Con un 99.9% de probabilidad, 2023 terminará como el año más cálido a nivel planetario desde que hay registros (a principios del siglo XX, aproximadamente) tanto por la influencia del fenómeno de El Niño como por los efectos del calentamiento del planeta, cuya temperatura media estuvo hace pocos días –por primera vez– más de 2°C por encima de los niveles preindustriales, antes de que la actividad humana comenzara a llenar de Gases de Efecto Invernadero (GEI) la atmósfera terrestre.

Con la llegada del verano austral a la vuelta de la esquina y después de las postales que dejó el boreal (con récords de calor en muchos países del Hemisferio Norte), desde el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) siguen de cerca el tema: según la última actualización del Pronóstico Climático Trimestral (PCT), que muestra la tendencia de temperatura media y precipitación esperada para el trimestre noviembre/diciembre/enero, se espera que en general, en el centro y norte del país haya temperaturas más cálidas que las de un verano normal, especialmente en el norte.

“Es difícil afirmar si este verano estará entre los más calurosos, es muy relativo ya que depende de varias cuestiones: por un lado, desde 2010 hasta la actualidad todos estuvieron entre los más cálidos en la historia y nada nos hace suponer que eso cambie. Pero este año en particular, con el fenómeno de El Niño, varias provincias tendrán una mayor cantidad de días nublados y con lluvias, lo que puede contribuir a que las máximas no se eleven tanto y a que haya alivio más seguido”, explicó Cindy Fernández, comunicadora meteorológica del SMN, que agregó que, en relación con las lluvias, gran parte del norte y del este del país tendrá valores por encima de los normales, algo “que ya se está cumpliendo”.

El verano pasado (temporada 22/23) fue el más cálido en la Argentina desde que hay registros (1960), con una anomalía de temperaturas medias 1,2°C por encima de los promedios históricos para la temporada estival. Si se toman los diez más cálidos, ocho corresponden a los últimos 20 años. De esta forma, se corrobora la tendencia al calentamiento global que también atraviesa el país.

Caluroso y húmedo

 

Según la actualización del pronóstico trimestral que el SMN publicó hace dos semanas (que se realiza en base a modelos globales de simulación del clima y modelos estadísticos) para los meses de noviembre, diciembre y enero se esperan temperaturas “más altas que lo normal” en el norte y noroeste del país, región del Litoral, Córdoba y Santa Fe, mientras que para La Pampa y la provincia de Buenos Aires se prevé que las temperaturas sean de normales a más cálidas de lo habitual.

Por otro lado, en Cuyo y la Patagonia, las temperaturas serán, en promedio, las esperadas para la época. Algo importante: no se descarta que hacia el extremo norte del país “continúe observándose una mayor frecuencia de temperaturas máximas extremadamente altas pudiendo favorecer eventualmente la ocurrencia de olas de calor”.

En cuanto a las precipitaciones para esta temporada, se determinó que “hay una mayor probabilidad de registrar lluvias superiores a las normales sobre la región del Litoral y este de Buenos Aires”, zona donde pueden favorecerse eventos diarios “muy intensos”. Para el centro-oeste de Formosa y Chaco, Santiago del Estero, Córdoba, oeste de Santa Fe, este de San Luis, La Pampa, oeste de Buenos Aires y noreste de Patagonia “es esperable tener una temporada con precipitaciones normales a superiores a las normales”.

El Niño y el cambio climático

 

¿Qué parte le toca a El Niño en las condiciones fuera de lo normal que se esperan para el próximo verano? Según explicó Fernández, este fenómeno (que se produce cuando las aguas en el océano Pacífico ecuatorial central y este sufren un calentamiento, lo que termina afectando la circulación atmosférica) “favorece las condiciones para que haya lluvias en el centro norte de la Argentina y para que los eventos de lluvias extremas (muchos milímetros en un período corto de tiempo) sean más probables”. Y agregó: “Las lluvias están favorecidas por el fenómeno de El Niño, que ya está presente en las provincias del noreste”.

En relación al efecto que el cambio climático provocado por los modos de producción del ser humano (con eje en la quema de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas) tiene en los veranos australes, la experta afirmó que “se nota esa influencia” ya que, año a año, se registran temperaturas cada vez más elevadas durante los meses del verano.

“Desde 2010 a esta parte predominan los veranos cálidos. La nueva normalidad es esa, que los veranos sean mucho más cálidos que hace 20 o 30 años. El verano pasado fue particular y rompió muchos récords, pero hasta ahora no hay nada que indique que este verano pueda alcanzar condiciones iguales, lo cual no quita que tengamos días muy cálidos en varias provincias”.

En ese punto, Fernández resaltó que lo que puede pasar este año en particular es que, por efecto de El Niño, haya más días con nubes o lluvias en comparación que el año pasado, cuando predominaba aún una situación de sequía. “Las nubes pueden ayudar a que durante muchas jornadas tengamos temperaturas máximas que no aumenten tanto”.

Alerta máxima sobre la salud humana

 

En los últimos días, dos noticias relacionadas con el impacto del calor en la salud humana coparon el debate mediático en América del Sur: la más conocida fue la muerte de una joven durante uno de los recitales que Taylor Swift dio en Brasil (en Río de Janeiro, la sensación térmica orilló los 58°C, el 18 pasado). La otra trascendió menos, pero fue igual de impactante: en Paraguay, un trabajador rural que manejaba un tractor falleció por un golpe de calor.

No se habla demasiado de lo que significa para la salud humana el calentamiento global, pero los datos son impactantes: en el octavo informe de Lancet Countdown, publicado hace pocos días y que analiza 47 indicadores relacionados con la crisis climática y la salud, se explica con claridad que “si no se toman medidas para frenar el calentamiento habrá más días de calor extremo, más muertes atribuibles a esas altas temperaturas, un aumento de la presión sobre los sistemas sanitarios, propagación de enfermedades infecciosas mortales, eventos climáticos extremos y malnutrición”.

El mismo informe señala que en 2022, los habitantes del planeta tuvieron un promedio de 86 días de temperaturas extremas “que supusieron un riesgo para la salud”. También que, durante 2020, las muertes de mayores de 65 años relacionadas con el calor aumentaron un 85% respecto a la última década del siglo XX. “Sin los efectos de la crisis climática, este incremento habría sido 47 puntos menor”.