La industria tabacalera no se rinde tan fácilmente. Si bien la batalla contra el cigarrillo y sus efectos devastadores en la salud se sigue dando, es cierto que en el mundo ha habido avances legislativos y culturales que generaron la toma de consciencia en la población. Pero el enemigo va adquiriendo nuevas caras: y a los vapers y el tabaco calentado, ahora se le agregan las bolsitas de nicotina, un producto presentado como una inocente golosina que genera dependencia y daños en el organismo y que alarma por su popularidad en los más jóvenes.

“Esa es la velocidad a la que trabaja la industria”, explica el neumonólogo y especialista en tabaquismo Daniel Buljubasich. Las tabacaleras están un proceso de reformulación, no reciente pero acelerado, y van lanzando productos diferentes en el afán de captar nuevos adictos: su última creación estrella son las nicotine pouches, snus blanco o bolsitas de nicotina, que en Argentina ya pueden comprarse en kioscos o shops de estaciones de servicio alentadas por carteles llamativos y un marketing furioso que sugiere, engañosamente, cero riesgos para la salud.   

Un producto viejo con una estrategia nueva

Aunque se presentan como novedad, estas bolsitas ya tienen antecedentes. En Suecia existían formatos de tabaco que se colocaban en la boca para absorber sus componentes, entre ellos la nicotina. La diferencia es que hoy el desarrollo tecnológico permite producir nicotina sintética, lo que habilita una estrategia comercial distinta.

“Han logrado desarrollar nicotina sintética, lo cual les permite hasta venderlo como producto sin nicotina”, advierte Buljubasich. La aclaración no es menor: lo que no contienen es nicotina proveniente de la hoja del tabaco, pero sí nicotina obtenida en laboratorios. Por ende, pueden salir al mercado como libres de tabaco.

“Es una bolsita que se coloca entre la encía y el labio, lo que hace que la nicotina se absorba de manera veloz. Allí liberan la sustancia de manera directa. Y los envases suelen contener 15 o más unidades, lo que facilita el consumo repetido y aumenta el riesgo de exposición excesiva. Te va a parecer que tenés un caramelo o un chicle, porque tienen sabores bien diseñados y pensados”, describe.

“Ellos estudian cuáles son los sabores que más impactan de acuerdo a las edades y los lugares”, agrega. Esa cercanía estética y sensorial con una golosina no es accidental: apunta directamente al público joven y adolescente. “Está más cerca de las golosinas que del sector del tabaco; es una manera de confundir a la gente que los va a comprar, pensando que son inofensivos”, añadió Buljubasich.

Las bolsitas de nicotina que se venden en los kioscos de nuestro país (Foto: Chequeado)
Las bolsitas de nicotina que se venden en los kioscos de nuestro país (Foto: Chequeado)

La sustancia que genera la dependencia

Más allá del formato, el gran problema sigue siendo la nicotina. En el cigarrillo convencional proviene del tabaco y cumple en la planta la función de insecticida. En cambio, en los productos actuales ha llegado a ser sintética, pero el efecto adictivo no cambia. “Es una de las sustancias más adictivas que se conocen, incluso superando a otras como la marihuana, la cocaína o la heroína. No hay otra que actúe tan rápido en el cerebro”, sostiene el especialista.

De acuerdo a la OMS, además de generar adicción, causa aumento de la presión arterial, aceleración del ritmo cardíaco, y aumento del azúcar en sangre. Y es especialmente peligrosa en mujeres embarazadas, niños y adolescentes, ya que puede dañar el cerebro en desarrollo y afectar la memoria y el aprendizaje.

“Aún desconocemos fehacientemente qué efectos tendrán en la población, porque su consumo es reciente pero en constante crecimiento; el problema que tenemos con el tabaco es que siempre vamos muy atrás y tardamos mucho tiempo en darnos cuenta de los efectos que produce”, advierte. Recuerda que con el cigarrillo convencional pasaron dos décadas hasta que se documentó su relación con el cáncer.

Con los cigarrillos electrónicos, señala, el reconocimiento de daño fue más rápido, especialmente en poblaciones que desarrollaron enfermedad pulmonar grave en poco tiempo. Con las bolsitas de nicotina, el panorama todavía está en construcción, pero ya hay certezas parciales: “Van a generar lesiones en la cavidad bucal y provocar una tendencia adictiva constante, además de lo que ya puntualizamos”.

El peligro que corren los adolescentes le parece un problema especialmente sensible: “La nicotina actuando en cerebros aún no del todo desarrollados se vuelve más peligrosa todavía ya que puede afectar funciones como la atención, la memoria y el control de los impulsos, y también incrementa la probabilidad de desarrollar otras adicciones en etapas posteriores de la vida”.

Un vacío legal que corre detrás del producto

Otro de los ejes del debate es normativo. En Argentina, la Ley 26.687 de control de tabaco regula la publicidad, promoción y consumo para prevenir el tabaquismo: prohíbe fumar en espacios cerrados y lugares públicos, exige advertencias sanitarias en paquetes que ocupan el 50% de la superficie y prohíbe la venta a menores de 18 años. Pero las bolsitas de nicotina no aparecen mencionadas y allí hay un peligroso vacío legal. 

“Lo venden como producto sin tabaco, y ahí es donde debería legislarse”, explica Buljubasich. El problema, según describe, es que la industria se mueve más rápido que la regulación: “Cuando ellos lo instalan, lo venden durante varios años y recién ahí viene la modificación de la ley. No se preocupan porque en ese tiempo han desarrollado tres o cuatro cosas más”.

Desde la provincia de Santa Fe se viene trabajando en una modificación normativa: la Cámara de Diputados otorgó a fines del año pasado media sanción al proyecto de ley presentado por la diputada Sonia Martorano, que actualiza la legislación provincial sobre el control del tabaquismo e incorpora por primera vez el uso del vapeo y los cigarrillos electrónicos dentro de las políticas públicas de salud. Mientras se espera el tratamiento en el Senado, también se analiza sumar a las bolsitas de nicotina entre los nuevos sistemas de consumo.

La intención es nombrarlos “con todas las letras, con nombre y apellido”, para evitar interpretaciones ambiguas, admitió Buljubasich.

¿Reducción de daños o nuevo mercado?

En otras sustancias existe la estrategia de reducción de daños: promover formas de consumo menos perjudiciales cuando la eliminación total no es inmediata. En el caso de las bolsitas de nicotina, el especialista es tajante: “El tabaco es malo siempre. Todo lo que tiene que ver con nicotina es malo, no van a vender un producto saludable. La idea sería el no consumo de todas estas sustancias”.

El dilema aparece cuando se contrasta con el cigarrillo tradicional, cuyo daño está ampliamente probado y sin embargo sigue siendo legal. Prohibirlo de manera abrupta generaría, según explica Buljubasich, efectos colaterales: contrabando y abstinencia masiva en personas ya dependientes. Por eso la estrategia sanitaria histórica ha sido la reducción progresiva del consumo, más que la prohibición inmediata.

Las bolsitas de nicotina irrumpen en ese escenario con un diseño que diluye la frontera entre producto recreativo y sustancia adictiva. Sin humo, sin combustión, sin olor. Con sabor.

La pregunta que queda flotando no es sólo sanitaria, sino cultural: cuánto tarda una sociedad en reconocer como problema algo que, a primera vista, se presenta como inofensivo. Y cuánto tiempo más corre la legislación detrás de productos que cambian más rápido que las palabras que intentan regularlos.