En el vasto catálogo de la naturaleza, pocos animales resultan tan desconcertantes para los científicos como la rata topo desnuda (Heterocephalus glaber). Este pequeño roedor de aspecto arrugado, que habita en las profundidades de África oriental, rompe casi todas las reglas conocidas para los mamíferos: mientras que un ratón doméstico vive apenas tres años, este ejemplar puede superar las tres décadas con una salud de hierro.
Recientemente, una investigación liderada por la Universidad de Cambridge y difundida en el portal académico The Conversation por Ewan St. John Smith, profesor de farmacología, puso el foco en las capacidades extraordinarias de este animal.
El estudio destaca que estamos ante el único mamífero de sangre fría (ectotermo) que existe en la actualidad, una característica que perdió su estatus de exclusividad tras la extinción de una especie de cabra balear hace cinco milenios.
Al vivir en túneles subterráneos donde la temperatura es constante, la rata topo desnuda abandonó evolutivamente la necesidad de regular su propio calor corporal. Esta "desconexión" metabólica le permite ahorrar una energía valiosa y, según sugieren los expertos, es uno de los pilares que sostiene su asombrosa longevidad y su resistencia al deterioro celular.
Uno de los mayores enigmas para la oncología moderna es la inmunidad de estos roedores ante los tumores y el cáncer. Aunque la causa exacta sigue bajo estudio, los científicos barajan diversas explicaciones: desde una senescencia celular extremadamente eficiente —un mecanismo que bloquea la división de células dañadas antes de que se vuelvan malignas—, hasta la secreción de un “súper azúcar” complejo que actuaría como una barrera física, impidiendo que las células se agrupen en formaciones tumorales.
Sin embargo, su adaptación más impactante es su relación con el oxígeno. El equipo del profesor Smith ha observado que este roedor puede sobrevivir en condiciones de hipoxia severa durante una hora sin sufrir daños.
Mientras que un ser humano enfrentaría secuelas cerebrales irreversibles tras pocos minutos sin respirar, las neuronas de la rata topo utilizan fructosa para obtener energía en ausencia de oxígeno. Este hallazgo es clave para la farmacología moderna: los investigadores esperan que entender este proceso permita diseñar terapias para proteger el cerebro de pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular (ACV).
Además de su metabolismo, el animal presenta una insensibilidad casi total al dolor químico. Sustancias como el ácido o la capsaicina (el compuesto que da picor a los ajíes) no solo no le molestan, sino que actúan como un anestésico en sus terminaciones nerviosas.
Finalmente, su estructura social también desafía lo común en los vertebrados. Se organizan de forma "eusocial", un sistema típico de las abejas o las hormigas. En sus colonias de hasta 300 individuos, existe una única reina reproductora que ejerce el mando mediante la agresión física, obligando al resto de la comunidad a excavar y defender el territorio.
Para esta tarea, utilizan sus dientes incisivos externos, controlados por una región del cerebro tan vasta como la que los humanos dedicamos a nuestras manos.



