queden limitadas por una normativa diseñada en un contexto tecnológico muy diferente al actual.
¿Qué puede cambiar para el campo?
El impacto más directo para el agro estará vinculado a la posibilidad de transportar una mayor cantidad de carga por unidad, siempre dentro de los límites establecidos para cada eje.
En términos económicos, una mayor utilización de la capacidad del camión podría permitir distribuir determinados costos fijos —combustible, chofer, peajes y mantenimiento— sobre un volumen mayor de mercadería.
Para las cadenas agrícolas, donde el flete representa una parte significativa de los costos de comercialización y donde buena parte de la producción debe recorrer cientos de kilómetros hasta puertos, plantas de procesamiento o centros de acopio, cualquier modificación que mejore la eficiencia del transporte puede tener impacto sobre la ecuación final.
La verdadera dimensión del cambio, sin embargo, dependerá de cómo se implemente la nueva normativa y de las configuraciones de vehículos que efectivamente adopten transportistas y empresas.
El Gobierno apuesta a bajar el costo logístico
Con esta actualización, el Ejecutivo busca atacar uno de los problemas estructurales del transporte argentino: una regulación que, según su diagnóstico, había quedado atrasada frente a la evolución tecnológica y productiva.
Más carga, medidas compatibles con Brasil y reglas adaptadas a vehículos a gas y eléctricos son los tres ejes de una reforma que puede tener una incidencia particular en las actividades que dependen intensivamente del transporte terrestre.
Para el agro, el dato a seguir será si la mayor capacidad de carga se traduce finalmente en menores costos de flete por tonelada y una logística más eficiente para mover la producción.

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