¿Qué hicimos mal? ¿Cómo se construyó el contraciclo de la “memoria completa”? ¿Es el terrorismo de Estado un concepto fallido? ¿De qué manera los secuestros y las ejecuciones de las organizaciones armadas se insertan en los relatos públicos de la memoria? ¿Cómo la nueva derecha construye sus nuevos/viejos enemigos? ¿Hay un intento de traspasar la imagen del “terrorista subversivo” a una suerte de neoterrorista indígena, ambiental, feminista del siglo XXI?

El “Congreso sobre historia de la dictadura militar”, en Rosario, fue el escenario ideal para pensar los 50 años del golpe de Estado que se cumplen el próximo 24 de marzo. El aniversario, con el número redondo que siempre le da un estatus mayor a las conmemoraciones, tiene la particularidad de darse bajo un gobierno nacional que no solo cuestiona o niega el terrorismo de Estado, también reivindica las políticas del Proceso de Reorganización Nacional encabezado por las fuerzas armadas y sectores civiles.

Sobre ese contexto, para algunos sorpresivo y para otros el resultado de algo que se venía acumulando hace 20 años, reflexionó la mesa de apertura en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), el miércoles pasado. “Memorias, violencia política y pasado represivo: perspectivas críticas a 50 años del golpe de Estado en Argentina”, fue el título para ocho ponencias diversas. Cuatro horas de debate que acá, en lo que sigue, no se sintetizan: apenas se rescatan algunos conceptos vinculados al genocidio y las nuevas derechas.

“La memoria completa ya estaba, tal vez no lo quisimos ver”

 

La investigadora Ludmila Da Silva Catela analizó la evolución de las “memorias de la represión”. Contó su propia biografía “atravesada por huellas contradictorias" de la dictadura. Recordó disfrutar del Mundial 1978 como algo disociado de la violencia existente y que su familia había sufrido en carne propia años antes en un allanamiento. Experimentó, dijo, "la capilaridad del terror, pero también de la normalidad en la que vivíamos".

La doctora en Antropología Cultural, que hizo su licenciatura en la UNR, trazó una línea histórica y destacó que la institucionalización de la memoria en Argentina comenzó antes de la llegada al poder del kirchnerismo (a diferencia de lo que suele sostenerse). Dio varios ejemplos, uno cercano: la creación del Museo de la Memoria por ordenanza de 1998 en Rosario.

En el 30° aniversario del golpe (2006), con la reapertura de los juicios de lesa humanidad y la declaración del 24 de marzo como feriado nacional, el gobierno se convirtió en el actor central de la conmemoración. Eso, aún con buenas intenciones, generó un "Estado militante" que “centralizó memorias” y “silenció a muchas otras”. Algunas se transformaron en “memorias resentidas".

Las expresiones negacionistas o que relativizan los crímenes o que reivindican políticas (entre muchas otras categorías diversas), no irrumpieron de repente con La Libertad Avanza (LLA) en el poder. "Las «memorias completas» que hoy reivindica el Estado no son nuevas, aparecieron hace muchos años", argumentó.

“En los juicios (contra represores) en Córdoba –recordó–, Agustín Laje, quien ahora es un personaje muy conocido, era un adolescente y participaba de manera bastante presente y provocativa. Acompañaba a Cecilia Pando y llevaba una bandera argentina y un crestón negro contra los juicios del genocidio”.

“Tal vez no lo quisimos ver. Bueno, hoy Laje es quien lleva adelante la batalla cultural en el gobierno de Milei”, dijo Da Silva Catela sobre ese ascenso al poder dos décadas después.

La socióloga Valentina Salvi, en su ponencia “¿Cómo recuerda la derecha?”, dijo que aquellos relatos “marginales y residuales”, que volvían a equiparar el accionar de las organizaciones armadas con la máquina del terror implementada desde el Estado, “pasaron al centro de la escena pública”.

Salvi describió esa radicalización de los discursos. Ubicó un inicio en 2006, cuando la familia militar se nucleó bajo el concepto de “memoria completa” (que buscó visibilizar a las víctimas de organizaciones guerrilleras durante los años 70, cuestionó el relato oficial de los derechos humanos y reinstaló la teoría de los dos demonios).

Eso, con idas y vueltas, maceró con el tiempo y el “punto de inflexión” fue la pandemia. En 2021, Javier Milei y Victoria Villarruel fueron votados como diputados nacionales. Creció un relato “hostil y burlón”: los memes con Jorge Rafael Videla o con un Falcon verde o “el Gordo Dan cagándose de risa de los desaparecidos”. Se cuestionó la cifra de los 30 mil desaparecidos (se atacó el símbolo) y resurgió la idea de una “guerra” (en donde, como propuso la dictadura en su retirada, en todo caso hubo “excesos”). 

Las torturas, violaciones, el robo sistemático de bebés o arrojar personas desde aviones volvían a ser “excesos”, según esos voceros.

Entre los nuevos emergentes de ese fenómeno, Salvi remarcó la noción del terrorismo que se volivó a utilizar en las declaraciones públicas de las máximas autoridades. Villarruel que habla de “las madres e hijos de terroristas” o incluso el ministro Luis Caputo, que acusó a la oposición de hacer “terrorismo económico”.

Otro elemento saliente, que destacó Salvi, es “el goce de la crueldad”, el disfrute del “padecimiento de otro que horada la solidaridad”.

 Parte I: la coordinadora Cinto y los expositores Solis, Lenton, Da Silva Catela y Carnovale (Alan Monzón/Rosario3).
Parte I: la coordinadora Cinto y los expositores Solis, Lenton, Da Silva Catela y Carnovale (Alan Monzón/Rosario3). 

La crítica de los jóvenes y el Cruce de los Andes

Sandra Raggio, profesora en Historia e investigadora de la Universidad Nacional de La Plata, habló de la experiencia del programa pedagógico “Jóvenes y Memoria” (creado por la Comisión Provincial de Memoria). Aclaró desde el inicio que el título de su ponencia “¿Qué hicimos mal?” no era una larga y penosa autocrítica. “Nada”, respondió entre risas para ubicar esa pregunta en el plano de la provocación o el disparador para la reflexión.

La creadora de ese plan que lleva casi medio siglo vigente afirmó que hay “múltiples juventudes” y que la temática de la dictadura aparece tanto en los chicos y chicas que leen a Agustín Laje como en quienes marchan los 24 por los desaparecidos. En todo caso, el pasado reciente “sigue generando identidad”.

Raggio cuestionó la imposición, de una generación a otra, del “deber de no olvidar”, como una orden moral, una obligación. A diferencia de los primeros años de investigación, los participantes hoy eligen temas que los interpelan. Problemas ligados a los derechos humanos de la actualidad. Los ejes son sobre género, ambiente, trabajo infantil, salud, educación, basura y así. 

“Los jóvenes nos devuelven una mirada crítica de la democracia”, dijo. El golpe de Estado, la dictadura cívico-militar, los Centros Clandestinos de Detención (CCD); todo empieza a quedar muy atrás en el tiempo.

Algo similar aportó después el sociólogo Daniel Feierstein, cuando dijo que 50 años es demasiado tiempo. Trazó una comparación generacional: es una distancia similar a la que existía, cuando él era militante en los 80, del lejano golpe ocurrido en 1930 (que derrocó a Hipólito Yrigoyen).

“Estaba increíblemente lejos, era como el Cruce de los Andes (de 1817)”, dijo sobre un pasado difuso que se “apelotona”.

La primera mesa del congreso, a sala llena (Alan Monzón/Rosario3).
La primera mesa del congreso, a sala llena (Alan Monzón/Rosario3).

“¿Y el otro terrorismo?”

Feierstein volvió sobre la idea de “discutir temas que parecían saldados” (el consenso del Nunca Más) y le adjudicó cuatro “malentendidos”. Entre ellos, pensar en un punto de partida estático. “Nosotros no somos los mismos de hace unos años”, dijo. Mucho menos la sociedad, que es obvio que cambia. “Yo no saldé nada”, puede decirle un joven de 20 años a la generación del 83.

Explicó entonces su teoría de “ciclos generacionales”. Hubo dos “ascendentes” en la postdictadura (por la Memoria, Verdad y Justicia) y luego llegó un tercero, el actual, que es “descendente”. Siempre lo recomendable es ir a los autores y no quedarse con este punteo, pero lo interesante para este recorte es que el cambio de esos ciclos también lo ubicó en 2006, cuando se presenta en público la “memoria completa”.

Esa consigna ganó visibilidad impulsada por sectores militares y de la sociedad civil, entre ellos la actual vicepresidenta. Los ciclos se superponen: eso se dio durante el kirchnerismo y antes del macrismo.

“La lógica de angelización de las víctimas (de la dictadura) que construyó el movimiento de derechos humanos de los 80 va a ser lo que nutra el trabajo de Villarruel. No es lo mismo legitimar la experiencia represiva que decir: «Eh, basta de hablar de lo que hicieron los militares, ¿con el otro terrorismo qué vamos a hacer?»”, planteó sobre esa lógica de espejos.

“Ahí –siguió– es donde digo, cuidado, el «terrorismo de Estado» fue un concepto fallido, le pavimentó el espacio a la disputa y volvió a los dos demonios de la peor manera. Porque además dio vuelta la formulación inicial, que decía que el Estado se volvió terrorista en el contexto de un genocidio. En cambio, califica y adjetiva el terrorismo. Cuando decís «terrorismo de Estado», habilitás la pregunta: «¿Y el otro terrorismo?»”.

Esa escuela ganó terreno y, hoy, “los tuiteros formados por Laje están en el Ministerio de Propaganda”, ironizó.

Parte II: el coordinador Kahan, los expositores Salvi, Raggio, Feierstein y Confino, y el relator Lvovich.
Parte II: el coordinador Kahan, los expositores Salvi, Raggio, Feierstein y Confino, y el relator Lvovich.

Secuestros y ejecuciones: un punto ciego

A propósito de la “angelización de las víctimas” del genocidio, Vera Carnovale investigó la “justicia revolucionaria” de las organizaciones armadas en los 70’. Le puso nombres, fechas y cifras a “secuestros extorsivos y ejecuciones”.

La doctora en Historia (UBA) e investigadora del Conicet señaló que esos temas no han sido incluidos en los debates de memoria y ese “vacío semántico” fue usado por las derechas

Identificó y analizó, entre 1970 y 1977, 66 casos de secuestros extorsivos del PRT/ERP, Montoneros y FAL con distintos sentidos y finalidades, una de ellas la financiación de las estructuras.

Además, se refirió a 300 ejecuciones desde 1970 a 1979 (otras fuentes hablan de 800 y difieren por objetivos no buscados). La mayoría (242) fueron integrantes de las fuerzas represivas y el motivo principal fue la represalia a asesinatos y a torturas ejecutadas, de forma previa, contra militantes o integrantes de esos grupos por el Ejército o la Policía.

Esos ataques tuvieron, a su vez, nuevas reacciones o venganzas desde el régimen de facto. Dio detalles para graficar que en esa espiral de violencia, las organizaciones o guerrillas perdieron por partida doble. Por el poder de fuego comparado y porque esa lógica les generó un aislamiento de la sociedad, lo que contribuyó a su derrota.

La relatoría final de Daniel Lvovich volvió sobre esta ponencia, que calificó de “muy valiente”. Marcó el tema como un “punto ciego” y planteó dar un paso importante: “¿Cómo integramos la violencia revolucionaria al discurso sobre el pasado, a la vida académica y al discurso público?”.

El congreso se desarrolló del 18 al 20 de marzo en la Facultad de Humanidades (Alan Monzón/Rosario3).
El congreso se desarrolló del 18 al 20 de marzo en la Facultad de Humanidades (Alan Monzón/Rosario3).

Enemigos y terroristas

Hernán Confino, doctor en Historia por la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), desarmó el video que publicó el gobierno nacional el 24 de marzo de 2025. El audiovisual de 20 minutos protagonizado por (de nuevo) Agustín Laje buscó “refutar la teoría del demonio único” y explicar los principales puntos de la memoria completa.

“Lo que querían refutar era el consenso sobre el Nunca Más”, dijo el investigador del Conicet. Afirmó que su eficacia “no fue la novedad” sino “la articulación con la batalla cultural de las nuevas derechas” que producen “enemigos absolutos” (se deja de reconocer al otro como un ser con derechos para ser una amenaza existencial).

Esa construcción de un otro que es deshumanizado (y por lo tanto puede ser sometido a prácticas violentas y crueles) no es un ensayo abstracto de un teórico escindido de la realidad. Lo dijo Milei en una entrevista reciente con Luis Majul.

El presidente afirmó que sus opositores no eran “adversarios políticos” sino “enemigos”. ¿Por qué? “Porque son capaces de destruir la economía”, fundamentó.

No fue esa tampoco una frase suelta. Los cimientos de esa conclusión se nutren de muchas otras declaraciones previas (como el ejemplo ya citado de Caputo acusando a legisladores de hacer “terrorismo económico”, que sería algo así como una etapa superior del “riesgo kuka”).

Más atrás, la precursora Victoria Villarruel, cuando era diputada nacional, extendió esa noción a otras áreas. “La matriz del mal que en los 70’ estuvo en las organizaciones armadas hoy está detrás del indigenismo, del feminismo verde, del ambientalismo”, dijo en octubre de 2022, en un congreso de Vox (la ultraderecha española), según citó el investigador.

“La continuidad imaginada entre amenazas del pasado y del presente como recurso político permite utilizar el discurso histórico para construir identidades y lealtades en el presente”, dijo Confino y señaló que parte de la estrategia es reproducir todo el tiempo “la amenaza que implica ese otro existencial” para los “argentinos de bien”.

El profesor de la Unsam recordó también que Nicolás Márquez, otro referente de la nueva derecha, no reconoce que hubo en la dictadura un “plan sistemático de desaparición de personas” sino solo de “guerrilleros”. Lo puso en práctica: la deshumanización del otro habilita todo.

De abajo hacia arriba

 

“Las memorias no fueron ni son un bloque monolítico que se activa de repente, sino una sedimentación de experiencias personales, políticas y generacionales”, definió Ludmila Da Silva Catela.

La investigadora del Conicet en el Instituto de Antropología de Córdoba (Idacor) dijo que esos procesos “siempre se instituyeron y constituyeron en la disputa, en las batallas de memoria contra memorias”.

Lo que se modificó es que “la evidencia de esa disputa es elocuente y muchas de esas memorias silenciadas, pero que nunca dejaron de estar y de reivindicar la historia, tienen un espacio de escucha y se expresan, algunas usando la violencia simbólica”.

Sin embargo, dijo, esos movimientos se dan en simultáneo. Mientras el gobierno nacional cierra sitios de memoria, se multiplican los “engranajes” que no necesitan la legitimidad del Estado. Actividades que demuestran una apropiación que excede a una administración: “Se rompió de alguna forma la legitimidad de aquellas memorias que venían de arriba para abajo”.

“Son memorias que se producen desde abajo para arriba y que vienen a saldar ciertos problemas que estamos teniendo. Creo que este 24 de marzo es particularmente significativo en la cantidad de actividades”, dijo.

Para cerrar, retomó la pregunta inicial: ¿cómo se organizó el recuerdo después del golpe? "De muchas maneras, a veces contradictorias, pero siempre con un hilo conductor, la convicción de la producción creativa, la multiplicación, a pesar de múltiples conflictos de las prácticas memoriales, la búsqueda del sentido sobre el pasado, lo presente y nunca la venganza", expresó.