En la superficie parecen políticas migratorias contradictorias, pero en el fondo no lo son. El problema, en todo caso, es el foco del análisis. No hay un choque entre la deportación de personas extranjeras que promociona el gobierno nacional de Javier Milei o la calificación de “terroristas”, por un lado, y la venta de ciudadanía en dólares para inversores foráneos o el rol que desempeñó esta gestión para garantizar la fuga de Flávio Bolsonaro, con causas judiciales abiertas en Brasil, por el otro. No hay contradicción porque, según define el filósofo y escritor Rocco Carbone, los libertarios forman parte de “los fascismos que no están en contra de la migración sino de la movilidad de los trabajadores”.

“El o la migrante es un trabajador o una trabajadora, y si los grandes contingentes migratorios se religan con las clases trabajadoras nacionales, se crea un poder social indetenible, que no va a detener ni la policía, ni el ejército, ni la política”, advierte el profesor de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), investigador del Conicet y doctor en Filosofía y en Letras. 

Para Carbone, cuando el presidente de Estados Unidos Donald Trump o la italiana Giorgia Meloni o el propio Milei “intervienen sobre los flujos migratorios” lo hacen en realidad “sobre los flujos del trabajo, identitariamente”. Buscan separar al nativo del migrante “porque efectivamente quieren separar ese poder”.

El autor de “Bronca. Cómo organizar el malestar social” y “Lanzallamas. Milei y el fascismo psicotizante”, entre otros, estará el próximo miércoles en Rosario para participar del Simposio de Migraciones, dentro del Congreso sobre Democracia de la UNR. Nacido en Italia y radicado en Argentina hace dos décadas, Carbone hablará sobre “Desigualdad, migración, policías antimigratorias”. En esta entrevista con Rosario3, analiza esos conceptos y explica por qué “el fascismo considera problemático a quien se ubica por fuera de sus fronteras ideológicas”. 

–Las ultraderechas o neofascismos ponen al migrante como amenaza o como un otro peligroso. Pero una cosa es Europa o Estados Unidos y otra es la realidad argentina. ¿Creés que el uso del odio contra el migrante para la construcción política es eficaz en el país?

–No sé si les da rédito o no, supongo que sí, pero es importante pensar esto: en los Estados Unidos, como síntoma, Trump inventó nuevas policías. Por ejemplo, una policía de frontera que se llama Border Patrol para controlar los límites, las fronteras. Luego, otra interna que se llama ICE, que tiene la función básicamente de perseguir migrantes y sobre todo migrantes latinos. Latinoamericanos que están en Estados Unidos desde hace 10, 20, 30 años, o sea, que son tan norteamericanos e integrados a esa realidad social, cultural y política como la pareja de Trump que también es extranjera (Melania nació en la ex Yugoslavia).

¿Por qué hago el punto sobre las policías? Porque aquí, en la Argentina, Milei también inventó una policía nueva, una agencia de tipo migratorio. Bueno, ahí vemos que hay un síntoma. Milei quiere tratar en la Argentina a la migración latinoamericana clásica, histórica, de los países cercanos como Paraguay, Bolivia, Brasil, Uruguay, como efectivamente un problema a tratar políticamente. Ahora, ¿por qué estos poderes se preocupan por la cuestión migrante?

Porque el migrante o la migrante es un trabajador o una trabajadora, y si los grandes contingentes migratorios se religan con las clases trabajadoras nacionales, se crea un poder social indetenible, que no va a detener ni la Policía, ni el Ejército, ni la política.

O sea, cuando Trump, cuando (la italiana Giorgia) Meloni intervienen sobre los flujos migratorios, sobre los flujos del trabajo, identitariamente, para crear un clivaje entre el trabajador o la trabajadora nativa y el migrante, es porque efectivamente quieren separar ese poder que si se une se vuelve más poderoso que cualquier poder elitista vinculado con la clase del gran capital o de la gran propiedad. Porque Trump forma parte de esa clase, Milei trabaja para esa clase y Meloni también.

Históricamente quieren crear clivajes entre nosotros y ahora, uno que han encontrado, es cultural, identitario, de piel, racial entre el extranjero entre comillas y el nativo

–¿No están en contra de la movilidad humana, sino en contra de la movilidad de los trabajadores?

–Claro, lo que quieren afectar son los flujos del trabajo. No están en contra de la migración. De hecho, al capitalismo lo podemos entender como una vida mercantilizada. El globalismo trata al planeta como a un gran mercado. La mercadería fluye libremente. Lo que quieren inhibir o fragilizar son los flujos humanos del trabajo, porque si esa clase se religa, que somos las grandes mayorías, creamos efectivamente poderes indetenibles. Por eso, históricamente quieren crear clivajes entre nosotros y ahora uno que han encontrado es cultural, identitario, de piel, racial entre el extranjero entre comillas y el nativo.

–No puedo no vincular lo que estás diciendo con una migración muy específica que son los jóvenes que se esconden como polizones en los barcos que zarpan desde África buscando el primer mundo y llegan acá, a los puertos del Gran Rosario. Los contenedores con mercancías pasan fronteras sin problemas, incluso lo hacen los de contrabando o ligados al narcotráfico, mientras que ellos corren riesgo de ser asesinados o arrojados al mar.

–Bueno: ¿cuántos flujos de narcotráfico viajan de América Latina a Europa, de América Latina a Estados Unidos? El capitalismo, digamos, el corazón del capitalismo, consume estupefacientes por la alienación que implica y eso se pone en circulación en las sociedades. Entonces, cuando hay toneladas de cocaína que salen de algún paraje latinoamericano o de algún puerto de la mal llamada hidrovía argentina, eso no es un problema. Pero cuando llega un pibe que fue violentado, cuyos derechos humanos fueron conculcados, a un puerto del Gran Rosario, pasa a ser un problema. Eso nos habla también de la justicia, de los límites de lo legal, de lo jurídico. Son los límites de la legalidad de la gran propiedad. Entonces, cada ser humano que entra dentro de la clase trabajadora pasa a ser un clandestino. Es una locura, pero es así. En contra de eso tenemos que luchar.

El fascismo considera problemático a quien se ubica por fuera de sus fronteras ideológicas

–Milei calificó de “terroristas” a 30 mil personas extranjeras que su gobierno expulsó del país en los últimos dos años. ¿Creés que ese término fue una “exageración” –como dicen sus voceros y justificadores– o hay una intención, un plan, de equiparar al migrante con un terrorista para actuar en consecuencia?

–Una pregunta que debemos hacernos es ¿qué es ser terrorista?, ¿quién es el terrorista? Yo soy un trabajador de la universidad, soy un profesor. Y según Milei, soy un terrorista. Es una definición que el presidente dio. Ahora, cuando Milei o las fuerzas que integran su poder hablan de terroristas, ¿de quiénes hablan? Hablan de personas, de seres humanos, que nos ubicamos por fuera de las fronteras simbólicas del poder libertariano. Que pensamos críticamente la vida del capitalismo, que pensamos críticamente la vida social impulsada por la mercantilización de la vida. Los disidentes, los que integramos ideologías humanistas, emancipadoras, los hombres y las mujeres para quienes la justicia social, la hermandad y la igualdad son valores identitarios, para ellos todos somos terroristas. Porque el fascismo considera problemático a quien se ubica por fuera de sus fronteras ideológicas.

–En el caso de Milei, ese espectro es gigante porque tiene un cerco ideológico muy cerrado. 

–Sí, claro. Todo el fascismo lo podemos pensar de esta manera, como un poder que organiza un antagonismo radical, un antagonismo absoluto respecto de todo el mundo que se ubica por fuera de sus fronteras. Puede tolerar solo a alguien como sí mismo.

Las fronteras son límites para la clase trabajadora, pero son puentes porosos para hombres y mujeres de la gran propiedad. Por eso, Bolsonaro puede pasar impunemente

–Este mes vimos dos extremos. Al menos dos periodistas fueron expulsados del país (uno de ellos era un brasilero crítico de Milei), mientras que hace unos días el gobierno ayudó a fugarse a Flávio Bolsonaro, que tiene causas judiciales abiertas en su país. ¿Cómo se explica ese uso político de la frontera?

–Las fronteras son una engañapichanga, son inventos. El planeta es una esfera y en una esfera los seres humanos no se pueden desperdigar, no se pueden perder, no se pueden volatilizar. Las fronteras son límites para los sujetos que integramos la clase trabajadora, pero son puentes absolutamente porosos para hombres y mujeres que integran la clase de la gran propiedad. Por eso, Bolsonaro puede pasar el puente entre Brasil y la Argentina impunemente y cualquier pibe o piba de la clase trabajadora está sometido a espesos controles.

La charla en Rosario

 

Rocco Carbone hablará sobre “Desigualdad, migración, policías antimigratorias” el próximo miércoles 4 de noviembre en el marco del Simposio “Migraciones, Derechos Humanos y Discursos de Odio”, del XVII Congreso Nacional y X Internacional sobre Democracia de Rosario.

Dialogará, desde las 17, con Celeste Fernández Echen. Invita: Grupo de Estudios sobre Migraciones, Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencia Política y RRII, Universidad Nacional de Rosario (UNR). Aula “Docentes”, planta baja de Riobamba 250 bis. Ver cronograma de la jornada sobre migración en nota aparte.