Las Leonas volvieron a meterse en una final del mundo y, en medio de la celebración por el logro, una reflexión de la guionista rosarina Candela Buttigliero se viralizó en redes sociales. Con un planteo que busca ir más allá de la épica deportiva, Cande puso el foco en las condiciones en las que el seleccionado argentino sostiene, desde hace 25 años, su lugar entre los mejores equipos del mundo. La carta, que se publicó en Instagram, se viralizó de tal modo que exjugadoras históricas y Leonas actuales le comentaron y celebraron la autenticidad del escrito. “Las Leonas no deberían estar en una final del Mundo”, comienza el texto. La frase, lejos de cuestionar al equipo, funciona como punto de partida para destacar la magnitud de lo conseguido por las jugadoras argentinas a pesar de las dificultades estructurales que atraviesa el hockey en el país.
Como buena rosarina y fanática de Luciana Aymar, Buttigliero arranca su reflexión recordando la dimensión de la máxima referente del hockey argentino. Ocho veces elegida como mejor jugadora del mundo, dos veces campeona mundial, seis veces ganadora del Champions Trophy y dueña de cuatro medallas olímpicas, Lucha fue reconocida por la Federación Internacional de Hockey como Leyenda del Hockey. Aymar, además, tuvo la posibilidad de disputar y ganar el Mundial de 2010 en Rosario, su ciudad. Cuatro años después, con su retiro, parecía difícil imaginar cómo Las Leonas podrían sostener aquel nivel sin su máxima figura.
Sin embargo, ocurrió lo contrario.
Desde aquel Mundial disputado en Rosario, Argentina consiguió nuevas medallas olímpicas, títulos internacionales y podios mundiales. Las Leonas fueron plata en Londres 2012 y Tokio 2020, bronce en el Mundial de 2014, campeonas del Champions Trophy en 2012, 2014 y 2016, ganadoras de la Liga Mundial en 2015 y de la Pro League en 2022. Ese mismo año fueron subcampeonas del mundo y en París 2024 volvieron a conquistar una medalla olímpica con el bronce.
Ahora, 16 años después de aquella consagración en Rosario, vuelven a disputar una final del mundo.
“¿Cómo puede un seleccionado amateur permanecer durante veinticinco años entre los mejores equipos de un deporte profesional?”, se pregunta Buttigliero en el texto que se volvió viral.
La guionista cuestiona así una idea muy instalada en el deporte argentino: que la falta de recursos y las dificultades potencian la famosa “garra”. Para Buttigliero, esa explicación puede terminar naturalizando la precariedad. “Una cancha peor no produce mejores jugadoras. Una beca no es mejor que un salario. La incertidumbre económica no te ayuda a ser mejor deportista”, plantea.
Entonces aparece, para la autora, una posible explicación de la extraordinaria continuidad de Las Leonas: la construcción de una identidad y de una estructura que trascendió a las propias jugadoras. “Antes de ser Leona, una Leona es una nena con un palo”, sostiene.
El fenómeno comenzó a multiplicarse después de los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, cuando Las Leonas aparecieron por primera vez con la figura del felino en la camiseta. Miles de niñas las vieron jugar, ganar medallas y ocupar un espacio que durante décadas había estado reservado principalmente a los hombres: el de las grandes protagonistas del deporte argentino. Muchas de esas chicas comenzaron a jugar al hockey, llegaron a clubes, formativas, selecciones provinciales y, eventualmente, a Las Leoncitas. Algunas de ellas terminaron convirtiéndose en las nuevas Leonas.
Y el ciclo volvió a comenzar.
Buttigliero plantea que ahí está una de las claves del fenómeno: una generación no solamente reemplaza a la anterior, sino que transmite una identidad, una expectativa y la certeza de que ese lugar también les pertenece. “Las primeras tuvieron que construir el lugar. Las siguientes tuvieron que defenderlo. Y así se construyó este fenómeno tan extraño: las jugadoras cambian, pero el lugar permanece”, escribe.
En ese proceso también destaca a referentes de las primeras generaciones, como Vanina Oneto, Mariela Antoniska y Soledad García, que actualmente trabajan en la formación de nuevas jugadoras.
La metáfora de la manada aparece entonces como otra de las claves del texto. Las leonas, recuerda Buttigliero, cazan juntas y protegen a sus crías. Las mayores cuidan a las más jóvenes. Así, la camiseta y la identidad pasan de una generación a otra.
Pero la reflexión no termina en la celebración de esa capacidad de resistencia. Por el contrario, Buttigliero advierte que sería injusto utilizar el éxito de Las Leonas para concluir que no necesitan mejores condiciones.
“Que los clubes alcanzan. Que la vocación alcanza. Que la camiseta alcanza. Que mientras haya quince mujeres con garra podemos seguir mandándolas a arreglarse con lo que tienen. No alcanza”, sostiene. “La vocación no reemplaza un salario. La herencia no reemplaza una estructura profesional”, afirma.
El cierre resume el planteo que convirtió al texto en uno de los contenidos que más repercusión generó alrededor del pase de Las Leonas a la final: “Quizás va siendo hora de que dejemos de preguntarnos cuánto más pueden conseguir con poco”.
Y propone cambiar la pregunta: “Quizás la pregunta debería ser qué podrían hacer si alguna vez les diéramos todo”.
Candela Buttigliero es rosarina y reside desde varios años en España. En el año 2023 fue premiada en ese país por un corto sobre abuso sexual. La guionista se quedó con el premio por un cortometraje que codirigirá con el español Kike Maíllo y que se presentó luego en el Festival Internacional de San Sebastián.



