Del entusiasmo a la cautela: por qué el mercado dejó de premiar a los activos argentinos

Los activos argentinos atraviesan dos jornadas de presión después de varias semanas de deterioro en los bonos y suba del riesgo país

     Comentarios
     Comentarios

El movimiento de las últimas jornadas tiene una característica que los inversores siguen con atención: la debilidad dejó de concentrarse exclusivamente en los bonos y comenzó a extenderse con fuerza a las acciones.

El martes, el S&P Merval perdió 3,2% en pesos y 4,7% medido en dólares, hasta los 1.876 puntos. Los ADR argentinos también sufrieron fuertes bajas en Wall Street, con Telecom entre las principales caídas. Al mismo tiempo, el riesgo país trepó hasta 466 puntos básicos, su nivel más alto en aproximadamente dos meses.

Este miércoles, en tanto, el mercado vuelve a mostrar una mayoría de activos en negativo, mientras los operadores siguen de cerca la licitación del Tesoro y esperan el dato de inflación de julio.

La pregunta que aparece en la City es sencilla: ¿se trata de una toma de ganancias dentro de una tendencia alcista de largo plazo o de un cambio más profundo en la percepción sobre Argentina?

Por ahora, la respuesta parece estar en un punto intermedio.

El mercado empezó a dudar de la velocidad de la mejora argentina

Durante buena parte del año, los bonos argentinos se beneficiaron de una combinación potente: mejora fiscal, acumulación de reservas, descenso de la inflación y mejoras en las calificaciones crediticias.

Ese escenario permitió que el riesgo país se acercara a la zona de los 400 puntos.

Pero el recorrido se frenó. En las últimas jornadas, el indicador de JP Morgan volvió a ubicarse por encima de 460 puntos. Según el análisis de mercado publicado esta semana, el deterioro argentino contrasta incluso con la evolución de otros países con calificación similar.

El mensaje no es que el mercado haya dejado de creer en el programa económico. El mensaje es que ahora exige más evidencia para seguir pagando precios elevados por los activos argentinos.

La política volvió a entrar en el precio de los bonos

Este puede ser uno de los factores más importantes.

Las próximas elecciones presidenciales todavía están lejos, pero los inversores comenzaron a mirar antes de tiempo la capacidad del Gobierno para sostener su programa económico y conseguir respaldo político.

El deterioro de algunos indicadores de confianza y de imagen del Gobierno aumentó las dudas sobre el escenario electoral de 2027. Eso no significa necesariamente que el mercado esté anticipando un cambio de rumbo económico, pero sí que la probabilidad de distintos escenarios políticos volvió a ser considerada en los precios.

Y los bonos son particularmente sensibles a esa discusión. ¿Por qué? Porque un bono argentino que cotiza a varios años vista depende no solamente de la capacidad de pago actual, sino también de quién gobernará, qué política fiscal tendrá el próximo gobierno y cuál será su relación con los mercados.

Por eso, cuando aumenta la incertidumbre política, el inversor suele pedir una tasa más alta. Y cuando aumenta la tasa exigida, el precio del bono cae.

EEUU volvió a ofrecer competencia

Hay otro cambio importante en la ecuación global. La tasa del Treasury estadounidense a 10 años se encuentra alrededor del 4,7%, mientras el bono a 30 años llegó a niveles cercanos al 5%.

Eso modifica la comparación que hacen los inversores internacionales: ¿para qué asumir riesgo argentino si puedo obtener una renta elevada en dólares con un activo estadounidense?

El Treasury funciona como referencia de riesgo para toda la renta fija global. Si su rendimiento sube, los activos más riesgosos tienen que ofrecer un premio mayor para seguir siendo atractivos.

Argentina, por lo tanto, enfrenta una doble exigencia: tiene que mejorar sus propios fundamentos y, al mismo tiempo, competir contra un mundo en el que el dólar volvió a pagar una tasa considerable.

Wall Street y Brasil tampoco están ayudando

La caída del martes ocurrió en un contexto internacional adverso.

El S&P 500 y el Nasdaq terminaron en baja, mientras el Ibovespa brasileño sufrió un fuerte retroceso. A esto se sumó la escalada del petróleo por las tensiones alrededor del estrecho de Ormuz y el conflicto entre Estados Unidos e Irán.

Para Argentina, el contexto externo importa especialmente porque gran parte del rally de los últimos meses estuvo acompañado por una fuerte búsqueda global de activos de riesgo.

Cuando esa búsqueda se modera, los mercados emergentes sienten el impacto y Argentina, por su mayor volatilidad, suele amplificar los movimientos.

El petróleo sube, pero YPF no logra aprovecharlo

Uno de los datos más llamativos de la rueda fue el comportamiento de YPF.

La petrolera presentó un resultado muy fuerte: informó una utilidad de unos USD 1.210 millones en el segundo trimestre y elevó su proyección de EBITDA para 2026. Además, confirmó la operación por la cual Edenor adquirirá la participación de YPF en Metrogas y Metroenergía por USD 780 millones.

Sin embargo, el ADR de YPF terminó cayendo 3,6% después de haber comenzado la jornada en positivo. Es una señal importante.

Cuando una empresa presenta buenos resultados, el petróleo sube y la acción igualmente cae, el problema probablemente no esté en los fundamentos particulares de esa compañía. Está en el posicionamiento general del mercado.

Algo similar ocurrió con bancos que presentaron balances positivos y, aun así, sufrieron fuertes bajas.

El mercado ya no compra solamente “buenas noticias”

Esto es quizás el cambio más importante en la percepción.

Durante la etapa de recuperación, cada señal positiva podía generar una nueva suba: mejores reservas, superávit fiscal, caída de la inflación, mejoras de rating, crecimiento de ganancias.

Ahora el mercado parece pedir algo diferente. Ya no alcanza con que las noticias sean buenas. Tienen que ser suficientemente buenas como para justificar el precio al que cotizan los activos. Esa diferencia es fundamental.

Los balances de empresas como YPF, Pampa Energía, Telecom y algunos bancos muestran resultados importantes, pero eso no necesariamente implica que sus acciones tengan que subir si los inversores están reduciendo exposición al riesgo argentino.

¿Qué está diciendo el riesgo país?

El riesgo país es probablemente el termómetro más claro del cambio de humor.

Después de acercarse a los 400 puntos, volvió a la zona de 460-470. Eso significa que el mercado está reclamando un rendimiento adicional para financiar a la Argentina.

No necesariamente implica una crisis de deuda, pero sí muestra que la compresión del riesgo país encontró un freno.

Y ese dato es especialmente relevante porque una de las grandes apuestas del mercado era que Argentina pudiera recuperar progresivamente el acceso al financiamiento internacional.

Con un riesgo país nuevamente por encima de 450 puntos, ese regreso aparece más lejano.

La licitación del Tesoro: otro examen para el mercado

El Gobierno enfrenta además una prueba inmediata: la licitación de deuda de este miércoles.

El Tesoro busca renovar vencimientos por alrededor de $4,5 billones.

En un contexto de mayor cautela, los inversores miran no solamente cuánto dinero consigue Economía, sino a qué tasas, a qué plazos y con qué instrumentos.

Una buena licitación podría ayudar a estabilizar la curva de pesos.

Una demanda más débil o tasas más exigentes, en cambio, podría reforzar la percepción de que el mercado está empezando a pedir un mayor premio para financiar al Estado.

La inflación de julio aparece como el próximo gran dato

El otro evento que concentra la atención es el IPC de julio.

El dato todavía no se conocía al momento de la apertura de esta jornada y el mercado esperaba una inflación cercana al 2% mensual.

El número será importante por dos motivos. Primero, porque confirmará —o no— la velocidad de desinflación. Segundo, porque tendrá impacto sobre las expectativas de tasas en pesos y, por esa vía, sobre el atractivo relativo de los instrumentos de renta fija.

En este mercado, un dato de inflación no mueve solamente los bonos CER: puede modificar toda la relación entre pesos, dólares, tasas y acciones.

¿Entonces los inversores están abandonando Argentina?

No necesariamente. La lectura más precisa es otra: están reduciendo la tolerancia al riesgo y siendo más selectivos.

Eso explica por qué todavía aparecen activos puntuales que suben incluso en jornadas negativas. Metrogas, por ejemplo, saltó más de 8% el martes tras conocerse la operación con Edenor, mientras la mayoría de las acciones argentinas terminó en rojo.

El inversor no está diciendo “no quiero Argentina”. Está diciendo: “Quiero que me paguen lo suficiente por asumir el riesgo argentino”. Y esa diferencia puede determinar el comportamiento del mercado durante los próximos meses.

Qué mirará la City a partir de ahora

Hay cinco variables que probablemente definan si esta corrección es solamente una pausa o el comienzo de una etapa más complicada:

1. Riesgo país: si vuelve hacia 400 puntos o permanece por encima de 450.

2. Inflación: si la desinflación continúa al ritmo esperado.

3. Reservas y dólares: la capacidad del Banco Central de seguir acumulando reservas será una señal clave.

4. Política: cómo evolucionan las encuestas y la capacidad del Gobierno para construir alianzas de cara al proceso electoral.

5. Tasas internacionales: si los Treasuries permanecen cerca del 5%, Argentina deberá ofrecer un premio mayor para competir por los dólares.

El verdadero problema: las expectativas

La caída de bonos y acciones no significa que los fundamentos económicos argentinos se hayan dado vuelta en 48 horas.

De hecho, algunos indicadores siguen mostrando mejoras y varias compañías están presentando resultados sólidos.

Lo que cambió es la relación entre expectativa y precio.

El mercado ya había incorporado una parte importante de la mejora argentina. Ahora necesita comprobar que esa mejora puede sostenerse, atravesar un período electoral y traducirse en una reducción permanente del riesgo.

Por eso, más que una corrida contra Argentina, lo que se observa es una revaluación del riesgo.

Después de una fuerte recuperación, los inversores se volvieron más exigentes.

Y mientras los bonos esperan nuevas señales fiscales, políticas y financieras, las acciones enfrentan una pregunta todavía más incómoda: si los balances son buenos, pero el mercado igual vende, ¿cuánto riesgo argentino está dispuesto a pagar el inversor?

La respuesta a esa pregunta probablemente determine si el actual tropiezo termina siendo una toma de ganancias o el comienzo de una nueva etapa de mayor volatilidad.

Comentarios