Loma Negra, el malestar con Mindlin y una Rosario que acelera mientras empresas y productores esperan que aclare

Rosario sostiene obra pública, hoteles y eventos mientras el sector privado se mueve con cautela. Loma Negra multiplicó por 13 sus ganancias, pero su nuevo dueño también cerró una planta santafesina; Aapresid y productores prudentes

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Hay semanas en las que los balances empresarios, una exposición del agro, la ocupación de los hoteles y algunas conversaciones con industriales y comerciantes terminan contando prácticamente la misma historia. Esta fue una de ellas, porque detrás de datos que a primera vista parecen positivos se empieza a consolidar un estado de ánimo bastante más prudente.

Loma Negra multiplicó por más de trece su ganancia trimestral y Rosario apareció en ese mismo balance como una de las plazas que ayudó a amortiguar el desplome de los despachos de hormigón gracias a la obra pública. El Congreso de Aapresid regresó a la ciudad con buena convocatoria, los hoteles terminaron teniendo más movimiento del que algunos operadores esperaban y agosto abrió una seguidilla de cuatro meses de congresos, recitales, competencias deportivas y actividades capaces de mover una parte importante de la economía local.

Hasta ahí, la fotografía permite cierto optimismo. Sin embargo, alcanza con correr apenas el foco para encontrar otra cosa: en Aapresid había productores preguntando, mirando tecnología y haciendo números, pero mucho más cautelosos al momento de poner plata -el fenómeno del Niño no ayuda-; en la industria de maquinaria agrícola crece la preocupación por la apertura importadora y, sobre todo, por la velocidad con la que las empresas chinas empiezan a ganar terreno; y entre industriales y comerciantes se repite cada vez más una frase que quizás explique mejor el momento económico que cualquier indicador: “Esperemos que aclare”.

No predomina una sensación de derrumbe, pero tampoco de boom. Predomina la espera.

El número de Loma Negra que abrió otra discusión

Probablemente el dato empresario más interesante de la semana haya llegado desde Loma Negra. La mayor cementera argentina terminó el segundo trimestre con una ganancia neta de $7.043 millones, contra apenas $514 millones en igual período del año pasado, lo que implica un incremento del 1.269,7%. En el acumulado de seis meses ganó $50.418 millones, un 64,8% más que durante el primer semestre de 2025.

Sin embargo, lo más interesante no está solamente en la última línea del balance. Los volúmenes vendidos de cemento, cemento de albañilería y cal bajaron 1,4%; el hormigón cayó 18,6% y los agregados retrocedieron 12,2%. Incluso el EBITDA ajustado del trimestre disminuyó 2,5%.

Es decir, Loma Negra ganó mucho más dinero sin que su negocio operativo haya tenido un boom equivalente. Buena parte de la explicación estuvo en el resultado financiero: la pérdida financiera neta disminuyó de $22.291 millones a $5.626 millones, principalmente por una menor pérdida por diferencias de cambio sobre los pasivos en dólares.

Pero hubo otra línea del informe que en Santa Fe fue mirada con bastante más atención. Mientras el volumen de hormigón cayó casi 19% en el conjunto de la compañía, Loma Negra reconoció expresamente que ese resultado fue parcialmente compensado por mayores despachos en Rosario, respaldados por obras de infraestructura pública.

“A nosostros nos volvieron locos con los precios desde el inicio de la gestión, ahora veremos si les dicen algo en público porque venimos insistiendo que es difícil sostener los valores si no paran de subir insumos clave”, se despachó uno de los empresarios de la construcción consultados por Ecos365 por lo que está pasando con Loma Negra.

Rosario le dio una mano, pero el hormigón llegó más caro

No parece un dato menor. Rosario y Santa Fe vienen transitando una realidad bastante distinta de buena parte de la Argentina en materia de obra pública. Mientras la inversión nacional prácticamente desapareció de muchas provincias, el gobierno provincial y la Municipalidad mantuvieron abiertos decenas de frentes que sostienen constructoras, proveedores, transportistas y empleo.

En ese contexto, el balance de Loma Negra terminó confirmando desde el otro lado del mostrador lo que ya empezaba a verse en Rosario: la obra pública está moviendo cemento y hormigón en una plaza que se convirtió en una excepción dentro del mercado nacional.

El problema es cuánto cuesta. Esos mayores despachos llegaron en simultáneo con fuertes aumentos del hormigón elaborado en Rosario. El índice de materiales relevado por la Municipalidad mostró un incremento del 10% solamente durante mayo, muy por encima del promedio mensual de los materiales, mientras el cemento Portland acumulaba una suba del 21,5% en los primeros cinco meses del año.

Ese dato ya había despertado preguntas dentro de la construcción -tiene casi la mitad del mercado en Argentina-, pero leído junto con el balance de Loma Negra adquiere otra dimensión. La compañía admite que Rosario es uno de los mercados que permite compensar parte de la caída nacional del volumen mientras, en la ciudad, uno de los insumos fundamentales de esas mismas obras públicas registra aumentos importantes.

Y esa combinación no cayó del todo bien en sectores del Gobierno provincial.

El apellido que conecta dos historias

Hay además un elemento nuevo que vuelve más sensible la discusión: Loma Negra cambió de manos. Desde abril, la histórica cementera quedó bajo una nueva estructura accionaria encabezada por Latcem, sociedad liderada por Marcelo Mindlin, junto con Redwood Capital Management y fondos administrados por Moneda-Patria Investments. Mindlin asumió además como presidente de la compañía.

Después de años bajo control brasileño, Loma Negra volvió así a manos argentinas. Pero Mindlin tampoco es un desconocido en Santa Fe: es fundador y presidente de Pampa Energía, y hace pocas semanas esa compañía tomó una decisión que generó ruido en el corazón industrial de la provincia.

Pampa anunció el cierre de su planta de producción de caucho sintético ubicada en el Complejo Petroquímico de Puerto General San Martín. La compañía argumentó que la fuerte caída del mercado argentino del producto, agravada por la crisis de la industria del neumático y el cierre de Fate, volvió inviable la continuidad del negocio. La medida afecta aproximadamente a cientos de trabajadores, aunque la empresa señaló que buscará alternativas de reubicación.

No corresponde mezclar negocios completamente diferentes ni sostener que el cierre de una planta de caucho tenga alguna relación económica directa con el precio del hormigón. Pero para la política provincial existe una conexión imposible de ignorar: es el mismo núcleo empresario.

De un lado, Pampa Energía cierra una operación industrial en Puerto General San Martín; del otro, Loma Negra encuentra en la obra pública de Rosario uno de los pocos mercados que ayudan a sostener el volumen de hormigón. Mientras tanto, Santa Fe pone recursos, actualiza contratos y sostiene obras en un contexto en el que Nación prácticamente se retiró de ese terreno.

Ese cruce explica parte del malestar y abre la posibilidad de que en algún momento exista una conversación de alcance mayor con el grupo. No necesariamente para pedir precios administrados ni para cuestionar decisiones privadas, sino para hablar de inversiones, empleo, producción, cierres de plantas y relación con una provincia que está asumiendo con recursos propios parte del espacio que dejó vacante el Estado nacional.

Aapresid y el productor que volvió con la calculadora

Si la construcción dejó una fotografía llena de contradicciones, el campo mostró otra bastante parecida. El regreso del Congreso de Aapresid al Metropolitano logró recuperar un perfil de público mucho más ligado a productores del interior después de las dos ediciones realizadas en Palermo, pero ese productor volvió a Rosario con una actitud bastante más cuidadosa.

Hubo interés en nuevas tecnologías, agricultura de precisión, sensores, plataformas digitales, maquinaria y herramientas para mejorar eficiencia. La cuestión apareció cuando había que sacar la chequera. Expositores y empresarios coincidieron en que existe búsqueda de soluciones, aunque también una mayor cautela al momento de comprometer capital, particularmente cuando la inversión implica recambio de maquinaria o desembolsos importantes.

A eso se suma la incertidumbre climática, los costos que aumentaron medidos en dólares y una campaña que vuelve a poner el agua entre las principales preocupaciones. La Bolsa de Comercio de Rosario alertó, por ejemplo, sobre unas 150.000 hectáreas de maíz tardío en riesgo por exceso de humedad en la región núcleo.

El productor pregunta, mira, compara y hace cuentas, pero demora la decisión. Y para los fabricantes argentinos aparece además otro frente que durante Aapresid ocupó buena parte de las conversaciones: la apertura importadora y el avance chino.

China dejó de ser una hipótesis

Uno de los grandes jugadores del sector puso sobre la mesa un dato que circuló bastante entre industriales: durante el último año habrían ingresado aproximadamente 100 cosechadoras y unos 5.000 tractores importados.

En este último caso hay una salvedad importante, porque una proporción significativa correspondería a equipos de baja potencia vinculados a jardinería, mantenimiento de parques y pequeñas explotaciones, por lo que no todos compiten directamente con el tractor agrícola tradicional. Pero en las fábricas el número igualmente preocupa, no tanto por el volumen actual como por la tendencia.

La experiencia automotriz demostró con qué velocidad las marcas chinas pueden pasar de ser una rareza a convertirse en protagonistas. En maquinaria agrícola puede empezar a ocurrir algo parecido y la pregunta ya no es si China llegará, sino hasta dónde llegará y con qué precios podrá competir la industria argentina, especialmente en un escenario de costos locales crecientes en dólares.

Los hoteles tuvieron su primera prueba

El regreso de Aapresid también funcionó como test para otro sector. Los hoteleros habían comenzado la semana con cierta prudencia sobre cuánto podía derramar realmente el Congreso, pero el resultado terminó siendo mejor de lo que algunos esperaban.

Y eso importa porque Aapresid fue apenas la primera prueba de una agenda que recién empieza. Entre agosto y noviembre Rosario concentrará una sucesión poco habitual de congresos empresariales, encuentros profesionales, recitales, festivales culturales y competencias deportivas.

La pregunta dejó de ser si Rosario puede organizar eventos y pasó a ser cuánto dinero consigue dejar cada persona que llega. Atraer miles de visitantes sirve estadísticamente, pero el verdadero negocio aparece cuando esos visitantes duermen, comen, toman taxis, compran y permanecen más días en la ciudad.

Dentro de esa agenda, los Juegos Suramericanos serán probablemente la prueba más importante. La inauguración del Invencible Arena, en el predio de la ex Rural, forma parte de esa transformación y suma infraestructura permanente para la ciudad, mientras detrás existe una expectativa más ambiciosa: utilizar una buena organización como antecedente para discutir futuras postulaciones internacionales.

Y en distintos sectores ya aparece una palabra que hasta hace poco parecía excesivamente ambiciosa: Panamericanos. Esta semana se conoció que la ciudad podría tener una oportunidad para competir por esos juegos.

La Hidrovía, los prácticos y una apuesta que mira hacia la minería

Hay otra discusión que esta semana volvió a recordar por qué Rosario no puede pensar su futuro económico únicamente desde lo que ocurre dentro de la ciudad: la Hidrovía.

El conflicto con los prácticos expuso nuevamente hasta qué punto una decisión regulatoria puede alterar en cuestión de horas el funcionamiento de la principal vía de salida de las exportaciones argentinas. El Gobierno nacional debió revisar parte de los cambios después de una protesta que llegó a afectar a más de un centenar de buques y volvió a poner sobre la mesa una realidad que en la región conocen de memoria: cada modificación en las reglas de navegación tiene impacto directo sobre costos, tiempos y competitividad.

Al mismo tiempo, el Gobierno avanzó con la creación de una instancia de control para la Vía Navegable Troncal, otra pieza necesaria para el nuevo esquema de concesión. La discusión no pasa solamente por quién draga o cuánto se paga de peaje, sino por construir reglas suficientemente previsibles para una infraestructura por la que sale buena parte de los dólares que genera la Argentina.

Pero Santa Fe ya está mirando un paso más allá.

La próxima semana una delegación institucional de la provincia viajará a Chile para conocer de primera mano el funcionamiento de algunos de los principales puertos vinculados a la minería y analizar qué oportunidades puede capturar Rosario dentro del nuevo mapa logístico que está generando el desarrollo minero argentino.

La misión estará encabezada posiblemente por el gobernador Maximiliano Pullaro, el ministro de Desarrollo Productivo, Gustavo Puccini, y el intendente Pablo Javkin, junto con funcionarios provinciales, representantes del Ente Administrador Puerto Rosario y de Terminal Puerto Rosario (TPR). Entre las visitas previstas aparece Puerto Angamos, en Antofagasta, uno de los nodos logísticos relevantes para la minería chilena.

El viaje tiene bastante más importancia de la que puede sugerir una misión institucional. La minería que empieza a desarrollarse en el NOA y Cuyo obliga a definir por dónde ingresarán equipos, insumos y componentes y por dónde podrán salir productos vinculados a esa actividad. En esa carrera, los puertos del Pacífico parten con ventajas evidentes para determinados destinos, pero Rosario busca encontrar un lugar dentro de esas cadenas logísticas.

Para la región sería un cambio cualitativo. Durante décadas, la infraestructura portuaria del Gran Rosario se desarrolló fundamentalmente alrededor del agro y la agroindustria. La minería ofrece la posibilidad de sumar un nuevo driver de actividad, con movimiento de cargas, servicios logísticos, depósitos, transporte, operadores portuarios y proveedores.

En un momento en el que buena parte de la economía busca nuevos motores, diversificar la logística regional más allá del agro puede convertirse en una de las apuestas estratégicas más importantes de los próximos años.

La ciudad busca quién se anime

Mientras tanto, Rosario continúa moviendo otras fichas. La Municipalidad lanzó una licitación con una inversión base de $1.665 millones para construir un embarcadero de pasajeros, espacios comerciales y gastronomía en La Florida. El privado ganador deberá ejecutar las obras y podrá explotar comercialmente el predio mediante una concesión de 18 años.

El modelo empieza a repetirse: el Estado genera infraestructura o condiciones y después busca capital privado dispuesto a completar la inversión y explotar el negocio. La pregunta es quién se anima, porque algo parecido ocurre con otros activos de la ciudad.

Una sede del Banco Nación volvió a salir a remate después de no encontrar comprador en el intento anterior. No es un episodio capaz de definir por sí solo el mercado inmobiliario, pero encaja perfectamente dentro del clima actual: existen activos, aparecen oportunidades y los precios comienzan a acomodarse, aunque el comprador dispuesto a comprometer capital no siempre aparece con la misma velocidad.

Los empresarios creen, pero ponen menos

Quizás ningún dato represente mejor esa contradicción que la última encuesta de IDEA. El relevamiento entre 218 ejecutivos mostró que el 80% cree que la economía argentina estará mejor dentro de un año, el 74% espera crecimiento del PBI, el 68% proyecta una inflación menor y el 57% cree que bajarán las tasas.

Hasta ahí podría hablarse de optimismo. Sin embargo, sólo el 26% de los ejecutivos industriales considera que su propia empresa estará mejor, frente al 51% en servicios. Y aunque el 43% proyecta incrementar inversiones, el nivel de inversión sobre facturación cayó del 14% al 10%.

Es difícil encontrar una definición mejor del clima empresario: creen que la Argentina puede mejorar, pero todavía no ponen toda la plata sobre esa apuesta.

Los balances también cuentan países diferentes

Algo parecido aparece cuando se comparan compañías. Mientras Loma Negra multiplicó sus ganancias, Grimoldi cerró el primer semestre con una pérdida de $3.537 millones, de los cuales $3.510 millones correspondieron a los accionistas.

El resultado integral fue negativo en $4.251 millones, aunque la compañía mantiene un patrimonio neto superior a $123.000 millones.

No son empresas comparables y sería un error intentar extraer conclusiones lineales de dos balances tan diferentes. Pero juntas ayudan a mostrar algo: no existe una recuperación empresaria homogénea. Algunas compañías ganan más, otras pierden; algunas venden más pero resignan margen y otras consiguen mejorar fundamentalmente por la vía financiera.

La economía puede crecer y, al mismo tiempo, dejar sectores enteros mirando la recuperación desde afuera.

Santa Fe también empieza a gastar el colchón

La provincia tampoco tiene recursos infinitos. El equilibrio fiscal construido durante los primeros dos años de la administración Pullaro estuvo sustentado en una fuerte reducción real del gasto, pero el escenario comienza a cambiar a medida que se acelera la obra pública y se recomponen determinadas partidas.

El informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) mostró que Santa Fe había terminado 2025 con un leve superávit financiero equivalente al 0,07%, después de una contracción real del gasto total devengado del 9,3% entre 2023 y 2025. El ajuste fue especialmente fuerte durante 2024, mientras que posteriormente comenzó una recuperación que acercó algunos componentes del gasto a los niveles iniciales.

La obra pública es precisamente una de las variables que explica esa nueva dinámica. Y eso vuelve todavía más sensible la discusión con los grandes proveedores: Santa Fe podría conservar caja, pero eligió invertirla; podría acompañar la retirada de la obra pública nacional, pero decidió ocupar parte de ese lugar.

Si hace eso, necesita que los costos no conviertan esa estrategia en algo insostenible. Por eso la discusión alrededor de Loma Negra puede terminar teniendo bastante más contenido que un simple aumento del precio del hormigón.

Milei y un Gobierno que probablemente no cambie

Del otro lado aparece Nación. Los últimos tropiezos políticos y parlamentarios mostraron que el Gobierno enfrenta más resistencia que meses atrás y que parte de su agenda de reformas encontrará obstáculos, mientras la propia dinámica interna del oficialismo exhibe tensiones.

Durante mucho tiempo eso alimentó entre empresarios y dirigentes dialoguistas la expectativa de que, llegado determinado momento, Milei moderara algunas decisiones. Que el calendario electoral provocara algún programa para estimular el consumo, apareciera más crédito subsidiado o surgiera alguna versión del tradicional plan platita.

Esa expectativa empieza a desaparecer. Cada vez más empresarios parecen convencidos de que Milei es esto: que seguirá intentando bajar gasto, abrir mercados, desregular y evitar estímulos artificiales al consumo aunque enfrente costos políticos. Dicho de otra manera, que va a morir con las botas puestas.

Y paradójicamente esa certeza también obliga al sector privado a tomar decisiones, porque si no habrá otro libreto hay que aprender a jugar con éste.

Tal vez por eso la frase más escuchada esta semana entre empresarios industriales y comerciales no fue demasiado dramática ni especialmente optimista. Fue simplemente: “Esperemos que aclare”.

Por eso la discusión de fondo probablemente ya no pase por preguntarse cuándo Milei va a cambiar el programa. Tal vez eso ya esté respondido. La pregunta que empieza a importar es otra: si el Gobierno no cambia, ¿cuánto tiempo más estará dispuesto el sector privado a esperar antes de volver a acelerar?

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