Los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, que se inician este fin de semana y motivaron millonarias inversiones en sus tres sedes, serán historia en apenas dos semanas. Pero las obras que se hicieron para poder organizarlos deberían perdurar, y tener vida propia, por décadas.
Cuando el 26 de septiembre se apague la llama, Rosario quedará con dos estadios nuevos en el parque Independencia, un centro acuático de nivel internacional, infraestructura renovada en clubes, nuevas viviendas y una serie de intervenciones urbanas que transformaron las zonas del ex Batallón 121 y el parque Independencia. Santa Fe y Rafaela, en tanto, tienen su propio paquete de obras.
La Provincia calculó en su momento en más de 90 millones de dólares la inversión en infraestructura para Santa Fe 2026, en gran parte financiada con un crédito de la Corporación Andina de Fomento (CAF). Rosario concentró cerca del 40 por ciento del esfuerzo, de acuerdo con el esquema presupuestario original. La pregunta es qué va a pasar con eso después.
En muchas de las ciudades donde se desarrollaron, eventos de este tipo fueron utilizados para acelerar obras y transformaciones: recuperar barrios degradados, sumar infraestructura deportiva o instalar disciplinas que hasta entonces no tenían dónde desarrollarse. Pero también hay casos donde quedaron estadios vacíos, villas sin uso y deudas difíciles de justificar.
Es decir, hay espejos donde mirarse. Y otros que conviene evitar.
Las comparaciones, de todos modos, tienen un límite. Juegos Panamericanos como Toronto 2015, Lima 2019 o Santiago 2023 son bastante más grandes que los Suramericanos: participan países de todo el continente, requieren más infraestructura y movilizan presupuestos muy superiores. Por eso no tiene demasiado sentido medir dólares contra dólares. Sí sirve analizar qué hicieron esas ciudades con las obras cuando terminaron las competencias.
El paralelismo con Asunción
Los últimos Juegos Suramericanos antes de Santa Fe 2026 fueron los de Asunción, en octubre de 2022.
Paraguay aprovechó aquel evento para dar un salto en infraestructura deportiva. Construyó o renovó un velódromo, un patinódromo, canchas de hockey, escenarios para gimnasia, BMX, skate, tiro, rugby y otras disciplinas. El balance oficial posterior destacó precisamente que uno de los principales resultados había sido contar por primera vez con instalaciones homologadas internacionalmente para una cantidad importante de deportes.
Pero el dato más interesante para Rosario ocurrió después. El 28 de noviembre de 2022, apenas un mes y medio después de terminados los Suramericanos, Asunción fue elegida sede de los Juegos Panamericanos Junior 2025. Buena parte de las instalaciones construidas tres años antes volvió a utilizarse. La propia Secretaría Nacional de Deportes paraguaya presentó esa reutilización como demostración del legado de los Juegos de Odesur.
En agosto pasado, los Panamericanos Junior se desarrollaron con el Parque Olímpico como centro principal. Allí estaban otra vez el velódromo, el patinódromo, las pistas de BMX y skate, el estadio de hockey, los polígonos de tiro y otras instalaciones nacidas o renovadas para 2022.
Rosario tiene por delante un recorrido parecido. El 28 de agosto, antes incluso de que comenzaran los Suramericanos, Panam Sports la eligió sede de los Juegos Panamericanos Junior 2029. Y la candidatura tuvo entre sus argumentos centrales justamente la infraestructura que deja Santa Fe 2026.
La propuesta combina los escenarios que la ciudad ya tenía con las obras nuevas y plantea para 2029 un “Parque Único Panamericano” en el que se concentraría más del 90 por ciento de las competencias. Es decir que una parte del legado de estos Juegos ya empezó a rendir antes de la ceremonia inaugural: ayudó a que Rosario consiguiera otro evento internacional para dentro de tres años.
Lima, con segunda vuelta
Lima 2019 corresponde a otra escala. Fueron Juegos Panamericanos y Parapanamericanos y, por lo tanto, la inversión necesaria fue muy superior a la de Santa Fe 2026. Pero es uno de los casos regionales más interesantes para analizar qué ocurre con las obras después.
Según la memoria oficial, alrededor del 70 por ciento del presupuesto de Lima 2019 se destinó a infraestructura deportiva permanente. Los Juegos dejaron diez escenarios nuevos o profundamente renovados y una Villa Panamericana de 1.096 departamentos. El plan posterior no se limitó a conservar los edificios: se creó una estructura específica para administrarlos y mantenerlos activos.
Entre las obras hubo un centro acuático que devolvió a Lima una pileta olímpica de nivel internacional después de 57 años, con piscina de competencia y otra específica para clavados.
Siete años después aparece una medida bastante concreta de ese legado: Lima volverá a recibir los Panamericanos en 2027 y Panam Sports destaca como una de sus principales fortalezas justamente la infraestructura heredada de 2019.
Para Rosario, que ya tiene asegurados los Panamericanos Junior de 2029, la comparación no es menor: ¿se convertirá definitivamente en una de las capitales deportivas de Latinoamérica, como Lima?
El otro legado
Como en el resto de las ciudades, el legado rosarino no empieza ni termina en los estadios.
La transformación del ex Batallón 121 es quizás el mejor ejemplo de cómo un evento de este tipo puede acelerar proyectos que ya existían pero cuyo avance se detuvo.
En 2014 la Provincia lanzó la licitación para desarrollar viviendas para sectores medios en una parte de las antiguas tierras militares. En febrero de 2015 se presentó un proyecto para levantar allí 1.398 departamentos y 54 locales comerciales. Aquella parte del plan quedó congelada por años.
Sí hubo otras intervenciones en el predio: se desarrollaron el Polo Tecnológico, el Parque Héroes de Malvinas, el Museo del Deporte y viviendas vinculadas a la apertura del Cordón Ayacucho. Pero los edificios residenciales que debían completar la reconversión quedaron pendientes durante casi una década.
Los Juegos los volvieron a poner en marcha. Hoy están construidas cinco torres con 245 departamentos que durante la competencia funcionan como Villa Olímpica y luego pasarán al mercado de vivienda. Unas 200 unidades pertenecen al desarrollador privado y ya comenzaron a comercializarse; otras 49 quedaron en manos provinciales.
Pero alrededor también cambió el barrio y se espera que eso repercuta en una transformación virtuosa de una parte significativa de la zona sur, históricamente postergada. Se hicieron obras sobre Ayacucho, se intervino el Parque Héroes de Malvinas, se construyó allí el centro acuático y comenzó a derribarse otro tramo del paredón que durante décadas separó al ex predio militar de La Bajada, el barrio natal de Lionel Messi. Después de los Juegos, ese espacio será una nueva conexión urbana.
En Toronto ocurrió algo similar, aunque nuevamente en una escala mucho mayor y, dato no menor, con los recursos económicos de un país desarrollado y próspero.
La ciudad ya tenía un proyecto para transformar West Don Lands, antiguas tierras industriales próximas al centro. El desarrollo estaba pensado para avanzar durante entre 10 y 20 años. Cuando llegó la necesidad de construir la Villa de los Panamericanos de 2015, buena parte de ese plan se hizo de una vez.
Especialistas de la Universidad de Toronto calcularon que los Juegos adelantaron alrededor de 20 años la transformación. Las viviendas de los atletas pasaron luego a formar parte de un nuevo barrio con viviendas privadas y sociales, residencias estudiantiles, comercios y servicios comunitarios.
Deportes que ahora sí
También hay otro tipo de legado, menos urbano pero igualmente importante.
El nuevo Centro Acuático tiene una pileta olímpica cubierta y una segunda piscina de 21 por 25 metros y cinco metros de profundidad destinada a saltos ornamentales, con plataformas que llegan hasta los diez metros.
No solo permite hacer las competencias de estas dos semanas. Le da a Rosario infraestructura para desarrollar en forma estable actividades que hasta ahora no tenían instalaciones adecuadas. Los saltos ornamentales son el caso más claro. La disciplina puede formar parte formalmente de la natación federada, pero es difícil generar deportistas si no existe dónde entrenarlos.
La lógica se repite en el resto de la provincia: Rafaela queda con un velódromo cubierto y escenarios para BMX y skate; Santa Fe, con nuevas instalaciones en el CARD; Recreo, con un centro de tiro.
Es otra particularidad de estos Juegos. No tienen una sola ciudad sede sino tres. Eso diluye la inversión que Rosario podría haber recibido si todo el evento se hubiese concentrado en la ciudad. Pero deja, en cambio, una red de infraestructura especializada distribuida en distintos puntos de la provincia.
El ejemplo que no
No todo gran evento deja necesariamente una transformación virtuosa.
Guadalajara organizó los Panamericanos de 2011 y tuvo en su Villa Olímpica uno de los mayores problemas del legado. El proyecto cambió varias veces de ubicación antes de los Juegos y terminó construyéndose junto a una zona ambientalmente sensible, con fuertes cuestionamientos sobre el impacto urbano y el manejo del agua. Investigadores de la Universidad de Guadalajara señalaron después la falta de un plan integral que conectara la infraestructura deportiva con las necesidades de la ciudad.
El complejo tuvo durante años dificultades para obtener la habilitación residencial. Recién una década después una decisión judicial permitió avanzar con el uso habitacional.
Además, los costos terminaron muy por encima de las previsiones iniciales y diversas sedes deportivas sufrieron después por la falta de un esquema financiero adecuado para su conservación a mediano y largo plazo.
Aprendizajes que vale la pena tomar.
El desafío posterior
Construir no alcanza. Después hay que mantener, administrar y llenar de actividad lo construido.
Ese será, por ejemplo, el desafío del Arena y el Microestadio del parque Independencia. Los dos tienen diseño multipropósito y podrán recibir competencias, espectáculos y otros eventos. La infraestructura existe. Habrá que generar una agenda que la justifique durante todo el año.
Durante los Juegos, por la propia lógica de la competencia, todo tendrá uso. Las piletas estarán llenas de deportistas, los estadios tendrán competencias y la Villa Olímpica alojará delegaciones. Pero el examen de largo plazo, en todo caso, empieza después.



