Más de una década atrás, un nene apodado Pelo Duro aterrorizaba a los vecinos de la zona de La Siberia con sus robos violentos. El debate sobre qué hacer con ese pibito indomable y pendenciero, que hoy está preso por narcotráfico y asociación ilícita, ya encendía a las audiencias. En 2024, la participación de cuatro muchachos en los homicidios a trabajadores que en marzo pusieron en vilo a la ciudad, renueva la conmoción social y la polémica. ¿Quiénes y cómo son los pibes que jalan el gatillo bajo la orden y la planificación de adultos? ¿Por qué y para qué se convierten en tiratiros a sabiendas que el destino podría ser cárcel o muerte? Rosario3 indagó sobre el perfil del nuevo bandido adolescente de la mano de especialistas, quienes coincidieron en que son chicos adultizados, que acceden a meterse en el delito para hacerse rápidamente de dinero que les permita comprarse cosas. Capitalismo puro y duro.

El viernes 12 de abril, desde el Centro de Justicia Penal de Rosario se ventilaron los detalles sobre los crímenes de los taxistas Héctor Raúl Figueroa (43 años), Diego Alejandro Celentano (38), el colectivero Marcos Iván Daloia (39) y el playero Bruno Bussanich (25). Se les atribuyó a M.M de 17 años, M.C. de 16 años, a menores no punibles, D.M.G de 15 años, y C.N.T de 15 años, y junto a personas aún no identificadas; el haber formado parte del grupo que ideó y perpetró una parte de los ataques armados destinados a generar temor y conmoción pública en la ciudad de Rosario tras la selección de objetivos sensibles, como respuesta al endurecimiento de los regímenes de detención en las unidades penitenciarias, tanto en el Servicio Penitenciario Provincial como en el Servicio Penitenciario Federal.

Durante la audiencia imputativa quedó demostrado que los gatilleros fueron jóvenes de entre 14 y 17 años, específicamente seleccionados por su edad y hasta “coacheados” para cometer los hechos. Los testimonios que brindaron ante la Justicia y que fueron ventilados, helaron la sangre. Entre sus dichos, confiaron que recibieron entre 200 y 400 mil pesos a cambio del “trabajo” y que con ese dinero comieron en un shopping. La estupefacción social quedó evidenciada en la apreciación del fiscal interviniente, Adrián Spelta, quien en diálogo con Radiópolis (Radio 2), advirtió: “No habíamos visto antes esta planificación tan marcada con menores”.

Una imagen que resume la ola de crímenes que paralizó a Rosario en marzo. (Alan Monzón)

Solos

¿Cómo son los chicos que son captados por el narcocrimen en Rosario para cometer delitos y cuáles son sus motivaciones? Rosario3 consultó al respecto a la jueza de menores, María del Carmen Musa, quien aseguró que en su mayoría, el delito adolescente, en el que el consumo de drogas ilícitas se ha naturalizado, es contra la propiedad y que desde hace al menos una década, se agravó por el uso de armas de fuego que antes eran prácticamente ajenas para estos pibes.

Para la magistrada, hay distintas “categorías” de delincuentes juveniles: “Está quien comete un único robo en su vida haciéndolo para acompañar a otros o por puro impulso, o para hacerse de un dinero rápido que le permita comprarse un par de zapatillas. La mayoría de los casos son éstos”, planteó y agregó: “Está el que despliega este tipo de conductas porque así lo hizo su padre, el marido de su madre, su hermano mayor, su cuñado, y sigue la lista de parientes –con el auspicio de las mujeres–; familias donde la cárcel es una instancia que hay que atravesar (como las vacunas)”.

Los distintos perfiles de delincuente juvenil (www.iniseg.es)

“Está también –continuó– y esto es nuevo para nosotros, quienes pertenecen a una organización criminal asumiendo funciones específicas e, inclusive, participando en la primera línea de mando. Estos últimos han dejado de ser niños pese a su edad. Todos tienen la cotidianeidad desorganizada. No hay horarios para levantarse ni para irse a dormir. No hay escuela: en el mejor de los casos, apenas terminaron la primaria. No hay persona adulta a quien reportar, no han podido limitarlos. Falta la figura de apego. Fuero puestos a caminar solos cuando eran muy pequeños”.

Y por último, “un fenómeno también novedoso es la participación de novatos en delitos graves como son los abusos de arma y los homicidios. Escuchándoles el relato de lo que actuaron y corroborado su modo de vida por la Secretaría Social del Juzgado, advertimos que en muchos casos -no en todos- fueron obligados u engañados (por ejemplo, se les toma el teléfono y se efectúa la llamada telefónica que origina el itinerario del facto)”.

Altas llantas en el shopping

Los pibes reclutados por adultos para hacer de sicarios o tiratiros son chicos sanos que no presentan adicción a sustancias, y que demuestran apego a sus familias, pero que viven como adultos, autogestionando su economía. Son muchachitos que usan zapatillas de marca y acuden a los shoppings de la ciudad.

La descripción elaborada por una fuente judicial que prefirió no identificarse, pone en jaque el mito del pibe chorro marginal y coincide en algunos puntos con lo expuesto por Musa: se trata de adolescentes que sin ataduras morales son seducidos por los supuestos beneficios que brinda el universo narco, entre ellos, el acceso rápido al dinero. Consideran que es una forma válida de vida, se cuidan solos, no responden a padres ni madres y se bancan sus propios gastos.

Los pibes que delinquen buscan acceder a objetos de consumo que desean (Pinterest).

Hay una estructura criminal integrada por gente mayor de edad que les pone un arma en la mano porque son pibes inteligentes, despiertos y saben lo que hacen. Las bandas, según mencionó el especialista, no contratan inexpertos sino a jóvenes capaces de matar sin que interfiera en ello el valor de la vida y la muerte.

Esta fuente judicial consideró que no existe un resentimiento identitario en estos chicos delincuentes, quieren a sus padres, quienes muchas veces, como precisó Musa, forman parte del negocio narco. De esta forma, los pibes crecen viendo a su mamá o papá fraccionando cocaína en casa o atendiendo un kiosco, un laburo “piola” que les abre un abanico de consumos y con ellos, un lugar en el mundo en el que tener dinero es lo que cuenta.

Por qué

El licenciado en Ciencias Políticas, Luciano Vigoni, ex director del Programa Nueva Oportunidad, con amplia experiencia y conocimiento de la problamática, cuestionó: “¿Cómo se explica que un pibe de 15 años cometa un homicidio?”. No hay una sola respuesta sino un conjunto de cuestiones a tener en cuenta. Para el profesional, se ha subestimado por mucho tiempo la participación de chicos en el crimen. “Cuando dejó de haber una crisis alimentaria y empezaba a haber, sobre todo en la década de 2000, una mejora en las condiciones materiales de vida, hubo una inclusión al consumo, pero sin herramientas, sin políticas públicas, que conformen comunidad”, observó y añadió como fundamental el peso de la desigualdad, “no solo en términos de materialidad, sino también de construcción de identidad”.

En ese sentido, explicó: “Se fue gestando durante mucho tiempo una generación sin la construcción de una identidad de lo común, en la que la vida no está atravesada por los vínculos, sino por los consumos. Entonces, lo que va regulando la existencia es el consumo, no el trabajo ni la educación”. “Hoy la constitución de la identidad –apuntó– en muchos de los barrios de Rosario está dada por la narco criminalidad, porque no hay clubes y no está el Estado y lo que regula es el mercado”.

Vigoni estableció que “el consumo llena el vacío de la angustia y obviamente va generando identidades”. Y precisó en ese sentido: “La identidad que genera el celular, la que genera la llanta, la que genera el tirar tiros. Te la genera el pertenecer a una estructura porque resulta también difícil en esas condiciones generar una perspectiva de desarrollo a un largo plazo, menos en la sociedad de la inmediatez en la que vivimos”.

“La mayor violencia no está en los peores lugares de la ciudad”, destacó a continuación. “Los lugares con menores condiciones materiales de vida, no son los que tienen mayores niveles de violencia, sino los sectores que han sido de trabajadores, una clase media baja que reventó en los 90'. Son hijos y nietos de laburantes, no están en la pobreza extrema, sino que, indudablemente, hay algún grado de materialidad también”. A diferencia de lo analizado arriba, el licenciado reconoce cierto enojo y angustia en los chicos que delinquen: “Son pibes que ven en sus viejos la falta de guita, de poder vivir de una determinada manera. No toleran seguir viviendo. Y aparece la plata (del narco) como medio de consumo de estos elementos que dan identidad”.

“¿Qué se hace con un menor de 16 años que comete un delito?", la gran pregunta. (www.inesem.es)

 La edad de imputabilidad

"Quienes creen que los menores son víctimas de un sistema injusto, llévenselos a sus casas". La voz del gobernador Maximiliano Pullaro es una bandera de la baja de la edad de punibilidad en Santa Fe, donde actualmente los chicos menores a 16 años no son carcelables y los que tienen entre 16 y 18 pueden ser enviados a instituciones de encierro, como por ejemplo, el ex Irar en Rosario. Tras conocerse que la ejecución de los trabajadores en marzo fue perpetrada por adolescentes, el jefe de la Casa Gris insistió con que “los menores que cometen delitos de mayores paguen como los delitos de mayores”. Así, el debate sobre la imputabilidad de niños y adolescentes volvió a discutirse.

En conversación con Rosario3, Estrella Moreno Robinson, defensora general de la provincia de Santa Fe, puso en relieve que el sistema penal actual agrava la pena de aquellos delitos cometidos con intervención de menores de 18 años con el objetivo de reprimir el fenómeno delictivo de utilizar menores para la comisión de delitos. Tras explicar que, actualmente, los chicos de más de 16 años son sometidos a condiciones de encierro similares al encarcelamiento de personas adultas, aclaró: “Hoy en Santa Fe hay 60 menores en tratamiento en estos institutos cuando en cárceles hay 11.136 adultos, quiere decir que la cantidad de menores que comete delitos es un 0,5%. Siempre es ínfima la cantidad de menores que cometen delitos en relación a los adultos”.

¿Qué se hace con un menor de 16 años que comete un delito?”, se preguntó y consideró que debería intervenir la Secretaría de Niñez. “No podemos como sociedad naturalizar que los menores de 16 años sean instrumentalizados, que maten y que nos conformemos con decir «bueno vamos a bajar la edad de imputabilidad»”, opinó.

Aseguran que solo el 0.5 por ciento de presos en Santa Fe son adolescentes.(arroyitociudad.com.ar)

Para la defensora, “Argentina tiene el compromiso de intentar que esto no suceda, de que los chicos estén en marcos de protección y además, cuando esta discusión se da en nombre de la prevención de la inseguridad, digo que hay estudios que dicen que esto no sucede. Ni en los países donde se ha reducido la edad. Hay un informe de Unicef que establece que, en general, lo que ha pasado es que se han profesionalizado chicos de de 14 años y se han constituido en bandas”.

La abogada recordó que los chicos delincuentes “son instrumentalizados por adultos” y observó por último: “Un chico menor de edad no está en condiciones de hacer un cálculo costo beneficio. No es que porque no va a tener pena, va a cometer un delito. A estos chicos es fundamental que se los contenga y se los proteja”.