El testimonio de Paul Rosolie, naturalista, conservacionista y escritor de Estados Unidos, cobró notoriedad mundial por su singular experimento en la selva amazónica. El 7 de diciembre de 2014, Rosolie se dejó envolver y oprimir por una anaconda gigante durante la grabación de un documental para Discovery Channel, con el propósito de visibilizar la destrucción del Amazonas y fomentar su conservación.
El episodio, grabado y luego convertido en objeto de debate internacional, fue relatado por Rosolie en una entrevista para el podcast The Diary Of A CEO. Allí detalló las motivaciones, riesgos y secuelas físicas y emocionales que persisten desde aquella experiencia.
La experiencia al límite
“La misión no era sensacionalismo, era salvar la selva amazónica. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para proteger este lugar”, afirmó Rosolie al inicio del relato. Narró sus dos décadas de aprendizaje junto a comunidades indígenas, viviendo descalzo y portando un machete, enfrentando enfermedades poco frecuentes y amenazas de traficantes de drogas y deforestadores.
Rosolie atribuyó gran parte de su formación a la convivencia con pueblos como los Ese Eja y al trabajo junto a JJ, su amigo y mentor indígena. “Ellos conocían los secretos del bosque; yo podía, apenas, enseñarles sobre serpientes”, señaló.
La propuesta de enfrentarse a la anaconda surgió cuando tenía veinticuatro años, tras ser convocado por Discovery Channel para una expedición sobre biodiversidad y protección del Amazonas.
“Querían algo grande. Me preguntaron si sería capaz de dejarme envolver por una anaconda ante las cámaras, siempre con un traje especializado de protección y bajo la supervisión de científicos y expertos en serpientes. Yo acepté porque creía que, si conseguía que millones vieran lo que ocurre en el Amazonas, valía la pena arriesgarlo todo”, relató Rosolie.
El equipo organizó el experimento bajo protocolos estrictos para evitar cualquier daño al animal. “Nunca existió duda: la anaconda tenía prioridad. Fui yo quien aceptó someterse, no ella”, recalcó. Le colocaron un traje especial, le adaptaron un tubo para respirar y los expertos supervisaron cada movimiento.
El resultado fue mucho más intenso de lo previsto. “Al principio sentís la presión como si tuvieras un árbol envolviéndote. El dolor es inmediato. Primero escuchás cómo se rompen tus huesos. Es el peso, la tensión. Amasás miedo, pero sobre todo te invade la certeza de que no hay escapatoria si ella decide apretar más”, narró.
“Llegó un momento en que pensé: «Si no me sacan ahora, es el final». Y la única cosa que pasaba por mi cabeza era todo lo que todavía queda por hacer para proteger estas tierras”, agregó Rosolie. “Esperen, empiezo a sentir que me está comiendo. Chicos, ¡mi cara, necesito ayuda”, dijo antes de que la anaconda lograra engullirlo por completo.
El documental provocó una repercusión mediática global y numerosas críticas. “Esperaba que la gente entendiera que el riesgo era personal y por la causa, pero la crítica pública fue brutal. Algunos decían que arriesgué la vida del animal, otros que solo buscaba protagonismo, y hubo científicos que me acusaron de hacer un espectáculo barato”, lamentó Rosolie.
Consideró que su carrera en la conservación había tocado fondo, pero esa crisis lo motivó a redoblar su compromiso y fundar Jungle Keepers, organización dedicada a la colaboración con comunidades locales y la transformación de antiguos madereros en guardianes del bosque.
La primatóloga Jane Goodall resultó esencial en ese proceso. “Le envié mis primeros escritos y ella los leyó. Me dio esa validación que me faltaba, su apoyo cambió mi vida”, recordó Rosolie.
Las palabras de Goodall, recogidas en el documental y reproducidas en YouTube, le dieron el impulso para persistir: “Sin Jane Goodall, no estaría aquí ni existiría Jungle Keepers. Ella me inspiró a seguir adelante, a pesar de todo”.
Un mensaje de urgencia y esperanza para el Amazonas
Tras el experimento y sus consecuencias, Rosolie sostiene su mensaje: “El Amazonas es esencial para la vida en la Tierra. Aquí se produce una quinta parte de nuestro oxígeno, fluye gran parte del agua dulce y existe la mayor concentración de biodiversidad del planeta. Si desaparece, todo el sistema colapsa”.
Desde Jungle Keepers, Rosolie impulsa la participación activa de personas de todo el mundo en la protección del Amazonas. “Cada quien puede aportar, aunque sea el equivalente al costo de un café. Cada latido que salvamos, cada hectárea que protegemos, es una victoria colectiva”, insistió.
En la misma entrevista, reforzó: “Si logramos mantener viva esta misión, no solo salvamos el Amazonas. Garantizamos el futuro de millones de especies y, en última instancia, nuestro propio futuro”.
Ante la pregunta sobre qué haría si solo le quedaran tres años de vida, Rosolie respondió que ningún obstáculo hará que abandone la misión de proteger la selva, los árboles y la vida que aún resiste en el corazón del Amazonas.



