Después de dos décadas de incógnitas, radioastrónomos australianos identificaron el origen de un tipo de señales espaciales que desconcertaba a la ciencia: los transitorios de radio de largo período. La clave está en un violento "vampirismo" estelar.
Descubiertos en 2005, los transitorios de radio de largo período son ráfagas de ondas de radio que duran minutos e incluso más de una hora. Esto los hace únicos dado que la mayoría de los objetos celestes que emiten radio lo hacen en pulsos de apenas segundos.
Hasta ahora, la hipótesis principal apuntaba a púlsares extremadamente magnéticos llamados magnetares. Pero un nuevo estudio publicado en la revista especializada Nature Astronomy, liderado por Kovi Rose, estudiante de posgrado de la Universidad de Sídney, cambia el panorama.
La “estrella vampírica” y su víctima
El equipo usó el radiotelescopio Australian SKA Pathfinder, conocido como ASKAP, y detectó el sistema ASKAP J1745-5051. Se trata de un sistema binario simbiótico, es deicr, una enana blanca del tamaño de la Tierra pero con la masa del Sol que le “roba” material a una enana roja cercana, diez veces menos masiva que nuestro Sol.
Esa transferencia de materia no solo genera explosiones de rayos X cuando el gas cae en espiral hacia la enana blanca y se calienta a millones de grados. También produce las misteriosas ráfagas de radio.
�� ASTRONOMERS JUST FOUND THE “ROSETTA STONE” FOR ONE OF SPACE’S BIGGEST MYSTERIES.
Mysterious repeating radio signals have been baffling scientists for years long-period transients that pulse every few minutes to hours.
Now, for the first time, we’ve identified exactly what… pic.twitter.com/X1G3g5qlVo— TheNewPhysics (@CharlesMullins2) June 1, 2026
Ambas estrellas tienen campos magnéticos propios. Su órbita es elíptica y muy rápida se completa en solo 1,4 horas. Cuando se acercan, sus campos chocan y arrancan partículas cargadas de la superficie de cada estrella. Esas partículas giran alrededor de las líneas de campo y emiten radiación sincrotrón, las ondas de radio que detectamos desde la Tierra.
Las ráfagas duran mientras los campos magnéticos están en contacto, repitiéndose cada vez que las estrellas se aproximan en su órbita.
¿Resuelto el misterio completo?
No del todo. ASKAP J1745-5051 explica este caso y es solo el segundo transitorio de largo período asociado a rayos X. Por eso, Rose aclara que podrían existir otros mecanismos: algunos transitorios podrían venir de magnetares y otros de enanas blancas “vampíricas”.
“Este sistema nos permite decodificar estas señales. Podría ayudarnos a determinar si otros fenómenos transitorios se parecen más a púlsares o a sistemas de enanas blancas, actuando como una especie de piedra Rosetta estelar”, explicó Rose.
Por qué importa
Entender estas señales ayuda a mapear mejor los eventos más energéticos del universo y cómo evolucionan los sistemas binarios. Además, muestra que no todas las señales extrañas requieren explicaciones exóticas: a veces, el culpable es simplemente una estrella que plagia material de su amiga hasta hacerla chispear en radio y rayos X.



